Juan Murube presenta Bellavista


Opinión
José Cenizo Jiménez


PRESENTACIÓN DE “BELLAVISTA”, DE JUAN MURUBE

(CADA UNO TIENE SU SON)




Cante: Juan Murube. Guitarras: Rafael Rodríguez, Daniel Casares, Rubén Romero, Simone Mor. Bajo: Jesús Garrido. Teclados: José Antonio Moya. Saxo: Miguel Ángel Candela. Percusión: David Rodríguez “El Chupete”. Baile: Rafael Campallo. Palmas y acompañamiento vocal: Inma la Carbonera, El Pechuguita, Emilio Castañeda. Pintura en directo: Patricio Hidalgo. Sala Cajasol, Sevilla, jueves 19 de mayo de 2016.

Leemos en el programa del espectáculo de la presentación del CD “Bellavista” de Juan Murube, su primera obra en solitario: “Bellavista es un concierto de flamenco tradicional colorido y abierto a las músicas del mundo, donde se interpretarán los principales palos del flamenco (bulerías, tangos, soleá, guajiras, seguirillas, tientos, rumbas…) pasados por el tamiz y la personalidad creativa e interpretativa de Juan Murube”. Así fue, en efecto: un concierto inicialmente motivado por la presentación de su primer trabajo, el CD “Bellavista”, pero que fue mucho más allá. De este modo, aunque vimos temas que están en el disco, realmente el espectáculo fue enriquecido, aparte de con los matices propios del directo, con las aportaciones especiales del bailaor Rafael Campallo o del pintor Patricio Hidalgo, que al compás de la música fue dibujando formas humanas que aparecían en la pantalla de fondo.

La voz de Juan Murube, pues, no estaba sola, ni siquiera sólo acompañada de la guitarra. Murube es cantaor capaz de realizar con soltura, como demostró, una variada gama de estilos: hizo la seguiriya, los tientos o la soleá de Triana, pero se centró más en aquellos rítmicos y festeros que mejor domina y van con su temperamento, con su son: bulerías, guajiras, cantiñas, tangos, rumbas… El resultado es un espectáculo variado, festivo, gozoso, pues además en esta vertiente Juan sabe echarle chispa, guasa, desparpajo. Todo con un sentido flamenco, cabal, que esto también es por derecho propio flamenco (si no recordemos al gran Chano, por ejemplo), y no está reñido con combinarlo con el cante más dramático.

No estaba sola su voz. Al contrario, aquí la compañía fue de calidad, sobre todo las guitarras del mago Rafael Rodríguez, divirtiéndose con las cuerdas, recordando a Diego del Gastor, pendiente como pocos del cantaor, delicado y sentimental en la zambra personal con que nos sedujo, y de Daniel Casares, preciso, seguro, aquilatado, así como el baile eléctrico, punzante, lleno de elegancia a pesar de la velocidad, de Rafael Campallo, que en las cantiñas mostró además el plus de gracia y desparpajo que éstas necesitan. Y el resto del acompañamiento en su papel con profesionalidad.

Murube ha querido además tener una pizca de innovación, de rebeldía, de aportación: la fantasía por tientos, de ecos iniciales morunos e hindúes, si bien luego el desarrollo es más clásico; la adaptación de un poema de Luis Gonzaga Urbina… Compatible con el recuerdo de la tradición cantaora y desde luego todo vivencial, basado en su experiencia. Juan canta lo que siente, de ahí que su trabajo esté dedicado a sus recuerdos de infancia y juventud en el barrio sevillano de Bellavista.

Una noche, en fin, que acabó con un fin de fiesta trepidante, con Juan Murube, Rafael Rodríguez e Inma la Carbonera dejándonos ese buen sabor en la boca. Cada uno tiene su son, su forma de hacer los cantes. Murube es dúctil, entregado, apasionado, de fuerte apoyo melismático. Con el tiempo seguramente ganará en contención, aprovechará más los bajos, imprimirá más densidad expresiva a sus alargamientos y quiebros melismáticos -desechando los superfluos o artificiales- y entonces tendremos a un cantaor todavía más firme, más completo. Mimbres tiene, y su son, que es personal, inquieto, chispeante. Este paseo por “Bellavista”, en espectáculo y disco, merece la pena recorrerlo por todos sus recovecos.