El sendero de lo imposible


Discos Flamencos
Santiago Lara
Al Compás, 2007
Carlos Ledermann


Jerezano, joven, perteneciente a la nueva generación de tocaores de esa tierra flamenca a la que pertenecen también Alfredo Lagos, Juan Diego, Dani Mendez o Diego del Morao, por citar solo algunos nombres, ha sido discípulo y luego acompañante del maestro Sanlúcar, como ha ocurrido con otros empezando por Vicente y siguiendo por Juan Carlos Romero y David Carmona, citando también solo algunos nombres.

“El Sendero de lo Imposible” es su primer disco y como debut no podría ser mejor y más auspicioso. Que hacerse solista de guitarra flamenca en España es un sendero de lo imposible, qué duda cabe : donde hay tanto monstruo musical no puede ser sencillo sacar la voz para decir algo, sobre todo si se trata de decir algo original, personal, idealmente nuevo. Tal vez por ahí pasen las mayores dificultades que plantea el recorrido de este sendero, ya que cada día –si no cada hora- parece ser más difícil poner sobre la mesa algo de verdad novedoso, algo que tenga sabor a no escuchado antes. Santiago Lara lo consigue en buena medida.

El trabajo se abre con “Embrujo” otra muestra de que el zapateado está de vuelta en el repertorio de los guitarristas solistas. Suponemos que en eso hay una deuda con Vicente Amigo, similar a la que quedó con “El Grande” cuando rescató el tanguillo allá en el ’88. Y ya que mencionamos a Vicente, habrá que reconocer que en este zapateado hay un aire que recuerda inevitablemente sus “Vivencias Imaginadas”, tanto en la conducción del hilo temático como en el fondo instrumental que le respalda. Desde ese punto de vista, digamos que es un mérito de Vicente el haber hecho escuela de tal forma que hoy todos los guitarristas menores de 40 años lo citan en sus composiciones y en su manera de tocar, lo mismo que sucedía con “El Grande” hasta antes de Vicente. “Embrujo” es una pieza muy bonita que nos gustaría escuchar al desnudo, es decir, sin acompañamiento alguno.

“Caminos Nuevos” es una bulería-canción. Está claro que, entre otras novedades, esta nueva generación ha traído en su equipaje unos estilos nuevos, unas mixturas a veces un poco desconcertantes. Melódico, casi tranquilo, este toque está lleno de adornos e intenciones que ponen en evidencia el pasado “sanluquero” de Santiago Lara y bien por eso. Unos coros entretenidos cierran el tema con solvencia y le dan ambiente.

La taranta “Distancia” aparece en el tercer corte. Aquí Santiago busca y también se busca a través de una atmósfera menos rabiosa que la gran mayoría de las tarantas de los últimos 30 años y más musical. Hay modulaciones muy bien pensadas y un sonido exquisito que da cuenta de la tremenda técnica que Lara pone al servicio de su música, según uno de los principales postulados del Evangelio según Sanlúcar. Tiene sus arranques, claro que sí, pero no es lo principal como recurso sintáctico y eso se agradece, porque entonces aquí sí hay algo novedoso y bien hecho. Notable tu taranta, Santiago, de colección.

“A mi Forma” es el título de la pieza siguiente. Cualquiera diría que se trata de unos tangos garrafales, pero el autor dice en una entrevista reciente que por respeto no los denomina así, que esto es canción, melodía, estribillo. Sería estupendo poder hablarlo personalmente con él para poder entender este planteamiento, porque según eso y para serlo por derecho, los tangos no debieran ser ni cantables, ni melodiosos ni tener estribillo, pero bueno, de momento no nos queda más que asumir que Santiago tendrá sus buenos motivos y que por algo el título es “A mi Forma”. Tangos o “son atangado”, vaya si es una pieza bonita, flamenquísima y bien trabajada, y con eso debiera ser suficiente.

Si en este disco no hubiera habido una rondeña, habría sido algo inexcusable. Pero felizmente la hay y se llama “Tu Mirada”. Nostálgica, profunda, vigorosa cuando tiene que serlo, tiene un hilo conductor siempre presente afirmado por un cante sencillo y sin aspavientos antes de pasar a un aire abandolao a la manera en que se hace hoy y sobre el que Santiago desarrolla diversos motivos de fraseos extensos pero siempre melódicos y de buen gusto.

“Llegando a Jerez” es la bulería que aparece a continuación. Aquí hay mucha música, mucha inquietud, mucha imaginación, mucho jugueteo con el compás, mucho contrapunto, vamos, es un emporio de recursos rítmicos lleno de ofertas y novedades. Una delicia por bulerías, así de simple y así de complejo.

Por alegrías llega “Siempre Ahí”. Con el concurso de la trompeta ensordinada de David Guillén, este tema tiene aristas muy interesantes, cambios de intención inesperados y siempre ese sabor a boquerones fritos con cervecita helada que si un toque por alegrías no lo tiene, entonces algo anduvo mal. El coro que aparece hacia el final pone la segunda cerveza. Bienvenida sea.

“El Sendero de lo Imposible”. Por soleá, por favor ¿por qué otra cosa podía ser? Acordes de diverso color y textura abren el tema. Fraseos de aparente libertad que parecen buscar algo (¿el sendero?) llevan finalmente a un toque estupendamente elaborado, tal vez, incluso, planificado, porque un buen creador no debiera jamás limitarse a fijar el resultado de simples improvisaciones, sino que antes de tomar el instrumento habrían que pensárselo un rato : ¿en qué atmósfera quiero que se desarrolle esto?¿qué quiero decir por este estilo?¿qué luminosidad o qué sombras quiero que tenga esta composición?
El aire de esta soleá es grandioso, pastueño, aunque al final apura el paso, entran las palmas y se cierra con ambiente festero. Excelente.

Finalmente, la rumba “La Plata” viene a poner un golpe de condimento aromático a un disco que, para ser de alguien tan joven como Santiago Lara, tiene su densidad no menor. Estribillos simples y pegajosos, repeticiones, buen apoyo rítmico, variaciones en el color y buen humor, dejan un agradable sabor de boca como punto final a un disco de verdad buenísimo y lleno de méritos.

Santiago Lara ha iniciado su andadura por el sendero de lo imposible. Qué tan imposible, es algo que en su caso veremos con el tiempo. Ojala siga componiendo para él mismo, para su guitarra, para sus conciertos y para sus seguidores. Aquí hay muy buena semilla, pero hay que regarla y abonarla para que no pase a ser un habitante más de tantas estanterías particulares, tan atestadas de discos que ya ni su propietario sabe dónde está lo que busca. Este trabajo merece algo mucho mejor y lograrlo podría, incluso, no depender del propio Santiago ya que para seguir haciendo cosas se necesita un apoyo con el que no siempre se cuenta, pero queda claro que el talento, las ganas, las ideas y la capacidad están ahí, Santiago Lara las tiene de sobra.
Y “lo tendremos vigilado”.