Fl. y Universidad LXI


Discos Flamencos
Guillermo Cano
Univ. Sevilla, 2019
Alfredo Barrera Cuevas


UNA NUEVA ANTOLOGÍA DEL FLAMENCO: LA DE GUILLERMO CANO Y PACO CRUZADO


Alfredo Barrera Cuevas


Con la guitarra de Paco Cruzado


NUEVA VISIÓN ANTOLÓGICA DEL CANTE Y TOQUE

UNA NUEVA ANTOLOGÍA DEL FLAMENCO: LA DE GUILLERMO CANO Y PACO CRUZADO


Si nos remontamos a los orígenes de la humanidad, podemos ver cómo aparecen aspectos arcaicos que van marcando nuestra identidad como seres vivos. Formas de comunicación, estructuras sociales, rudimentos matemáticos, las primeras observaciones sobre sucesos físicos o astronómicos, fenómenos meteorológicos, distintos tipos de culto, pinturas y esculturas rupestres, etc., todo aquello que define las distintas áreas que el ser humano ha necesitado o le han seducido. Después de aquello, un largo camino hasta convertirse en verdaderos campos del saber, donde existe un paso esencial para formalizarlos, su estudio teórico. El flamenco, como todas las artes, nace de una necesidad o de un modo de sentir la música propios de una zona geográfica con amplitud variable, fluctuante o cambiante, que se va asentando en unas bases sólidas desde las que se crean los distintos palos y estilos, que se entremezcla con otras culturas y otras músicas, que evoluciona en lo conceptual y lo interpretativo, que introduce nuevos instrumentos y que, al final, se formaliza y se estudia desde un punto de vista teórico, de investigación, también crítico y autocrítico, hasta llegar a la universidad y convertirse en Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Este trabajo, enmarcado en la serie LXI de Flamenco y Universidad, presentado en forma de doble disco con libreto explicativo y titulado Nueva Visión Antológica del Cante y Toque, viene a ser una expresión del flamenco desde el más amplio espectro, ya que nos aporta la parte musical como documento sonoro, pero, además se complementa con documentación escrita que nos habla de los cantes y los toques que aparecen en él. El profesor José Cenizo nos hace un estudio de los textos y sinopsis del cante y el guitarrista Paco Escobar nos desarrolla la teoría del acompañamiento y análisis musical. También es un homenaje a los artistas que, de algún modo, han marcado la vida flamenca del cantaor Guillermo Cano, importantes cantaores y cantaoras, comprendiendo que no están todos los que son, porque eso sería un trabajo descomunal y casi imposible de realizar en un tiempo finito o material, pero sí son todos los que están, sin duda, grandes. Algo similar ocurre con los guitarristas a los que aluden los toques de acompañamiento, un recuerdo y evocación de enormes genios de la guitarra que rezuman en los toques de Paco Cruzado, mimetizados con sus aportes de personal impronta. Por tanto, un homenaje a muchos de los artistas que han hecho del flamenco lo que es hoy día, dentro de un trabajo discográfico que ha sido complementado con unos detalles técnicos y teóricos sobre cante y toque que son de un gran valor para toda aquella persona que quiera aprender y profundizar un poco más sobre el arte flamenco, sus estructuras y otros aspectos específicos. Con todo ello, poco más se puede aportar en lo musical y en lo teórico, solo cabe aplaudir este trabajo y valorarlo como es debido, si acaso se puede dar una opinión de carácter más general, incluso subjetiva, de lo que a un receptor pasivo pueda producirle.

Guillermo Cano nos trae el cante de esta nueva antología, muy personal porque interpreta los palos y estilos que ha considerado oportunos desde su conocimiento y sus capacidades, para conformar un doble disco que realmente se puede considerar antológico. No es fácil reunir treinta y cuatro cantes en un solo trabajo, mucho menos que esos cantes engloben la mayor parte del árbol flamenco. Podríamos aventurarnos a hacer un recorrido, grosso modo, de los cantes que aparecen en este trabajo, intentando seguir cierto orden estructural, desde los primitivos corridos y romances, para pasar a atender a familias de cantes básicos como las tonás, representadas en un ramillete de tonás y la toná liviana; siguiriyas, representadas por tres estilos englobados en la región de Cádiz, Jerez y los Puertos, además de las livianas y la serrana; soleares, donde se decanta por estilos alcalareños, así como el estilo apolao que remata La Caña, otro de los cantes de esta familia junto con bulerías y bulerías al golpe, donde podríamos incluir la alboreá e incluso las jotillas madrileñas por el aire que lleva la guitarra que las acompaña; y los tangos, en su propia esencia, de los que ha preferido mostrar estilos propios de la provincia de Jaén, además de algunos cantes aflamencados en este compás como son la mariana o las singulares aceitunera y chaconera, de creación más reciente. También se adentra en la familia de las cantiñas, interpretando alegrías de Cádiz y el cante por caracoles, así como en el amplio abanico de fandangos y sus variantes, en este caso con fandangos personales, malagueña, abandolaos de Córdoba y Málaga, tarantas, granaína y media granaína. Merece mencionarse la incursión considerable que se hace en los cantes foráneos, tanto en los que provienen del norte de España, como la farruca y el garrotín, como en los denominados de ida y vuelta, como la milonga, la guajira y la rumba cubana, y también tienen cabida otros cantes de más compleja ubicación dentro del vasto árbol flamenco, como la bambera o la zambra, de las que se conoce su origen flamenco, en este caso, Pastora y Caracol, emblemas de la Alameda sevillana, o la petenera que encierra más misticismo, no solo en su interpretación, sino también en su verdadero origen, además de cantes que provienen de músicas de corte popular como los villancicos, en este caso acordándose de Andújar y de La Niña de la Puebla, o el pregón, trayéndonos la personalidad de Macandé.

Y todo esto hecho con sabiduría, respeto y seriedad, con buen hacer, con una voz laína, en su forma natural, que sabe adaptarse a palos, estilos, aires y matices. Y respecto a la selección de cantes, también se vislumbra un equilibrio flamenco más allá de los palos y estilos, en aspectos duales como el compás y la interpretación ad libitum, al igual que el hecho de abarcar la amplia mayoría de las regiones del cante, tocando prácticamente todas, salvo Huelva, aunque esta se ve representada en la guitarra de Paco Cruzado y en alguna de las falsetas en las que emula de manera personalísima a Niño Miguel.

Es Paco Cruzado quien nos trae el toque de esta antología con una guitarra acoplada perfectamente al cante, armoniosa, majestuosa y emotiva que a veces se acuerda de los grandes como el mencionado genio onubense, además de los cuatro pilares que han cimentado la guitarra flamenca como son Ramón Montoya, Niño Ricardo, Sabicas o Paco de Lucía, así como otros grandiosos guitarristas que van desde Javier Molina a Vicente Amigo pasando por Manolo de Huelva, Pepe Martínez, Manolo Sanlúcar, Víctor Monge Serranito, Enrique de Melchor, Juan Habichuela, José Antonio Rodríguez, Mario Escudero o Manolo Franco, un referente contemporáneo del toque de acompañamiento, seleccionando a cada guitarrista por los aspectos representativos de cada uno dentro del toque flamenco.

El flamenco nació como nacen las artes, desde una forma de sentir y de ser de un lugar y sus gentes, que con el tiempo se hizo campo de estudio con sus marcos teóricos bien fundamentados, dotados de elementos históricos, sociales y, evidentemente, musicales, habiendo multitud de libros y grabaciones que ayudan a aprender y profundizar en el campo del flamenco. Hoy, con esta nueva antología, la de Guillermo Cano y Paco Cruzado, tenemos un nuevo documento de gran valor para el estudio de las nuevas generaciones de este arte porque es una forma renovada y personal de comprender el flamenco clásico en su sentido más amplio, pero con bases sólidas para asentarse dentro de los manuales de estudio, ya que aporta documentación experta e ilustración sonora muy bien cultivadas y proyectadas, una conjunción que hace comprender mejor el enorme árbol del flamenco, en sus facetas teóricas e interpretativas. En definitiva, un trabajo de una seriedad extraordinaria que agranda un poco más a ese arte que se muestra como esencia inmaterial de nuestra cultura.