Entrevista a Laura Vital


Entrevistas escritas
José Cenizo

José Cenizo


LAURA VITAL,

JOVEN MAESTRA DEL CANTE

ENTRE LA TRADICIÓN Y LA RENOVACIÓN


José Cenizo Jiménez


Nos complace traer a nuestra ventana de entrevistas a la cantaora Laura Vital. Estamos ante una artista, como hemos escrito en estas mismas páginas con motivo de comentarios a discos o espectáculos suyos, en plena madurez. Asume y muestra la tradición en plenitud de estilos y variaciones personales (tonás, soleares, granaínas, fandangos, bulerías, etc., con ecos de Chacón, La Perla de Cádiz, Mariana Cornejo, María Vargas, La Sallago y otras voces señeras e imprescindibles).



  • Foto de Fabien Ferrer. Archivo del Festival de Toulouse - Laura Vital
  • Foto Félix Vázquez -  Laura Vital


Una lección bien aprendida -decíamos entonces- que no está reñida con una suerte de innovación, de gozoso atrevimiento, de búsqueda de encrucijadas donde alumbrar la belleza y el gozo de emitirla y recibirla. Combina armónicamente y con lucidez y maestría los sonidos puramente flamencos con las melodías hermanas de la música romaní, griega o marroquí. No hay pérdida de identidad ni de emoción, todo lo contrario: Laura armoniza las crianzas musicales con garbo, seguridad, belleza, plasticidad, elegancia. Sabe estar como pocas además en el escenario, como artista total: dominadora de los estilos, simpática con público y elenco, con los brazos y los abrazos abiertos luminosamente.

Acaba de tener una hija, a la que ha puesto un nombre de ecos flamencos, Malena. Le deseamos lo mejor junto a ella y a sus seres queridos. Premiada ya en estelares ocasiones, sabemos que su mayor alegría viene por ahí. Demos paso a las palabras de esta cantaora premiada en la Bienal, en Lo Ferro, en Mairena del Alcor y tantos otros lugares, y profeta en su tierra, Sanlúcar de Barrameda, un lujo para el cante, para el flamenco, para Andalucía y la Humanidad.

P. ¿Cómo fueron tus inicios en el flamenco y quiénes fueron tus maestros?

R. Debuté en el año 1992, cuando tenía 12 añitos en La Peña Flamenco “Puerto Lucero” de mi tierra. Mis inicios fueron de la mano de mi padre José Vital y de mi abuelo Rafael Gálvez “El Tapó”, que me transmitieron su afición y con los que tuve la suerte de aprender los primeros cantes. Crecí en un barrio marinero donde el Flamenco era la banda sonora, no existía YouTube, ni los medios digitales que hay hoy, así que teníamos que escuchar a los aficionados, ir a las peñas, a los artistas de la tierra. Recuerdo lo feliz que me hacía mi padre cuando me traía algún cassette de La Niña de los Peines de alguna gasolinera, jajaja, era un acontecimiento, hoy en día afortunadamente tenemos todo al alcance para estudiar y formarnos, he disfrutado mucho de Encarnación Marín “La Sallago”, ella ha sido la matriarca del cante sanluqueño y me enseñó muchas cosas. Luego en el año 1998 recibí una beca de la Fundación Cristina Heeren y me traslado a Sevilla para estudiar cante junto a Psicología en la Universidad, con grandes maestros como Naranjito de Triana, José de la Tomasa, Calixto Sánchez, Paco Taranto, etc. En el 2002 me llama el maestro José Menese para formar parte de su producción “A mis Soledades” con la dirección de orquesta de Joan Albert Amargó, y allí, pues imagínate, lo que suponía estar cerca del genio, era un aprendizaje constante en todos los niveles, esos han sido mis grandes referentes en esto del arte, siempre he adoptado una actitud de esponja, es tan inmenso este arte, que siempre te sientes en pañales y nunca hay que perder la oportunidad de aprender y crecer cada día.

Desde niña tuve la suerte de nacer en un entorno muy cercano al Flamenco, aprendí el cante gracias a mi padre y principal maestro como un juego, desde niña, sin pretensiones de ser artista, al final creo que el cante te elige a ti, te envenena y llega un momento que no sabes vivir sin él, es parte de tu esencia, tu mejor vehículo para expresar los sentimientos, te atrapa y ya estás dentro, y es de los regalos más bonitos que me ha hecho la vida.

P. ¿Qué importancia tiene tu padre, José Vital “El Caramelo”, también cantaor, en tu carrera artística?

R. Mi padre en mi carrera artística lo ha sido todo, ha sido mi principal maestro, gracias a él aprendí los primeros cantes, nunca se ha dedicado a cantar profesionalmente aunque hubiera sido una gran figura porque tiene unas condiciones, un gusto y unos conocimientos de artista grande, pero él eligió cantar para los suyos al igual que mi abuelo paterno José, que también cantaba muy bonito. A raíz de su jubilación sí se ha animado a dar algunos recitales, y tenemos un espectáculo juntos que se llama “De buena rama” que estrenamos en el Festival “Una Ría con Duende” de Bilbao, es un tributo a él y a mi gente por plantarme la semilla del flamenco y por ser mi principal espejo.

P. Un momento importante en tu carrera hasta ahora.

R. Mi profesión me ha dado grandes momentos y me siento privilegiada por ello, pero creo que sin duda el momento más importante de mi trayectoria fue la primera vez que le cante a mi niña, mi pequeña, Malena.

P. Un momento especial de "duende" (como aficionada y como artista).

R. Ha habido muchos también, pero sin duda me quedo con un momento en el festival “Los veranos de la Villa” en el espectáculo “A mis soledades” junto a José Menese, cantó esa noche el maestro por seguiriyas y cuando hizo el remate de los Puertos, allí se nos paró el tiempo a todos, dejó de ser un cantaor para convertirse en el cante, algo muy loco, muy salvaje que solo los genios como él pueden conseguir, fue un momento que no olvidaré mientras viva.

En cuanto a mí, un momento muy bonito fue cuando me entregaron el Giraldillo de Jóvenes de la XI Bienal en el Teatro Lope de Vega, yo tenía 20 años, era muy joven, y sin duda fue un revulsivo para seguir creciendo, un trampolín muy grande y el respaldo de los grandes maestros que estaban en el jurado y que creyeron en mí.

P. ¿Cómo ves la situación del flamenco hoy?

R. Desafortunadamente esta pandemia se ha ensañado con el arte y la cultura, sin duda somos el colectivo más dañado y desprotegido de esta situación, a pesar de que actualmente se están creando cosas maravillosas, los artistas están más preparados que nunca, y hay mucho nivel en todas las disciplinas, creo que hay un cartel impresionante de artistas con mucho talento y muchas ganas de contar cosas, crear nuevos caminos y mucha inquietud, desearemos que esta situación se normalice pronto y podamos disfrutar del arte que, en definitiva, es lo que nos salva.

P. ¿Qué opinión tienes sobre el últimamente muy comentado, con diferentes visiones, machismo en el flamenco de antes y de ahora, en cuanto a los artistas, las letras, los cantes, etc.?

R. El mundo del Flamenco no es más machista que la sociedad en la que se enclava, pero si alguien lo califica de ese modo es porque es el ambiente que mejor conoce.

Para evitar generalizaciones y ofensas a un arte entero creo que deberíamos ser menos temerosas y temerosos y denunciar las situaciones o aquellas personas que sí que lo son.

Desafortunadamente, a lo largo de la historia de este arte, que nació en una sociedad muy patriarcal, las mujeres lo tuvieron muy difícil, muchas pagaron el precio de la invisibilidad o de ser consideradas mujeres de mal vivir por su condición de artistas. Es conocido el caso de padres o maridos que no dejaron que sus hijas o esposas se desarrollaran como artistas, también casos de madres que disuadían a sus hijas para que no se dedicaran a este arte, se me ocurre pensar cuánto se ha perdido por este tipo de cuestiones. Afortunadamente gracias a aquellas mujeres que fueron valientes, las cantaoras de mi generación llevamos mucho andado, pues nos abrieron puertas y ventanas, pero creo que aún sigue habiendo mucho por hacer en esta materia. De ahí que muchas de mis producciones estén orientadas en dar visibilidad a todas esas mujeres pues el arte es de las mejores herramientas de transformación social y me siento privilegiada por ello.

Si atendemos al papel en la bibliografía, muchas veces la visión que se da de la mujer es como transmisora de conocimientos y de generaciones y no como creadoras, y creo que esto es un agravio comparativo, ya que muchos de los cantes y variantes han sido creados y recreados por mujeres, y el Flamenco no debe ignorar este tipo de cuestiones. Tenemos a la “Niña de los Peines”, la punta del iceberg, que por cierto nunca recibió la llave del cante, o cantaoras contemporáneas como la maestra Carmen Linares y su importante labor como artista y rescatadora de gran parte del repertorio flamenco, siendo personalmente para mí de mucha injusticia.

Desde la Constitución para acá, hay una igualdad de derecho, sobre el papel, pero luego, cuando desciendes a los campos de trabajo, permanecen las trabas. Creo que la sociedad y las mujeres no debemos ser temerosas en reivindicarnos en este sentido. Y en cuanto a las letras, habrá que hacer una reflexión, porque en el baúl de las coplas sí que existen muchas de ellas donde predomina el machismo y la humillación hacia la mujer, creo que la lírica flamenca es maravillosa y es importante elegir bien las coplas y las cosas que queremos contar y adaptadas a los tiempos que corren. En mi experiencia personal afortunadamente he contado con el apoyo de toda mi familia para poder ser artista, pero sí me he encontrado alguna vez a compañeros que siguen pensando que los cantes de ida y vuelta son para las mujeres y las seguiriyas para los hombres. Los tiempos están cambiando y la formación tiene mucho que ver.

P. Tu bailaor preferido (de la historia y de la actualidad).

R. A mí me emociona la elegancia de Rafael El Negro, me gusta ese tipo de baile sencillo y a la vez tan difícil, tan elegante. De los actuales, me quedo con Pepe Torres, me gusta mucho cómo le baila al cante, cómo lo respeta con su baile intuitivo y salvaje.

P. Tu bailaora preferida.

R. Yo muero con mi “Ledesma”, he tenido la suerte de cantarle en “A mis soledades”, y ver a mi Carmen bailar por tangos es un espectáculo, es flamenca en el andar.

P. Tu cantaor...

R. ¡Huy! Muy difícil, hay tantos que me gustan, muero con Tomás Pavón, El Cojo de Málaga, Carbonero es la locura, hay tantos que me hieren, que es muy difícil decidir.

P. Tu cantaora...

R. Pastora Pavón “La Niña de los Peines” es la matriarca, la emperaora del cante y creo que es el espejo donde nos miramos todas las cantaoras, y de las contemporáneas para mí es uno de mis grandes referentes la maestra Carmen Linares.

P. Tu tocaor o tocaora (que las hay).

R. El tocaor de mi corazón sin duda es Manolo Sanlúcar, he crecido con su música y disfrutado de su genialidad.

P. Un estilo de cante que te gusta.

R. La seguiriya.

P. Un estilo de baile.

R. Las alegrías.

P. Un estilo de toque.

R. La bulería.

P. Una letra que te guste.

“Mi pena es muy mala, / porque es una pena que yo no quisiera / que se me quitara”.

P. En tus discos has incorporado, como en Tejiendo lunas, cantes usando el romaní, el árabe…, ¿cuál es la intención y qué resultado crees que has obtenido?

R. Tejiendo Lunas surge de la comunicación con músicos de otras culturas, y es más un hermanamiento de músicos que de músicas, un compartir. Me gusta investigar e intentar aportar en cada trabajo mi granito de arena, soy comprometida con lo que hago y eso me lleva a ser siempre muy cauta, de ahí que me cueste tanto grabar, para mí es importante encontrar la letra que me hiere, sacar un cante del baúl de los recuerdos, e intentar aportar conceptos o formas nuevas. Busco el punto en la diana, no le veo ningún atractivo a producir por producir, me parece antiartístico, por eso no podría formar parte de una discográfica que me obligue a hacer discos como rosquillas, la tuve y no funcionó.

P. Formas una pareja artística con el guitarrista Eduardo Rebollar porque casi siempre te acompaña, ¿qué papel e importancia crees que tiene el tocaor en el cante y en el flamenco en general, y sobre todo en tu cante?

R. El tocaor es el director de orquesta en el Flamenco, el que da redondez al cuadro, un mal guitarrista te destroza el cante o el baile. Eduardo sabe acompañar mi cante, recogerlo con simpleza, sin virtuosismos y eso es muy difícil, hay que ser muy humilde como es él. Dar al cante justo lo que necesita.

P. Proyectos a corto y medio plazo.

R. Actualmente tengo tres espectáculos que me ilusionan. “Mediterránea”, que es un hermanamiento del Flamenco con diferentes músicas de la cuenca del mediterráneo, un espectáculo muy ecléctico, muy mestizo que me ha permito estudiar y aprender mucho musicalmente, lo estrenamos en marzo en el Festival de Toulouse pero con la pandemia se nos cancelaron los conciertos, espero que pronto se reactive el mercado cultural y podamos mostrarlo en España. “Flamenco por la igualdad”, que es un espectáculo en el que intento a través del repertorio utilizar la herramienta de transformación social que tiene el arte, y que los artistas somos privilegiados por poder usarla, con esta propuesta buscamos la sensibilización de la sociedad en la prevención de la violencia de género, así como la necesidad de fomentar actitudes de respeto como valores esenciales para la convivencia entre hombres y mujeres. Y “Flamenclown”, mi propuesta para acercar el Flamenco a los más pequeños y la captación de nuevos públicos, el público del Flamenco se nos hace mayor y creo que tanto los artistas como las instituciones debemos tener un compromiso con la infancia y la transmisión de nuestro patrimonio.

P. Tu sueño es…

R. Como dicen en caló sastipén talí. Que no me falte la salud y la libertad.


Nos despedimos de esta cantaora llena de posibilidades y de afectos por la vida y el arte. Su espléndida y vital imagen, nunca mejor dicho, está recogida en estas fotos que aportamos: la del traje azul es de Félix Vázquez; la del traje rosa es del archivo del festival de Toulouse, de Fabien Ferrer; y la del chaleco negro de Remedios Malvárez. Gracias por todo.