José Mercé


Investigación
Manuel Ríos Ruiz


Consideramos que José Soto Soto, pertenece a la legendaria aristocracia gitana de Jerez, la ralea flamenca que deviene de tantos siglos, la que fue forjando los estilos básicos y festeros de un género musical, que por fin y tan merecidamente ha sido declarado por la UNESCO, nada más y nada menos, que Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.


La ascendencia de José Soto Soto, ha quedado reflejada en los anales del cante flamenco de nuestra tierra, desde mucho antes de la existencia de María de la Luz, que era la madre Paco La Luz y de Perico Cantarote, frutos de su primer matrimonio, y también madre de El Sordo La Luz, nacido de su segundo marido, Soto de apellido, y primer patriarca de la rama Sordera.

Sobrino de El Sernita y El Sordera, José Soto Soto, nació el año cincuenta y cinco, y de niño fue cantor de escolanía de la Basílica de la Mercé, de ahí su nombre artístico: José Mercé, por ocurrencia del inolvidable compositor gitano Antonio Gallardo, iniciando su trayectoria artística formando parte de Los Jueves Flamencos, organizados por Manuel Morao, maestro indiscutible de la guitarra siguiendo la escuela del inmortal Javier Molina. Seguidamente, en mil novecientos setenta, es contratado por el Tablao La Cueva del Pájaro Azul de Cádiz, trasladándose al año siguiente a Madrid y par realizar sus primera grabaciones discográficas, que por cierto tuve la oportunidad de ser su productor para la firma internacional CBS, junto a las voces de su tío Manuel Sordera, Romerito, Fernando Gálvez, el Chato de la Isla y con la guitarras de Manolo e Isidro Sanlúcar. Por aquellos días también tuve la ocasión de presentar a José Mercé en el Ateneo de Madrid, ilustrando con su cante una conferencia del flamencólogo y novelista Domingo Manfredi, siendo el primer cantaor que ha interpretado su arte en el caserón cultural más antiguo y significativo de la capital del reino.

La trayectoria profesional de José Mercé, después de actuar en los cuadros flamencos de los tablaos madrileños, se enriquece con su entrada, en mil novecientos setenta y tres, a formar parte de la compañía de Antonio Gades, permaneciendo en su elenco hasta mil novecientos ochenta y tres, recorriendo los más importantes escenarios de distintos continentes, además de intervenir en la película “Bodas de Sangre”. A continuación, José Mercé tras varias actuaciones con el Ballet Nacional, emprende una serie de recitales en centros culturales, peñas flamencas y festivales andaluces, participando en los Cursos Internacionales de Arte Flamenco de la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces jerezana, entidad propuesta actualmente para formar parte de esta institución como sección especializada. Con el motivo de su presencia en los citados cursos, se le otorga a José Mercé el Premio Copa Jerez.

A llegar mil novecientos ochenta y seis, José Mercé obtiene en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, los premios La Serneta y Niña de los Peines. Premios que suponen su consagración ante la afición más exigente. A partir de entonces, su devenir artístico es sumamente rutilante hasta la actualidad y con proyección internacional. Ha interpretado José Mercé una veintena de discos de larga duración, siendo nominado varias veces para los Grammy Latino. Y como testimonio de su triunfal camino por los más renombrados escenarios, se ha convertido en uno de los artistas flamencos más galardonado y distinguido de la historia del género. Además de los premios ya mencionados, tiene en su haber el Premio Nacional de Cante de la Cátedra de Flamencología, el más prestigioso de cuantos se otorgan, tanto por su relieve en el tiempo, como por la importancia de los jurados que lo otorgan. Y como complemento de este máximo premio, enumeremos algunos otros que ha merecido José Mercé, entre ellos el Andalucía de Turismo, El Taranto de Oro, el Gabarrón para las Artes Escénicas, el Suplemento y recientemente el Ciudad de Jerez, y está en posesión de la Medalla de Andalucía y el título Embajador de Andalucía, distinciones concedidas por la Juan de Andalucía.

Y es lógico considerar que la consagración de José Mercé como máxima figura de su arte, significa para Jerez de la Frontera la continuidad en su seno de lo se ha llamado el milagro jondo. José Mercé es el signo claro y rotundo de la maternidad flamenca jerezana, su condición de cuna cantaora por los siglos de los siglos, porque estamos por una parte ante un artista que desde sus inicios se vislumbraban su destino, y que ha tenido ya una proyección sumamente brillante, a través de la cual se ha forjado y cuajado en un intérprete con un amplio y profundo conocimiento de su arte.

Y por otro lado, ante un cantaor inspirado en sus sentimientos más ancestrales, en las características más positivas, humanas y estéticas de su raza gitana. Es decir, ante un cantaor que reúne idealmente una serie de cualidades básicas para erigirse en una figura de relieve indiscutible, puesto que por añadidura posee una personalidad que desde la escena trasmite a la sensibilidad de los aficionados cabales.

Sí, José Mercé lleva intrínseca la raigambre de su familia en la masa de la sangre. Y esa estirpe, su duende y su sonido, le aflora cuando canta y desde ella estremece y conmueve con sus matices de voz. Mas debemos añadir algo determinante por sustancial y bien significativo: José Mercé no se ha contentado con el don de su eco, sino que se ha preocupado por adquirir sabiduría artística, ha sabido plantearse lo que es ser un artista y darle sentido a su vida en torno a tan profundo ideal, en aras de su arte ingénito y natural. Y este es un concepto que no todos tiene la capacidad de asumir y culminar.

José Mercé ha poseído, posee, la clarividencia para afrontar las dificultades y sacrificios que el arte flamenco, como todo arte verídico, entraña. Es un cantaor, un artista de su tiempo desde la tradición, empeñado en la superación íntima en todos los órdenes.

Cantaor espléndido por siguiriyas, de las que domina las diversas variantes, lo mismo que las soleás, tangos y tientos, fandangos, aires levantinos, cantiñas y bulerías, es actualmente, repetimos, el más cierto exponente del cante de nuestra tierra. En definitiva, su cante es la prueba irrevocable de la grandeza cantaora de Jerez de la Frontera.