El Flamenco en Cádiz


Libros
Catalina Léon Benítez
Ed. Almuzara (2006)
Marcos Escánez Carrillo


Hablar del flamenco de Cádiz es hablar de una forma muy especial de entender la vida, es hablar de la idiosincrasia de un pueblo, de sus costumbres, de su economía y de su historia. Así lo ha entendido la autora y para ello, nos presenta de forma amena y animosa un repaso por el devenir de la provincia , de sus relaciones con el exterior y de su importancia en las distintas etapas históricas de la península.

Plantea la existencia de una Escuela Gaditana reconociendo a Enrique el Mellizocomo principal artífice de la misma, e identifica los parámetros que marcan la estética que se extendiera por toda la zona como una línea definitoria del flamenco que se cultiva en tabernas y teatros. De forma natural y sin perder de vista su carácter excepcional, trata el nacimiento y desarrollo del carnaval gaditano.

La autora, conocida principalmente por sus colaboraciones en algunas revistas, acierta al afirmar lo siguiente en la página 45:

“Contra lo que pueda creerse, la música flamenca ni es popular, ni es sencilla, ni es producto de un proceso aislado. Más bien lo que ocurre es que su germen está en la base musical propia de la tierra que lo ve nacer, Andalucía y, sobre todo, su zona occidental, de la que Cádiz es, probablemente, uno de los lugares primigenios en cuanto a su aprovechamiento del sustrato previo y su elaboración artística posterior”.

Sin embargo, atribuye a Cádiz, sin más, los tientos con la letra “Inmediato”, cuando Juan Rondón ya concedió su autoría a Rafael Pareja; y lo hace sin argumentación ninguna, lo que obedece a esa especie de chauvinismo ya caduco, lamentablemente en uso aún, y que los aficionados debemos reprochar a los investigadores que lo cultiven.

Si critica con firmeza a Gamboa por adjudicar a la Dolora la autoría de lo que conocemos como Malagueña del Mellizo, debe esperar que el aficionado le exija que lo haga de forma justificada y documentada.

Es cierto que el flamenco de Cádiz no ha sido tan ampliamente estudiado como el de Sevilla o el de Jerez, e incluso es posible que sea embrionario de formas y matices que posteriormente se han irradiado a otras geografías, y por lo tanto en este sentido, estamos ante la típica injusticia sobre las autorías. Pero el planteamiento para demostrar esto no puede fundamentarse en el localismo o en la ilusión personal de un individuo.

Tampoco hace nada para evitar los tópicos alentados por nuestros ilustres escritores, ya desaparecidos, como el de las “Puellas Gaditanae”. ¡Y ya está bien…! Que se cantara y se bailara en Andalucía es tan normal como que se cantara y se bailara en cualquier otro sitio, pero basta con escuchar las primeras placas que tenemos en cilindros de cera para saber lo lejos que estaría esa música del flamenco más actual. ¡¡¡Que estamos hablando de 1.800 años… Y un sin fin de acontecimientos históricos en ellos: una invasión romana, una conquista musulmana, la reconquista, una despoblación o varias, otras tantas repoblaciones…!!!

Si el flamenco que conocemos de 1920 no tiene nada que ver con el de 1970, ¿por qué debemos suponer su inmovilidad en tiempos pretéritos?

Me parece curioso que trate a Chacón como alumno de El Mellizo cuando sólo están documentados un par de encuentros entre estos dos grandes del flamenco, pero es alarmante que también lo haga con Manuel Torre, además de considerar a éste último como un heterodoxo del flamenco… ¡Si Torre era heterodoxo, seguramente Chacón sería extraterrestre!

Trata los cantes de los Puertos como una subescuela de la gaditana y nos cuenta la historia de estas zonas, volviendo a perder la oportunidad de asociar la historia al desarrollo de algunas letras o incluso de algunos estilos que después defiende como autóctonos de la tierra.

Tras dedicar un espacio a Camarón, aborda el estudio de la relación entre el flamenco y el carnaval gaditano, haciendo converger dicha relación en el nacimiento del tango, cuya autoría atribuye a Enrique el Mellizo.

En el espacio dedicado a Silverio, lo presenta como discípulo del Fillo. Este es un error ya histórico de la bibliografía flamenca, que interesa mantener para acabar imponiendo la hegemonía del arte gaditano al sevillano,pero que afortunadamente ha sido subsanado por otros escritores.

Hace hincapié en distinguir el tango de carnaval del tanguillo de Cádiz. Y estos interesantes matices vienen a enriquecer el escaso conocimiento existente sobre el tema. Y continúa relacionando a Cádiz con la Habana, apoyándose en algunas letras y músicas conocidas. De igual forma, en su afán de relacionar el flamenco y el carnaval gaditano, acaba tratando éste último con gran profundidad incluso en su desarrollo actual, hasta llegar a dar la sensación de perder la perspectiva.

Y termina haciendo un repaso a la bibliografía que recoge aspectos del flamenco gaditano, analizando los distintos testimonios escritos de los viajeros extranjeros, así como la relación con las artes gráficas, sin duda, su especialidad.