Flamenco y Universidad, vol. VII


Discos Flamencos
V.V.A.A.
Discmedi (2011)
Antonio Nieto Viso


Flamenco y Universidad, vol. VII - La Boda

Cantan: El Lebrijano, La Niña de los Peines, Antonio Mairena, Pepe Pinto, La Perrata.
Guitarra: Pedro Peña
Producción: Juan Peña El Lebrijano y Pedro María Peña Dorantes. 2011

El año 1964, el gran cantaor gitano Juan Peña El Lebrijano se casó en su ciudad natal con Charo Cortes, fueron apadrinados, por la genial Niña de los Peines, y don Antonio Mairena. Todo un acontecimiento artístico que tuvo la feliz idea de grabar los cantes con su magnetófono, el periodista Alfonso Eduardo Pérez Orozco.

Con este importante documento sonoro, sin duda, con el carácter de histórico, se nos amplia en toda su dimensión para concatenar pasado y presente de la forma oral de grandes creadores e intérpretes de la segunda mitad del siglo XIX, y las posteriores décadas del XX, hasta alcanzar la actualidad, pero sin dejar de mirar atrás para comprender mejor el futuro.

Según mis noticias, ninguna casa discográfica ha querido saber nada de este proyecto. Por lo que lo han sacado adelante con su producción, el propio Lebrijano, y su sobrino Pedro María Peña Dorantes. Un mérito doble, correr con la incertidumbre económica, y al mismo tiempo, compartir esta alegría con todos aquellos momentos de una boda gitana en la que constantemente se oye la frase “viva Dios” por parte de los participantes.

En este cd. “La Boda”, estamos ante una verdad irrefutable contenida en esta reliquia después de haber permanecido guardada cuarenta y siete años. Juan Peña Fernández, su poseedor, consciente de su importancia, lo ha sacado a la luz pública tal como se registró para goce de los que amamos el Cante. Reconozco, que escuchándolo, he sentido el escalofrío de lo auténtico comparándolo con las grabaciones en el estudio y el calor de una boda gitana, con los protagonistas inmensamente felices y desinhibidos de toda preocupación o juicio del público. Recogido en mono, como todo lo de aquella época, suena con su peculiaridad, tal como lo conservamos en la memoria de los ya lejanos inicios de los festivales flamencos, los mismos que nos han ayudado a comprender los avances de los medios técnicos de la actualidad.

Insisto, ante la fidelidad y grandeza del soporte sonoro, cuando ya creíamos que no podía haber más documentos, y que tendríamos que conformarnos con la memoria, el tiempo y la técnica se han aliado para traernos a la realidad, a unos artistas que crearon una atmósfera especial para cantar el Flamenco más cabal, porque así lo quiso Dios, que inspiró al americano Edison para que inventara el fonógrafo, y al alemán Bassf, la cinta magnetofónica.

A lo largo de casi dos horas de recorrido por el cd., estructurado en veintidós cortes, discurren sensaciones indescriptibles de compás y voces genuinas que ya están en la historia por derecho propio. Pepe Pinto está magnifico, para poner en evidencia a quienes todavía le cuestionan. Pastora, la irrepetible Niña de los Peines, que en el ocaso de su vida cantaba como los ángeles aquellos sonidos que ella heredó de su casta unido a todas sus vivencias con La Trini, o la mismísima Serneta. A don Antonio Mairena, lo percibimos auténtico, como él fue, el que se expresó de una forma en los discos, genuino en el directo, y tierno, y aún más artista si cabe, en la intimidad. Juan Peña Fernández, para el mundo del Flamenco, El Lebrijano, puede presumir que en su boda cantí y aprendió de los grandes allí citados, con la satisfacción añadida de saborear el cante de su madre, La Perrata, que aunque grabó poco, nos ha dejado el testimonio suficiente de lo rancio de sus ancestros gitanos de Lebrija y de Utrera, dos ciudades que han escrito, y seguirán escribiendo páginas en este Arte, que la Unesco ha declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Todos los protagonistas participantes en el evento, fueron acompañados por el gran guitarrista, hermano del novio, Pedro Peña, que estuvo en el sitio justo, y en el momento adecuado para inmortalizar su toque festero de enorme calidad diversificado para dale a cada uno lo suyo, musicalmente hablando.

En “La Boda” queda demostrado que, por bulerías y por tangos, se puede cantar hasta la Biblia, si lo hacen los elegidos por Dios para alabarle en su Gloria; la mayoría de los flamencos pueden hacerlo, El Lebrijano ya lo ha llevado a cabo, su generosidad ha dado un paso más con la cesión de este documento, aparte ha enriquecido con su aportación al Cante, nuestro Flamenco, que tiene en la comarca de Utrera, de Lebrija, y de Jerez, parte de los cimientos que lo sustentan.

Mientras viva, y siempre que pueda, escucharé “La Boda”, para así reencontrarme con nuestros antepasados, y gozar de un Arte que me gusta como andaluz y como aficionado