El flamenco que he vivido


Libros
Juan de la Plata
Signatura Ediciones, 2009
Marcos Escánez Carrillo


Juan de la Plata es uno de esos personajes singulares que desde su juventud marcaron una línea como modelo de vida, y la continúan hasta el final, incluso a sabiendas que esa trayectoria marcada seguramente no le permitiría conseguir otras metas a las que, sin duda, podría haber accedido con bastante menos esfuerzo. Este tipo de personas es escaso y valioso. Como antes decía, un SINGULAR.


Desde joven entró en el mundo del flamenco por la puerta grande. La afición de su familia le permitió conocer a los cantaores viejos de Jerez, así como participar en reuniones y tertulias con las que iba adquiriendo una formación de lo flamenco sólida y completa, basada en lo vivencial y sobre todo, de raíz.

Por otro lado, su inquietud y su inclinación por la escritura conforma y define la figura de Juan de la Plata dentro del flamenco, ya que desde temprana edad fue corresponsal de algunos diarios para Jerez y demostró buenas habilidades para escribir.

Los contactos que he mantenido con Juan han rebosado una exquisita corrección y gozado del mayor ánimo participativo y de generosidad. Hablar con Juan de la Plata es respirar calma a sabiendas de que en su interior existe un torbellino de proyectos y de inquietudes por abordar.

Este libro, titulado “El flamenco que he vivido” viene a ser las memorias de un hombre, de un aficionado, de un investigador y de un dinamizador del flamenco. Sin más ánimo que compartir todo aquello que no ha podido recoger en sus innumerables publicaciones.

La vida flamenca de Juan de la Plata ha estado vinculada y desarrollada a través de la Cátedra de Flamencología de Jerez, que él mismo creó en 1958 y ha tenido una intensa actividad hasta nuestros días. Y todo hay que decirlo, goza del mayor prestigio que puede alcanzar una institución flamenca.

Relata aquí las vicisitudes que tuvieron que pasar para defender el proyecto y ponerlo en el lugar que ahora conocemos. Sus redes, sus apoyos, sus ausencias y sus proyectos. Una especie de balance histórico, y por qué no decirlo, en determinados aspectos un ajuste de cuentas con la historia del flamenco más reciente.

Repasa con tono nostálgico cómo elaboró su primer libro sobre flamencos de Jerez, sus primeras conferencias y colaboraciones periodísticas, sin obviar esos negros episodios que de forma inevitable vive quien se dedica al periodismo y a la crítica sobre flamenco. Sin duda, la antítesis a su relato sobre los distintos reconocimientos que ha recibido a lo largo de su trayectoria.

Y así, recuerda su vida a través de todas las etapas que ha ido sufriendo el flamenco; todos los hitos y circunstancias que lo han condicionado en su desarrollo, al igual que su relación con muchos artistas, anécdotas, escritos e impresiones que ha tenido. Junto a estos recuerdos nos regala algunas confesiones y opiniones personales, e incluye entrevistas a artistas que han sido importantes en su época, o una serie de artículos y semblanzas que han ido viendo la luz en distintas publicaciones sobre temas de absoluta actualidad y sobre cuestiones de enorme interés para el estudio del flamenco, tales como el origen de algunos palos muy relacionados con Jerez, o sobre artistas míticos como Silverio o Tío Luis de la Juliana, del que se dice que fue el primer cantaor conocido.

Termina con un rápido repaso a los libros que ha editado y a otros editados por la Cátedra de Flamencología que preside, y que en el año 2008 cumplió 50 años de actividad ininterrrumpida.

Unas memorias exentas de tono pasional, a excepción de su amor al flamenco y su vinculación con la Cátedra, ya que como indicaba al principio de esta reseña, hablar de Juan de la Plata es hablar indisolublemente de la Cátedra de Flamencología de Jerez.

Personalmente me ha parecido entrañable el recuerdo que el autor tiene de Pepe Ortega, a pesar de que abandonó su Jerez natal siendo muy joven, y al cual conocí bien y admiré con verdadero cariño.

Por otro lado, el autor nos muestra su humanidad y su honestidad al reconocer que realmente le hubiera gustado ser cantaor, aunque no está dotado con cualidades que se lo permitieran.

Ahora, lo que queda es que los aficionados se acerquen a este libro como lo que es: una clara referencia de lo que es ser buen aficionado, y de lo que representa dedicar la vida entera a esta cultura que nos hace distintos. Juan de la Plata nos ha enseñado a vivir con honestidad y con compromiso hacia el flamenco, siendo… lo que es… un SINGULAR.