Flamencos de gañanía


Libros
Estela Zatania
Ediciones Giralda, 2007
Marcos Escánez Carrillo


Como se manifiesta en la introducción, este trabajo pretende poner en valor la importancia de los ambientes flamencos rurales de Andalucía la baja, centrándose principalmente en las provincias de Sevilla y Cádiz; y durante el periodo que se inicia en 1939 en adelante.

Si bien trata la necesidad imperante de las familias humildes de seguir los trabajos de campaña por la geografía andaluza, no toca la peregrinación que desde oriente y occidente se realizaba.

En algún momento de la lectura se recuerda a los extranjeros del romanticismo que se acercaban a España buscando Escenas Andaluzas del exotismo y el tópico. La nacionalidad norteamericana de la autora ayuda a este recuerdo. También será esta la explicación a su razonamiento sobre el cante andaluz y el cante gitano (en línea con la doctrina de Antonio Mairena y Ricardo Molina), o sobre el triángulo mágico bajo-andaluz frente al resto de Andalucía, a la que asigna bastante menos peso específico en la configuración del flamenco. Información intranscendente para el estudio, teniendo en cuenta el periodo al que éste se refiere.

Tras explicar de una forma muy gráfica el ambiente de la gañanía, así como su estructura y economía , pasa a reflejar un tema tan determinante como la “transmisión de los cantes”. Este capítulo es casi un tratado antropológico sobre el funcionamiento de la familia humilde andaluza, de las reglas no escritas y las costumbres más enraizadas. Además lo sabe contextualizar en la época con respecto a las tendencias del momento.

De forma mucho más superficial se ocupa de las influencias ejercidas en esos ambientes de fatigas y flamenco, para pasar a recoger algunas letras relacionadas con el ambiente campesino. Los criterios de selección de estas letras no me quedan claros, ya que muchas de ellas son anteriores a estas fechas objeto de estudio, y fueron grabadas anteriormente por artistas no vinculados a la gañanía.

De los testimonios que conforman el trabajo de campo son muchas las conclusiones que se pueden extraer, además de la información coincidente:

Tío José de Paula, tío Juaniquí de Lebrija, Juanichí el Manijero y Frijones son las referencias indiscutibles para todos los entrevistados, sean o no artistas.

El flamenco se desarrollaba sin guitarra. Sólo se utilizaba el compás hecho con elementos percusivos como único acompañamiento.

El Chozas de Jerez (aunque era natural de Lebrija) es, sin duda, uno de los personajes más queridos y más respetados del entorno de las gañanías. (Esto es algo que evidencia la autora dedicándole un capítulo).

El flamenco que se desarrolló en las gañanías es el flamenco familiar, puesto que eran familias enteras las que vivían allí durante largas temporadas.





Y lo más evidente, es que la Gañanía es un caldo de cultivo importante para el desarrollo y mantenimiento de esta música andaluza. Lo que cabe preguntarse es si estamos ante lo que podría ser la configuración del flamenco jerezano o simplemente, se trata de un espacio circunstancial. En cualquier caso esta circunstancia favorece que el flamenco jerezano sea bastante homogéneo, acercándose en muchas ocasiones al concepto del folclore frente a la línea artística que sugiere la diferencia.

La pena es que este estudio no se realizara cuando personas ya desaparecidas hubieran podido dar un testimonio más directo sobre aquellos cantaores que ahora forman parte de la mitología flamenca. Hay que agradecer a Estela Zatania este trabajo tan interesante y necesario para el conocimiento general del flamenco, así como la idea de realizarlo.