Javier Conde, en vivo...


Discos Flamencos
Javier Conde
JAC, 2007
Pablo San Nicasio Ramos


Javier Conde, en vivo desde la Bienal de Danza de Lyon


En septiembre del año 2006 el jovencísimo guitarrista cacereño Javier Conde ofreció un interesante recital en el marco de la Bienal de Danza de Lyon. Es ahora cuando se publica el concierto grabado en un disco que, además, viene bien para reflexionar sobre este guitarrista peculiar. Javier, a sus dieciocho años, no deja indiferente a nadie y ya puede presumir de crear debate en los corrillos flamencos acerca de su labor como concertista.

Por alegrías de “Serranito” se inicia el recital. “Llegando al Puerto” es un comienzo virtuosístico donde Javier, en muy corto espacio de tiempo, da una medida muy alta de sus cualidades. Es complicado siempre empezar un recital a compás, y no sólo aquí se da eso, sino que además todo se desarrolla dentro de un nivel, cuando menos, sorprendente. Al final y valorando el conjunto, será uno de los puntos fuertes del disco.

Donde vemos toda la talla de este muchacho es en la rondeña “Doblan Campanas” de Paco de Lucía. Sobre todo porque es un toque más largo que exige, además de dedos, mucha música. Pero fundamentalmente porque se pueden comparar las versiones y aquí Javier no sale mal parado con respecto al maestro.

Se comprueba en Javier un destacado fraseo del trémolo, quizá en lo que más ha evolucionado desde que empezó a dar recitales. Estos matices en un conjunto muy complejo son los que verdaderamente pueden dar lugar a pensar en una evolución. Es decir, que ya hay música además de la técnica que todos conocíamos.

“Sabicas” es el autor que más ilustra este disco. Su soleá “Aires de Puerto Real” requiere un sonido flamenco y un toque sobrado. Nada que objetar. En este punto del disco nos encontramos con la mejor fase de nivel del recital.

Uno de los maestros actuales de Javier es el barcelonés Andrés Batista, de quien toma su guajira “Sabor Antillano” y los tanguillos “Mis Flecos”. Toques que ilustran a la perfección el tipo de formación del cacereño. Es un flamenco clásico, que como mucho se adereza con una segunda guitarra (en los tanguillos) pero donde todo el peso recae en la primera. Flamenco de otros tiempos.

De Rafael Riqueni es la rumba siguiente. Armonías de aroma brasileño y algún motivo del tipo del de “Río Ancho”, de Paco de Lucía. Seguimos en la fase de ritmos estrictamente flamencos. La segunda guitarra soporta el compás y los rasgueos con peso armónico.

“Costa Brava”, de “Sabicas”, es el interesante garrotín que Javier Conde recupera para los oídos. Es un toque apenas reseñado en el mundo solista actual y que aquí nos ofrece el mejor trémolo del disco. Aquí, como en los demás momentos, comprobamos la tendencia a subir el metrónomo de tempo. Cosa que no es problema, ni siquiera en directo.

Esteban de Sanlúcar compuso la danza “Castillo de Xajuén”. Danza flamenca de un autor clásico para los tocaores. Gente que se redescubre en estos conciertos y que es prácticamente desconocida para el gran público, incluso para algunos guitarristas.

“Bordones Granaínos” y “Zapateado en Re” de “Sabicas”, serán los pasos contrastantes siguientes. Destaca el zapateado porque se ve mejor que en ningún otro sitio el mayor reposo y gusto por los momentos lentos del flamenco. Algo que se echaba en falta en general en este repertorio y en las anteriores referencias que teníamos de Javier. Gran dominio de los armónicos en la boca de la guitarra.

Javier Conde interpreta los verdiales “Cañaveral”, de Gerardo Núñez, a mayor velocidad incluso que los de la grabación del jerezano. Empero en detrimento de un fraseo y un sonido que sin duda vendrían bien. Hay que tener en cuenta que esto es un directo y el número está de todas formas muy logrado. Pero teniendo la referencia del disco de Gerardo se echan de menos esos detalles. La segunda guitarra de José Antonio Conde varía armónicamente, en parte, el acompañamiento del original. Ahí queda, sin embargo, esta versión de una obra que ya es muy conocida y solicitada por los flamencos.

“El Pájaro Campana” fue un número que “Serranito” popularizó como bis en algunos de sus conciertos y que Javier ha hecho suyo. De aquí al final del recital entraremos de lleno en una fase de exhibicionismo más alejada del flamenco. Su dominio del mástil aquí se hace más evidente con unos armónicos en la boca que, a buen seguro, causarían impresión en el público galo.

“Sitio de Zaragoza” se convierte en un muestrario de timbres y efectos guitarrísticos con ritmo de pasodoble que, como la anterior interpretación, logran un resultado inmediato en el público, pero se alejan decididamente del flamenco ortodoxo. Nada que objetar a una ejecución brillante donde los tiros de las metralletas, los tambores y las cornetas, suenan en el contundente y “macho” sonido de Javier.

El bis se convierte al final en una muy apreciable versión de la obra de Francisco Tárrega “Recuerdos de la Alambra”. Por su bonito sonido a pesar de la flamenquería, su trémolo uniforme y de carácter más clásico de lo que cabría pensar, aunque sea de cinco notas. Es una de las cumbres del recital porque muestra un conocimiento, dentro de los límites más o menos tolerables, del mundo clásico y sus estéticas.

Javier Conde viene a decir aquí, “conozco esta obra, he ido al conservatorio y sé cómo es el trémolo clásico. Pero os dejo mi forma de entender esta pieza”. No seré yo quien se rasgue las vestiduras.

Javier Conde, en el momento de la grabación, llevaba por lo menos cinco años con estas y otras obras, dando vueltas por el Mundo deslumbrando a los aficionados. Hasta tal punto que muchos, ya en este punto de su vida, le empiezan a exigir composiciones propias. Dejar de lado todas estas versiones nos daría la idea perfecta y verdadera de la talla de artista del que hablamos. Pero en tanto en cuanto eso no llegue, tenemos una de las pocas oportunidades de oír flamenco de hace cincuenta años mezclado con las armonías más recientes y en una de las técnicas guitarrísticas más depuradas del momento.

A Javier Conde por tanto se le adivinan dos salidas: o empezar a componer y desechar este repertorio, cosa que tampoco es que sea muy urgente dada la edad que tiene; o bien seguir en esta línea de concertismo flamenco “a la clásica”. Parece que esto último es lo que más le agrada y lo que, por el momento, parece más inmediato. Sobre todo teniendo en cuenta que pretende seguir formándose por la vía del conservatorio.

Así que mientras tanto y como decimos, esta es la vía más fácil que tenemos para saber como se lleva tocando flamenco en el último medio siglo. Quizá estemos ante una nueva forma de hacer guitarra flamenca de concierto.

Probablemente si “Sabicas” oyese a Javier le diría lo mismo que le dijo al maestro Paco de Lucía, “bien, bien, pero haz tu propia música”.

Yo lo que digo es que hay muy pocos guitarristas que puedan permitirse tocar a este nivel. Le falta el reposo, la música y el sabor que dan los años, pero eso se soluciona si explota la afición y la ambición que se le presuponen.