Española


Discos Flamencos
Niño Josele
Warner Music, 2009
Pablo San Nicasio Ramos


Guitarrista de caudalosas posibilidades, gloriosa estirpe y mejores patrocinadores, el año 2009 para “Niño Josele” fructificó en forma de dos discos. Uno “Venta del Alma”, con composiciones de su pasado más auténticamente flamenco, y otro, este “Española” que hizo su quinto álbum en solitario.

Disco que nació, como los inmediatamente anteriores, bajo el patrocinio, producción y mecenazgo del cineasta Fernando Trueba.

En este “Española”, se presuponía y vendía, encontraríamos a un “Niño Josele” más libre, más auténtico y sobre todo más maduro.

Nada raro a priori, dada la inmediatez de sus experiencias con Paco de Lucía, con el jazz más puro de Bill Evans y, además, por lo asentado de su nombre en el panorama, tanto de la sonanta, como de la música española en general.

“Española” está compuesto por nueve pistas donde lo más destacable que encontramos a nivel global es una producción lujosa, una técnica pulida y unas colaboraciones dignas del mejor músico de jazz. Por el contrario, no tenemos siempre tan clara la libertad que se ha predicado a nivel creativo, a pesar de ser casi todas obras suyas. Ni la personalidad definida que sí veíamos en sus fresquísimos, a la vez que flamencos, trabajos iniciales. Parece casi obligada la continua referencia al jazz y, qué quieren que les diga, el flamenco es Josele y Josele es flamenco. Aún así, también aquí hay perlas.

A mi juicio son dos los factores que influyen en esa supuesta desviación del torrente flamenco de Josele. Por un lado la omnipresente figura de Fernando Trueba. Desconozco si el cineasta asesora o sugiere todas y cada una de las veredas por donde tiene que tirar la guitarra del almeriense, pero si esto no es así, desde luego a mí no me lo parece. Desde fuera todo se ve más condicionado, como si se ocultase una parte de la identidad flamenca y primigenia del guitarrista. Y mi opinión viene siendo la misma desde la época del dúo Josele-Cigala, y sus “Tiempos de Alegría”. Es decir, no es tanto una cuestión de un productor en concreto, como de etapas con productores fuertes, quizás demasiado.

El otro factor es la innegable y hasta lógica huella que el maestro Paco de Lucía ha ejercido en la inmediata guitarra de Juan José. El sonido de este guitarrista es ya, en algunos casos, una verdadera mimesis del soniquete algecireño. Para bien o para mal.

Aún así, el disco empieza francamente bien. Tanto en “Española”, obra de McCoy Tyner, como en “¿Es esto una Bulería?” damos con dos temas luminosos y potentes, curiosamente los de mayor metraje, con diferencia, de todos los que aparecen. Esos de los que entrarán en las antologías de este guitarrista cuando le dé por jubilarse. Por frescura, facilidad de oídas y dificultad de toque, por aire, por guitarra, por capacidad de envolver, por todo.

En la rondeña “Camino de Lucía” vemos un collage de estilos, falsetas y recuerdos propios de las últimas rondeñas de su maestro. Sobre todo de “Mi Niño Curro” y “Camarón”. Es el inicio de la preocupante imitación, quizá deliberada (en ese caso perdonable) del estilo de Josele con Paco de Lucía. Técnicamente estamos hablando de una pieza magistral, con temple, fraseo, aire. Pero eso ya lo tenía Josele antes, y eran de otra forma, digamos… suyos.

La rumba “Gloria Bendita” gana enteros por las instrumentaciones y quienes secundan a “Niño Josele”, sin llegar a las cotas deseadas en el resto de parcelas. Y más sabiendo que el de Almería ha estado algunos años junto al mejor rumbero que ha dado España, ya saben.

En la línea de los temas de su disco “Paz” está “Waltz for Bill”, obra dedicada al generador de aquel extraño y complejo trabajo, el genial pianista Bill Evans.

El “Zapateado para Bebo” es pura flamencura, ole, llamativo por su pureza en este contexto y sus aires “setenteros”. En la línea de los zapateados que hicieron Paco de Lucía y Manolo Sanlúcar en aquella época. No sería raro que a Bebo Valdés le gustase más Josele haciendo este tipo de flamenco que el latin jazz que reviste este “Española”. Bravo por la idea. Sin duda la cumbre flamenca del disco y obra de referencia para sus seguidores y discípulos, que de todo hay ya.

“Balcón de la Luna” es una seguiriya de impresionante solución técnica y hermosa factura. De aire paquero en su totalidad, el corte es un vivo recuerdo de los directos que se llevan marcando Josele y el maestro de Algeciras, sobre todo por el juego armónico y de percusiones que se utiliza.

En los créditos se nos presenta “A Contratiempo” como una bulería y un tumbao. Es decir, dos al precio de una. Pieza que suena más a rumba que la que se tachaba de tal y que es más acierto en la originalidad que algunas obras juntas anteriores. Interesante trabajo en las percusiones, los vientos y el contrabajo. Gran empaste y resultado digno de la mejor banda.

Se cierra este “Española” tan americano con “La Partida”. Balada, canción o fantasía de melodía flamenca, arreglos clásicos y textura facilona en comparación con el resto del álbum.

Destacadísimas son las intervenciones del elenco que acompaña a Josele, donde sobresalen el contrabajo de John Benítez y Javier Colina, la excelsa batería de Dafnis Prieto, y los maravillosos vientos de Ralph Bowen, “Papo” Vázquez, Michael Mossman (quien también arregla), Douglas Pourviance y el mítico Phil Woods. Este campo del disco es, sin duda, uno de los acontecimientos flamencos del año.

Lo dicho, disco irregular, con cimas absolutas en su comienzo y centro, y anodina cuesta abajo en algunos tramos, más por lo previsible que por lo virtuosístico, que nunca se pierde. Aún así, es mucho más de lo que fue “Paz”, disco a capricho de la industria y quizá poco rentable para los oídos de los devotos flamencos de “Niño Josele”. Guitarrista que, lo reivindico de paso, está llamado a sacar al flamenco más auténtico del ostracismo al que pretenden llevar los más “puretas” del cambio por el cambio.