Flamenco Cabal


Discos Flamencos
Juan Gómez
LHL y Discos Probeticos, 2008
Antonio Nieto Viso


Hundiendo su voz en lo más profundo del Flamenco de siempre, el cantaor almeriense Juan Gómez Belmonte, ha grabado un excelente Cd. que puede ser catalogado como un legado para la posteridad, estamos ante un documento de consulta para los que quieran beber en las fuentes clara del saber.

A mí, particularmente, me satisfacen este tipo de trabajos en los que van implícitos la pureza y el corazón sin esperar nada a cambio, y en los que solo buscan la satisfacción de los aficionados cabales.

Escuchando y analizando el Cd. “Flamenco Cabal”, en seguida nos damos cuenta de que la calidad y la autenticidad es lo primero, solo se nos pide no tener prisa y tener los oídos muy abiertos, es decir, son oportunidades que no tenemos todos los día. Así que vamos por el contenido, lo primero que nos encontramos es con el compás de una soleá con una leve caída en un fandango personal, que poco a poco, tercio a tercio, va girando en la órbita de don Antonio Mairena; no solo en este corte, sino en casi todos los restantes. Es lógico, ya que el maestro de los Alcores subyace en muchos cantaores de posteriores generaciones a la suya que buscan y quieren practicar la ortodoxia.

Me sorprende también este Cd. el perfecto acompañamiento de la guitarra a cargo de Antonio Luis López, cantaor y guitarrista discurren en la diacronía de su tiempo para ofrecer lo mejor de si mismos.

Con melismas embriagados por la tradición nos llega una malagueña peculiar sustentada en “Gayarrito” con bellas cadencias sonora de artistas que se han ido diluyendo en el polvo del olvido por su poca práctica. Le sigue un fandango de Almería muy bien redondeado con un verdial de esta tierra del poniente con ricos ritmos musicales.

Avanzando por el recorrido de los palos que interpreta Juan Gómez, borda a la perfección el taranto de Almería, aquí me emociono ante tanta grandeza y tanta pureza, lo mismo que me ocurre con el fandango minero que le sigue. Y es que Almería es cuna de este y otros estilos, y pienso que ya va siendo hora de que vayamos poniendo con justicia a cada cosa en su sitio. El taranto es el fiel depositario del trajín de miles de minero que se ganaron el sustento en esta industria en la que muchos hombres perdieron su vida en el desempeño de su dura jornada de trabajo.

Juan se ha propuesto demostrar que sabe cantar y pellizcar con su grito, que el Flamenco lo siente de veras, que lo lleva en la sangre, una herencia que recibió de sus antepasados que siempre lo practicaron como un rito con el añadido de que el tiempo no contó para ellos mientras lo desarrollaron. Por eso pone el compás lento en los tientos de Cádiz en los que disfruta del toque, pero sin descuidarse, ya que en seguida acelera en unos bien medidos tangos de Triana cargados de autenticidad.

El cantaor se enfrenta a unos fandangos viejos para exponer un sentimiento en el que va implícito la verdad de la vida entre los que sobresale la clase por el estilo de José Cepero. Las bamberas son muy originales en la línea de Pastora Pabón, una maestra que influye n él, y que aprovecha para rematar en aires de cantiñas de la genial maestra sevillana.

Nos vuelve a sobrecoger en el corte ocho con un poema de Miguel Hernández para hacer música por petenera en la que nos vuelve a recordar a la niña de los Peines, que cada día está más de actualidad, a pesar de que nos dejó en 1969. Acercándose al final, nos canta de antología por solea de Triana con aires apolaos (valga la expresión) en los que nos trae a la memoria a los genuinos maestros que lo han transmitido hasta hoy.

Queda patente una vez más su genuina clase y maestría en la seguiriya de Jerez muy sentida, en ella se acuerda de su hermano José, un cantaor que debido a su temprana muerte no ha podido demostrar su alta categoría. La letra seguiriyera en cuya composición han participado el propio cantaor y Marcos Escanez, nos cuentan como fue la tragedia vivida al saber que no había salvación para el hermanico de sus entrañas, un dolor regado de lagrimas fraternales; pero sin saber de donde, saca fuerzas de flaqueza para coronar el sufrimiento con la cabal de Silverio. Así es como canta y siente Juan Gómez Belmonte, cantaor que nació en 1942 en el barrio de Pescaderías de la ciudad de Almería.

Pone punto y final a su obra con ecos maireneros en unas tonás en las que vence la dificultad de las entonaciones para salir victorioso en una lucha llena de cargas emotivas en la solea de la vida donde no cuenta nada más que la fuerza y la verdad de su voz.

Reconozco que he disfrutado mucho escuchando este trabajo, así como leyendo el libreto en el que está contenida la sabiduría de Luis Soler Guevara, un hombre cabal, que creo que puede ser una de las personas que más sabe de Flamenco. Por otra parte, Marcos Escanez ha sabido decir en pocas palabras la intensa biografía del cantaor Juan Gómez Belmonte.

Finalizo pidiéndole a Almería cabal, a la Agencia andaluza para el desarrollo del Flamenco, y a la Diputación de Almería, ¡¡Cuando nos vais a regalar otro trabajo como el presente, que bastante falta hace!!.