Homenaje cantaores egabrenses


Libros
Miguel Blancas Calzado
Imprenta Ochando (2011)
Antonio Nieto Viso


Homenaje a cinco cantaores egabrenses


Por gentileza de su autor, Miguel Blancas Calzado, me ha llegado un interesante libro titulado: “Homenaje a cinco cantaores de flamenco egabrenses, anécdotas y vida”. Lo primero que quiero destacar es que, mi buen amigo ha corrido con todos los gastos, es decir, lo ha pagado de su propio bolsillo. Lo conozco desde la infancia, y nació en Lucena en 1942, se inició en el flamenco desde niño; por eso en su ciudad natal, y en Cabra, donde vive desde 1975, ha conocido y vivido el Cante y la Semana Santa de esta bella localidad cordobesa, que desde siempre ha destacado por su propia luz cultural desde la antigüedad hasta nuestros días. Con este trabajo ha salvado para la posteridad una etapa del cante cordobés avanzando ya por la senda del siglo XXI.

Le abren la puerta a la obra, el prologo de José María Montes, y la plena sabiduría, todo un lujo diría yo, de nuestro admirado y respetado amigo José Arias Espejo, un erudito que en su día, fue el alcalde más flamenco de España, biógrafo de Cayetano Muriel, al que conoció y escuchó personalmente, y al que también hay que agradecerle que con su libro: “Un olvido injustificado: Cayetano Muriel “Niño de Cabra”, ha situado a este gran cantaor en el sitio que le corresponde por derecho propio en la historia; sobre todo a partir de mediados de los años sesenta del pasado siglo, en que comenzaron a divulgar sus cantes, el propio José Arias, Adolfo Molina, y nuestro querido amigo el gran periodista Paco Carmona, que nos dejó el pasado 31 de Julio a los setenta y seis años de edad, para los tres, nuestra gratitud por el servicio prestado, recordando a la emisora que difundió la cultura con los indicativos de Radio Atalaya de Cabra, Radio Cadena Española, y hasta su cierre, como Radio Nacional de España.

Decir también que Miguel Blancas, diseñó el escudo de la Peña Flamenca de Lucena, que acaba de celebrar el cincuentenario de su fundación, siendo por ello una de las más antiguas.

Queridos lectores, cuando me he metido en el interior, y he leído sus 245 páginas, compruebo que se abarcan los acontecimientos flamencos de esta bella ciudad que enamora a los que tengan la suerte de conocerla, que recibe a sus visitantes con los brazos abiertos, como es el caso de nuestro autor, tanto la frecuentó, especialmente en Semana Santa, en la de 1965, conoció a su mujer, una guapa egabrense con la que se casó, y le ha dado cuatro maravillosos hijos; y la saga Blancas sigue adelante con varios nietos.

Algunos de los acontecimientos que aquí se narran, los viví en primera persona, o a través de La Voz Sindical de Córdoba Radio Atalaya; por eso palpo la fidelidad histórica de Miguel, que con su prodigiosa memoria y la documentación que ha manejado nos deja para siempre un testimonio de la memoria flamenca con todo el cariño a su segunda patria chica, y a la Lucena que lo vio nacer; amor que demuestra incorporando dos bonitas láminas de la Virgen de la Sierra, Patrona de Cabra, y de María Santísima de Araceli, Patrona de Lucena y del Campo Andaluz.

Por su importancia, la primera biografía corresponde al “Niño de Cabra”, que nació el 7 de Agosto de 1870, siendo bautizado al día siguiente con los nombres de Vicente Rafael Cayetano de la Santísima Trinidad Muriel Expósito. Hijo de José Muriel Campos, y de María de la Cruz Expósito, siendo nuestro artista el menor de cinco hermanos. Vino al mundo en el número cinco de la Cuesta de San Juan del Cerro.

La interesante biografía está llena de todo tipo de noticias de un cantaor que se codeó con las más importantes figuras de su época, que unido a su importante obra discográfica, nos demuestra el gran artista que fue hasta su muerte acaecida en Benamejí, donde vivió la mayor parte de su vida, el 9 de mayo de 1947. Aún quedan incógnitas por resolver sobre Cayetano, que imagino que con el tiempo se irán despejando.

La segunda biografía, corresponde a José Córdoba Reyes, que nació en Cabra el 18 de Febrero de 1925 en el seno de una familia gitana compuesta por doce hermanos en la que todos saben cantar.

Cito textualmente el último párrafo de la página 51: “Para entender la honradez y el respeto que tenían y tienen en Cabra, la familia de los Córdoba solo habría que referir, que cuando nació José, su padrino fue el teniente de la guardia civil don José Puerto, hermano del capitán Puerto, y por si fuera bastante también sería su padrino de boda, con esto está dicho todo”.

Gracias a José, y a otras personas, el 1 de Junio de 1969 se celebró la Primera Romería Nacional de los Gitanos al santuario de Nuestra Señora de la Sierra. Es un cantaor largo, y un excelente saetero que lleva muchos años cantando a los pasos procesionales de su pueblo. Viajó a Roma en donde se cantó la primera misa flamenca ante su Santidad el Papa Pablo VI, entre el 24 y el 29 de Agosto de 1975.

El 27 de Abril de 1998, la corporación municipal egabrense, le nombró Hijo Predilecto de Cabra, y ocurrió la simpática anécdota: cuando el alcalde le hizo entrega del diploma acreditativo, le preguntó José al regidor, qué beneficios tenía con este galardón, don José Calvo Poyato, le contestó que, el entierro no le costaría dinero, ni tampoco el nicho; José le contestó en aquellas circunstancias, “válgame Dios mío, no me hable usted de la muerte”.

La vida de José Córdoba Reyes, todavía sigue con intensidad, después de haber hecho todo lo posible por mantener las costumbres de su pueblo.

Otro personaje del flamenco aquí reseñado es, Manuel Lama Durán, popularmente conocido por “El Paleto”, que ha sido el terror de los concursos de saetas, porque a todos los que se presentaba, siempre ganaba el primer premio, como los anteriores cantaores, nació en la antigua Egabro, el 24 de Enero de 1930. Con doce años, cantó su primera saeta a la Virgen de la Soledad. Servidor de ustedes que le ha escuchado muchas veces, os puede asegurar que, que era sobrecogedor con su potente voz, que se perdía allá por el horizonte mezclado con el olor a jazmines y claveles de la primavera andaluza.

“El Paleto”, es un cantaor autodidacta, que cuando llegaba la Semana Santa se venía del cortijo donde trabajaba, para escuchar a los cantaores las saetas, y al mismo tiempo aprender letras, por no haber otras formas de aprender en aquella época. Una buena persona que ha cantado desinteresadamente en cuantos actos benéficos fue llamado. Hoy vive en su pueblo disfrutando de la vida, a pesar de las dolencias y achaques, siendo feliz recordando con los suyos aquellos años intensos, sobre todo en Semana Santa.

Egabrense fue también Tomás Pavón Santiago, una gran persona y mejor cantaor, que Dios lo llamó demasiado pronto al no superar un trasplante de corazón el 21 de Febrero de 1995.

Tomás, nació el 23 de Junio de 1944, de ascendencia cantaora, cuando iba de lazarillo con su padre vendiendo cupones de la Once, muchos días se juntaban con sus amigos, se liaban de copitas y después venían los cantes, siempre recordando a Cayetano desde que tenía doce años. Mientras vivió lo dio todo para el Cante en concursos, festivales, y en cuantos actos fue requerido participando de manera altruista. Sus paisanos que lo recuerdan con cariño le dedicaron varios homenajes póstumos, y es que su huella perdurará en su pueblo por muchos años.

Cerramos el análisis de este libro con José Cobo Puerto “Niño de la Fuente de las Piedras””, por haberse criado en el conocido paraje de la Fuente de las Piedras cercano al casco urbano de Cabra. Desde los diez años, ya se tienen referencias de que cantaba, formado a si mismo tanto en su cante como las saetas. Nació el 26 de Febrero de 1936. Con catorce años cantó su primera saeta en público, actividad que no cesó hasta su muerte, acaecida el 27 de Agosto de 2005.

A mi me gustaría resaltar, que José Cobo, junto a un grupo de entusiastas sacó de las cenizas el que volviera el concurso Certamen Cayetano Muriel, que se celebró entre 1965 y 1972, por el pasaron cantaores de la talla de Manolo Ávila, Antonio Ranchal, Juli Córdoba, “Cascabel de Mairena”, “Juan de la Loma”, Carmen Linares, Calixto Sánchez, “Canalejas de Puerto Real”, “Diego Clavel”, y “El Pele”, un ciclo siempre recordado por los que lo vivieron.

El libro finaliza con un apartado dedicado a la saeta de Cabra, letras de flamenco, destacando la de Fandangos de Lucena. Para completarlo con una breve reseña de la historia de los más importantes del flamenco, así como una síntesis de los artistas ganadores de la Llave de Oro del Cante.

Termino la lectura con nostalgia agradeciendo a Miguel Blancas su aportación a nuestro arte flamenco; le pido a Dios que le de muchos años de vida, y a través de Jondoweb le envío un fuerte abrazo de todo corazón de parte de tu amigo.