José Illanda y sus soleares


Libros
Antonio Escribano Ortíz
Coeditado, 2002
Antonio Nieto Viso


Título. José Illanda y sus soleares en la laberíntica historia del cante
Escrito por. Antonio Escribano Ortíz
Editado por. XXX Congreso de Arte Flamenco Baeza 2002 y Federación Provincial de Peñas Flamencas de Jaén


Del cantaor José Illanda sabemos poco. Parece ser que desde Andújar pasó por Linares, y de aquí a Utrera, para posteriormente establecerse en Jerez de la Frontera. De todo esto y de algunas cosas más relacionadas con el Flamenco y sus circunstancias, les voy a hablar gracias a la información contenida en este libro escrito en su día por Antonio Escribano Ortíz, y que recibí de su propia mano dedicado con su puño y letra, un día de primeros de Diciembre del año 2005. Nunca le podré devolver ni siquiera una parte de lo que este erudito me enseñó en las ocasiones puntuales que nos reunimos en Madrid, por supuesto siempre hablando de flamenco.

En el prólogo, escrito por nuestro buen compañero y mejor amigo Rafael Valera Espinosa, un eminente flamencólogo que ha sabido destacar con su pluma todo lo que Antonio Escribano lleva dentro, madrileño a carta cabal, que cuenta con la ventaja de la objetividad vivida unida a un aprendizaje de muchos años en la capital de España, buscando la verdad, y nada más que la verdad.

Me atrae todo el contenido del libro por la aportación personal y sincera, unido a su sabiduría acumulada. Aquí no solo nos habla de José Illanda, sino también del cante y sus consecuencias en las distintas etapas que vamos conociendo en los últimos cincuenta años. De ahí la importancia de todo cuanto aquí leemos con mucho interés en ente texto atractivo y atrayente para el aficionado.

Antonio Escribano nos dice en la página dieciocho que: “Quien niegue que el cante andaluz es quintaesencia de su folklore, más la aportación, en mayor o menor medida de otros folklores regionales hispanos, no solamente descubrirá su poco conocimiento en tradición y costumbrismo, sino que además pecará de ingenuo, creyendo que dicho cante amaneció cual orto solar en un nuevo día”.

Resulta muy interesante para el lector cotejar en estas páginas el tiempo histórico y sociológico del flamenco, como por ejemplo al contemplar la foto de una locomotora de vapor del año 1867, con lo que nos hacemos la idea de cómo el ferrocarril contribuyó a que el flamenco se escuchara en otros lugares de España, por lo que resultó que poco a poco fuera más conocido por otros públicos.

En la página veintiuno vuelve, Antonio Escribano a demostrar sin pretenderlo su elocuencia clarificadora, que por considerarla de sumo interés transcribo: “Todo es creíble si se presta atención a los propulsores del neo flamenco. Estos proponen aparcar la tradición flamenca para iniciarse en su neo, por futurible. Pero no debe extraviarnos cuando existen estudiosos del cante que concreten ese con una existencia de doscientos años. Lo hacen tan poseídos de su razón cuasi pontifica que sólo les falta darnos fecha de año, mes y día para saber desde cuando se cuentan en esas dos centurias”.

El maestro Escribano cree que, a partir de la Pragmática de Carlos III, en 1783, es cuando al flamenco se entiende que tiene las mismas obligaciones para los gitanos y demás españoles, que es cuando se puede hablar del cante como tal.

Pasamos a ocuparnos del personaje de este libro, José Illanda, llevados de la mano de nuestro amigo, que nos aclara que no existe el apellido Yllanda, ni tampoco Yyanda, por lo que nos recuerda que el origen de los apellidos procede entre otras cosas, por el lugar de nacimiento; por el oficio, y hasta por el mote.

Buscando en su día información se encontró con el inolvidable cantaor Rafael Romero, y algunos familiares suyos, que han manifestado que Illanda era miembro de su familia en grado de tío abuelo por parte de madre. Sea como fuere, y puesto que Rafael Romero nació en 1910, sus datos nos llevan a situar el nacimiento de Illanda por lógica natural entre los años 1855 y 1860, ya que hasta la fecha no se sabe con exactitud.

Ningún dato dice que José Illanda abandonó Andújar sin saber cantar, por lo que recibió en su pueblo, y en el ambiente de su familia la formación inicial como cantaor; se asegura que marchó a Jerez de la Frontera. Nuestro llorado José Blas Vega y el gran Manuel Ríos Ruíz, nos informan que, se ausentó de su tierra por causas que se vislumbran en una de sus más conocidas letras por soleá, me quiero tirar a un pozo/ y me están adjudicando/ un casamiento forzoso. Vivió una época en Utrera, donde alternó con La Serneta, de cuyo cante tomó la base para recrear su personal estilo.

Aclara Antonio Escribano que por el motivo de los pocos datos de que se disponen, no pretende fabular sobre José Illanda, sino recordar que su nombre no aparece en ninguna actuación en los cafés cantantes, ni tampoco ha quedado reflejado en ningún cartel publicitario. Por lo que se deduce que trabajó entre cabales y en reuniones privadas en los pagos de Jerez, Sevilla, Utrera, y Linares, ya que por su forma de cantar ha dejado rastros de su sello propio por estos lugares mencionados.

Antonio recuerda, que cuando Pepe el de la Matrona habla en Madrid de José Illanda sin fecha cierta, dijo que el de Andújar vivió en Linares desde comienzos del siglo XX, hasta 1916/1918 aproximadamente, perdiéndose su rastro por estas últimas fechas, y que murió posiblemente en Linares.

Para poner el punto y final al análisis de este libro, reproducimos taxativamente un comentario que Pepe el de la Matrona le hizo a Antonio Escribano: “No mientas en el flamenco; este ya tiene muchas mentiras y lo están convirtiendo en un vertedero. Procura ser formal y riguroso, pero sí de ello te surge algún contrario, procura siempre sonreírle, porque nada le hará más daño que ello y su indiferencia”.