Entre montes y olivos


Discos Flamencos
Andrés Zamora
Solmag, 2007
Miguel Angel Aguilar Avilés


Primer disco de este cantaor sevillano, nunca dedicado profesionalmente al flamenco, aunque lo abarque en muy distintos palos como fandangos, tientos, seguidillas, tarantos, livianas, serranas o martinetes.

No encontramos ante un disco con dilema. El disco habrá de ser, probablemente, un disco encomiable para los puristas y sus farias, y puede ser también del gusto de muchos aficionados al flamenco, por pocos cigarros habanos que saboreen. Es un cante correcto, en la mayor parte de las ocasiones (obviando abandolados), que transmite una sensación de cante popular, es decir, sin una gran voz ni artificios, cantado con dedicación por un buen aficionado, como muchos lo somos a ratos. Pero el dilema, personal, me surge cuando me acuerdo del cante de Joselero de Morón, un cante similar en el concepto descrito (“cante popular”) al de Andrés Zamora, pero me sucede que (acompañamientos de guitarras moronenses al margen) el cante de Joselero de Morón, con sus mil y una deficiencias técnicas si se quiere, me traslada al píe de la calle, al píe de una verdad, aunque modesta, incuestionable, y eso no me sucede con el cante de Andrés Zamora; cuando perfectamente podría suceder. Es por lo tanto, una percepción absolutamente personal de quien suscribe. Lo que se llama una opinión. Una de tantas, qué se le va –que le voy- a hacer.

Con esta reflexión capital, que me planea a lo largo de todas las escuchas del disco, y el tipo de palos mentados que lo conforman, creo que pueda el lector hacerse una cierta idea de lo que tenemos entre manos, más allá de disquisiciones o detalles puntuales acerca de este palo o de aquel otro…

Lo mejor: La sinceridad del cante presentado, sin duda lo mejor cuando canta por Levante, y, sobre todo, la valentía y apuesta del proyecto discográfico en el que se inscribe el disco, de parte de la casa SOLMAG, primando el flamenco, claramente, frente a los beneficios económicos. Una iniciativa quijotesca que no debe de caer en saco roto y que hace tanto por el flamenco, por su valentía, como el festival más dotado (económicamente) de la geografía española.

Lo peor: Que si el timbre del cantaor no le resulta atractivo al escuchante no hay nada más que hacer, pese al buen hacer artístico del cantaor.