El guitarrista Julián Arcas (1832-1882)


Libros
Eusebio Rioja
I.E.A. (Mayo, 2003)
Marcos Escánez Carrillo


El Instituto de Estudios Almerienses y Cajamar, aúnan su esfuerzo para que esta obra de Eusebio Rioja y Javier Suárez-Pajares vea la luz.

Julián Gavino Arcas Lacal (María (Almería), 1832 - Antequera (Málaga), 1882), es bien entendido el pionero del concepto actual de guitarrista de concierto. Compositor de un gran número de piezas clásicas, consiguió en una época en la que los medios de comunicación eran escasos y de liviano impacto, ser un afamado guitarrista y compositor clásico, así como guitarrista flamenco.

Se descubre en este libro la figura de este ilustre almeriense, ayudándonos a conocer la dimensión artística del guitarrista favorito de la reina Isabel II, que fue nombrado Maestro Honorario del Conservatorio de Madrid e investido como Caballero de la Real Orden de Carlos III, profesor de Francisco Tárrega, entre otros, y amigo personal de Antonio de Torres, cuyas guitarras pasearía en todas sus giras artísticas. De igual forma quedó descubierta su afición por el toque flamenco acompañando al Marmolista en un mano a mano con Juan Breva.

Toda una joya documental, que los autores nos dejan como un legado indispensable de nuestra cultura musical.

La presentación de la obra se enmarcó en una jornada inolvidable en la Excma. Diputación de Almería, donde confluyeron personas de distinta afición y preferencias musicales. Se inició en el salón de plenos con una conferencia de Félix Grande, reputado escritor, sobre todo en foros flamencos, y enmarcado por los foros literarios en la generación del 50. Un gran orador que nos regaló 60 minutos de sensibilidad y buen gusto. Preciosista en sus formas y conocedor del significado de la palabra "arte", en estas IV Jornadas Literarias organizada por el departamento de Arte y Literatura del Instituto de Estudios Almerienses, quiso reivindicar la importancia de la poesía anónima flamenca como manifestación cultural, ya que nunca ha sido recogida por los técnicos en los libros de texto ni ha sido objeto de estudio en los foros universitarios. Posteriormente, y sin tiempo para el coloquio, pasamos al Patio de Luces para asistir a la presentación del libro que nos ocupa sobre Julián Arcas. Eusebio Rioja hizo un discurso afable y desenfadado sobre el libro y el artista, y presentó a Carles Trepat que con una guitarra de Antonio de Torres hizo un demostración sobresaliente de lo que debió ser el sonido de Arcas hace 140 años.

Resultó interesante ser testigo de un encuentro histórico en Almería. Asistimos, sin pretenderlo, a un punto de encuentro de culturas y atemporalidad. Clásicos, flamencos, poetas y constructores de guitarra juntos en un patio de butacas expectante y respetuoso. Quién hubiera dicho hace algún tiempo que sería la figura de Arcas la que recogería tan intensamente esta conciliación. Arcas, al que en justo homenaje desde la casa Consistorial quisieron dedicarle una calle en Almería cambiándole el nombre de Julián por Juan.

Hoy, y subsanado el error con una plaza, aún existiendo la calle Juan Arcas donde un buen amigo tiene una imprenta, acogemos con satisfacción y orgullo este importante trabajo con el que aprenderemos algo más de nosotros mismos.

Eusebio Rioja, de cuya amistad me jacto, por lo que el lector no debe esperar objetividad alguna en mis comentarios sobre su persona aunque me esfuerce en ello, es un hombre bueno, honesto consigo mismo, que es con quien uno debe serlo, amigo de sus amigos y melómano incondicional. Dedicarle unas palabras suponía para mí una asignatura pendiente que espero reprobar en éste instante.

Tuve la oportunidad de conocerlo hace años, cuando en los albores del Certamen Internacional de Guitarra Clásica Julián Arcas contamos con él para que viniera a hacer una disertación sobre el guitarrista y de esta
forma, es decir, con una conferencia de la máxima autoridad sobre el artista de María, se justificara el nombre del Certamen y se reivindicara la figura de Arcas.

La negociación con Eusebio, que personalmente llevé a cabo, se podría describir como sincera y cálida. Nuestro presupuesto era irrisorio y era una incógnita qué tipo de incentivo ofrecerle para conseguir su
motivación. Bastó con la palabra mágica "Arcas" para que Eusebio se volcara con nuestro proyecto y el tema económico pasara sistemáticamente a un segundo plano. En el fondo, creo que hasta hubiera asumido los
gastos del viaje con tal de echarnos una mano. Eusebio dio una conferencia ejemplar y fue en este instante cuando los almerienses descubrimos que una vez más, nuestra desidia y falta de interés por nuestra cultura nos ponía en evidencia. Este malagueño de aspecto serio y noble vino, nos enseñó y se fue.

Ahora, pasado el tiempo, y con su obra impresa, producto de muchos años de investigación, quiero agradecerle como almeriense y como aficionado su pasión y su trabajo, y como amigo, su amistad y su flamencura.