Evocación de Sabicas en su centenario


Investigación
Manuel Ríos Ruiz


Evocación de Sabicas en su centenario


CONOCIMOS a Agustín Castellón Campos, carteleramente Sabicas, (Pamplona, 1912- Nueva York, 1990) en 1972, cuando le visitamos en su casa de Nueva York, donde vivía junto a su colección de guitarras, su colección de trofeos, su colección de diplomas, pergaminos y carteles y su colección de zapatos. Conversamos con él largamente y nos convencimos de que era un hombre que vivía primordialmente para su arte.


Ahora cuando se cumple el centenario de su nacimiento, nos congratula glosar su quehacer gustoso –dicho juanramonianamente- y reseñar su devenir profesional. Digamos en primer término, que la historia de la guitarra flamenca tiene sus hitos fundamentales, como todo arte, en la creación, porque es continuamente necesaria. Y la guitarra flamenca alcanzó con Sabicas la base de su esplendor actual.

Por encima de la técnica, que en Sabicas era depuradísima, de su guitarra ha nacido toda posibilidad de evolución, abriendo un campo tan sugeridor de música flamenca, que puede adjetivarse de infinito. Su imaginación podría compararse con la de los poetas más lúcidos y con los compositores más sabios. Sabicas es posiblemente el creador flamenco más importante de todos los tiempos, en lo concerniente a engrandecer y avivar estilos y en llevar a ellos aires folklóricos de otras latitudes hispánicas, aflamencándolos sustancial y sonoramente. Su labor es inconmensurable en este sentido y es posible que por ello haya alcanzado la difusión universal que disfruta su música. Por otra parte, no hay que olvidar en sus interpretaciones algo fundamental: su sensibilidad. Una sensibilidad que se trasluce, como si lo anímico pudiera verse, en su ductilidad musical y en su dulzura enmagiada. Y el arte, que no es nada sin alma, se nos aparece en su toque flamenco como algo para ser sentido profundamente. El arte flamenco de Sabicas sobresale por lo alto, por lo bajo y por lo ancho de su género, pues es la sabiduría y la donosura enmatrimoniadas como nunca antes se dio en una guitarra flamenca.

Y vayamos a su periplo profesional. Sabicas aprendió solo a tocar la guitarra, presentándose al público con solamente siete años en su ciudad natal. Tres años más tarde se trasladó a Madrid, para actuar en el Teatro El Dorado, como concertista y acompañando a la famosa cupletista La Chelito. Pasó a participar en las fiestas del Colmao Villa Rosa, causando el asombro y la admiración de público y artistas, entre ellos el entonces más prestigioso guitarrista: Ramón Montoya. Entre los años 1920 y 1930, formó parte de diversos espectáculos, recorriendo la geografía española. En la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Sevilla, en 1934, el público le hizo dar la vuelta al ruedo tras su recital. Y en 1936, al saltar la guerra civil, se desplazó a América con Carmen Amaya, debutando en Buenos Aires y siguiendo por todo el continente americano, en sucesivas giras, hasta 1950. Durante cinco años consecutivos permaneció en Méjico ofreciendo conciertos. Instalado seguidamente en Nueva York, desde esta ciudad programaba sus conciertos por todo el mundo, alcanzando una gran fama y una alta cotización económica, así como realizando una discografía tan amplia como influyente en los guitarristas flamencos que le han seguido y que reconocen su indiscutible magisterio.

En 1965, la Cátedra de Flamencología y Estudios Folklóricos Andaluces de Jerez, es la primera entidad académica española que le reconoce los valores de su arte, otorgándole el Premio Nacional de Guitarra Flamenca, galardón que nos correspondió entregar a su representación. Sabicas regresó por vez primera a España en 1967, para recibir la Medalla de Oro de la Semana de Estudios Flamencos de Málaga, tributándosele con tal motivo un gran homenaje, en el que tomaron parte numerosos escritores y poetas, así como un amplio grupo de artistas flamencos, entre ellos los guitarristas Manuel Cano, Juan Habichuela y Paco de Lucía. A partir de ésta efemérides, Sabicas viajaba a España con asiduidad, destacando entre sus conciertos los celebrados en 1970, en el Teatro Nacional María Guerrero de Madrid y en el Teatro Lope de Vega de Sevilla. En 1972 asistió al llamado Concurso del Cincuentenario, en Granada. Dos años después, actuó en el Teatro Monumental madrileño durante una temporada, en un espectáculo en el que también tomaban parte el Ballet de Arte Español, la cantaora María Vargas y el cantaor Rafael Farina. Más adelante, en 1982, en el Teatro Gayarre de su tierra natal se le tributó un homenaje que resultó apoteósico.

Las reapariciones de Sabicas entre nosotros eran todas sumamente celebradas y comentadas en los medios informativos. Triunfal fue su recital dentro de la programación de la I Cumbre Flamenca de Madrid, en el Teatro Alcalá Palace, en 1984, y su participación extraordinaria en la IV Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla, en 1986. Y sobre todo, el concierto ofrecido en el Teatro Real de Madrid, en 1987, después de un homenaje tributado por el Ayuntamiento en la Sala de Profesores del citado coliseo, actos a los que tuvimos el honor de asistir, concretamente el 15 de mayo. Fue la última actuación de Sabicas ante el público español. En cuanto a su discografía, hemos localizado veintiséis títulos, muchos de ellos grabados en Estados Unidos, con la particularidad de que tres de los primeros los comparte con Carmen Amaya, dos con Mario Escudero, y el último con Enrique Morente.

Muchos han sido los críticos musicales y los flamencólogos que se han ocupado de exaltar el arte de Sabicas. Entre ellos el prestigioso crítico musical norteamericano Howard Klein, que ha dejado escrito. “Su arte está desprovisto de actitudes superfluas. No da la sensación de que toca, sino simplemente que la música fluye espontáneamente. Es indudable que el gran artista está a la altura de los mejores guitarristas españoles como Andrés Segovia y Carlos Montoya”. Esperemos que el centenario del nacimiento de Sabicas no pase desapercibido y tenga tamaña efemérides la resonancia que merece, porque la historia de la guitarra flamenca se divide en dos épocas: antes y después de Sabicas. Esa es la realidad.