El flamenco ante el siglo XXI


Investigación
Manuel Ríos Ruiz


El flamenco ante el siglo XXI:
tradición y experimentalismo




(Comunicación leída en los Cursos Internacionales de Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez, en el año 2003)


Lo escribió Auden, el gran poeta inglés: “Un arte verbal como la poesía es reflexivo: desemboca en el pensamiento. Pero la música es inmediata: sigue realizándose”. Y el flamenco, por encima de todo lo demás que es, es música, y por ello seguirá realizándose en su inmediatez sonora como lo ha venido haciendo desde que irrumpió en las tierras andaluzas, no se sabe bien cuantos siglos hace desde entonces. De ahí que como toda música, la flamenca sea una fuente en permanente manar. Preguntarnos si tiene futuro, ahora que se inicia un nuevo siglo, es obvio. Preguntarnos como evolucionará su actual configuración, es lógico. Pero enseguida hay que tener en cuenta una máxima acerca de toda música: poco importan las notas en música, lo que cuenta son las sensaciones producidas por ellas. Y en el caso del flamenco hemos llegado a la conclusión de que promueve sensitivamente unas fuertes emociones, no solamente en los entendidos o cabales, sino en un público mucho más amplio, que responde a la sugerencia de toda música con entidad.

¿Y esto qué quiere decir? Pues, sencillamente, que si todo arte tiende a reflejar la naturaleza, ya sea pintura, o literatura cómica o dramática, ¿qué intenta imitar la música? Se nos antoja que la música lo que desea no es imitar, lo que se propone toda buena música es algo así como adivinar la forma con que el mundo cambia con el tiempo. Sí, parece una metáfora, pero es la realidad. Entre todas las bellas artes, la música es quien más se renueva. Lo hace continuamente en cada género, no solamente en la creatividad compositora, sino también en la utilización de los instrumentos. No puede extrañarnos, por lo tanto, que el flamenco evolucione. Entre otras cosas, porque lo viene haciendo desde su germinación, de lo contrario no se habría constituido en un arte, en una música autóctona, que no folklórica, que ofrece una serie de variantes estilísticas asombrosa, con unos valores armoniosos y sonoros tan requintados, que además de conquistar voluntades día a día, es un tesoro de donde creadores de otros ámbitos toman giros y vibratos.

NUEVAS TENDENCIAS EN LOS ESTILOS

Y dicho esto, convengamos en que el flamenco nunca fue más rico en tendencias que en la actualidad. Tenía que ser así, aunque sólo fuera por acumulación de aportaciones. Por ejemplo, si nos asomamos al estado actual del baile, en el siglo XX se ha empezado a bailar por siguiriya, por taranto, por martinete, sin dejar por ello de bailar por tangos, alegrías o soleares, que eran los bailes que se configuraron definitivamente en el siglo XIX. Otra cosa es que a una buena parte de los aficionados les guste estos bailes más antiguos, bailados como se bailaban en los cafés cantantes y en los tablaos, y que a otros, que forman un apartado más numeroso, les encante y se inclinen por los nuevos presupuestos coreográficos de las versiones últimas. Es una cuestión que requeriría un tratamiento aparte.

Y como del baile podíamos decir de la guitarra. Todos cuantos escriben de flamenco están de acuerdo en que la guitarra es lo más evolucionado del género, tanto en acompañamiento como en su presentación de instrumento solista, con la puntualización de que muchos de sus intérpretes son compositores, y además, con la particularidad que el intérprete más famoso de todos los tiempos, a medida internacional, es un guitarrista: Paco de Lucía.

Debemos hacer una observación en torno al proceder de los concertistas de guitarra flamenca, es curioso que tras el empeño que pusieron los guitarristas en conseguir que se le prestara atención a la guitarra por sí sola, de un tiempo a esta parte, en sus actuaciones sólo tocan dos o tres temas en solitario, pues inmediatamente se rodean de un grupo de músicos y hasta de una voz cantaora. Y la verdad es que así, casi todos suenan lo mismo. El solista ha creado un grupo musical, distinto al clásico cuadro flamenco de los tablaos, y esta modalidad representativa e interpretativa del flamenco ha creado seguimiento, formándose conjuntos instrumentales que tienen un camino abierto hacia el futuro, partiendo de los actuales en ejercicio como Cañadú o Los Activos.

En cuanto al cante, existe un gran número de cantaores que siguen fieles a la discografía de los primeros cincuenta años del siglo, un legado cuya principal significación es que supone la salvaguarda para siempre de lo que estimamos estilísticamente legítimo, debiéndose reconocer que fue producto de una evolución de enorme trascendencia, como no se ha dado en los últimos tiempos ni por asomo.

Ante esta aplastante realidad, ante ese tesoro discográfico, que ahora se reedita sin sucesión de continuidad, utilizando los medios más modernos de la tecnología, los intentos de evolución en el cante son mínimos, hasta el punto de que lo que siempre fue más fácil, creativamente hablando, los fandangos personales, podríamos sumar solamente a lo largo de los últimas décadas tres o cuatro ejemplos con entidad original. El hecho de que algún que otro cantaor de renombre, guste a ratos interpretar una siguiriya a su manera como suele decirse, tal es el caso de Enrique Morente, no tiene gran incidencia. Y hay que apuntar la influencia de Camarón en jóvenes cantaores, pero esto es lógico, y anteriormente ocurrió, que se sepa, con Chacón, Manuel Torre, La Niña de los Peines, Marchena, Caracol y tantos otros artífices con acentuada personalidad y sonido propio e impactante.

LOS GIROS ACANCIONADOS

Donde sí se denota una evolución es el tratamiento de los estilos festeros. Desde las cantiñas a la rumba, las versiones diferenciadas han aparecido. No es cuestión aquí y ahora de enumerarlas, porque sería muy prolijo, pero sí recordar algunas características. Verbigracia: mientras que las alegrías se relentizan en las primeras letras, tirando incluso a canción melódica, las bulerías se romancean o se acancionan en demasía, sin olvidar que se canta mucha canción por bulerías.

Esto no es nuevo, como a simple vista puede parecer, pues ahí están los ejemplos de la Niña de los Peines o Antonio El Chaqueta, pero actualmente la canción por bulerías bulle a la orden del día. Después están los conjuntos seudoflamencos y los solistas que configuran lo que se ha dado en llamar flamenco/fusión. Estos grupos datan desde los últimos años cuarenta, no hay que olvidar al trío Los Gaditanos, con Chiquetete, Flores y Molina. A los cabales les asusta que la gente considere que el flamenco es lo que los grupos de hoy interpretan.

Tal vez sea así en gran parte del público que los aplaude y los mantiene, que es un público ciertamente masivo, predominando en él la juventud, pero a fuer de ser sinceros, no vemos claro que constituyan un peligro patente, es sencillamente un movimiento lógico, una tendencia de la música flamenca en relación con otras músicas modernas, que admiten la interpretación en grupo, porque así lucen y transmiten sensaciones anímicas muy fuertes en los jóvenes, que desean participar en esa música bullanguera y propicia al baile estentóreo, como en otros géneros.

Lo que es fijo en el moderno giro de la música flamenca, es que pese a su mezcla con otras músicas, siempre sobresale lo flamenco en la consabida fusión, y deja percibir el son de tango, de bulería o de rumba, porque realmente este flamenco nuevo, como también se le llama, formalmente no ha traído ningún nuevo estilo, lo que hace es nutrirse de los existentes, rebajando sus dificultades interpretativas. Y hay quien cree, que este flamenco/fusión le viene bien al flamenco fetén, porque buena parte de ese público que lo sostiene, al final termina aficionándose al flamenco clásico.

LA PROLIFERACION DE INTERPRETES

Bueno, después de contemplar el estado actual de las cuestión, miremos el futuro. Es imposible pensar que el flamenco clásico se diluya. Dícese en algunos comentarios que la desaparición de los núcleos humanos y las condiciones de vida en los que el flamenco se originó, puede ocasionar que su continuidad no se produzca. A nuestro parecer no será así, para ello tendría que suceder algo muy extraño socialmente en Andalucía. Se está diciendo lo mismo desde hace años y no pasa. Tenemos un ejemplo claro de que están equivocados los que lo piensan. El ejemplo está en Jerez. Se dirá que bien, pero que Jerez es aparte. Sea como sea, hoy en Jerez, cuando ya las familias gitanas viven desperdigados en distintas barriadas y sus miembros no se dedican ni a los trabajos campesinos, ni a forjar hierro, sino que se ocupan de los más diversos oficios y profesiones, siguen dando al mundo artistas flamencos con la misma intensidad que en el siglo XIX.

Y es que la música flamenca es algo que determinadas personas, gachés y gitanos o gitanos y gachés, tanto monta, monta tanto, llevan ingénita. Y una gran parte de esas personas se profesionalizan. Y en buena parte, lo mismo que de Jerez, se puede decir de cualquier otra ciudad andaluza, con la añadidura de la cada día mayor aportación artística de Extremadura, Madrid, Levante y Cataluña. El porcentaje de artistas flamencos irá en aumento en el siglo XXI, porque la demanda de espectáculos flamencos será progresiva, lo mismo dentro que fuera de nuestras fronteras.

A consecuencia de esta demanda que ya es una realidad, pero que se acrecentará año a año, pues sencillamente ocurrirá que el tratamiento del flamenco a nivel de representación, se someterá a muy distintas fórmulas teatrales. Y en ello se acertará o se fracasará, como ha ocurrido en el devenir del género, pero como el flamenco es ante todo, repetimos, música, responderá a la inmediatez, no se detendrá en barras, como vulgarmente se dice, y se expresará con sus cualidades artísticas y anímicas incluso cuando se sujete a una partitura.

Ya lo ha hecho así en determinadas etapas a lo largo de su historia y muchas veces, y sin embargo, no por ello ha dejado de prevalecer su entidad de música singular, porque en todo momento y circunstancia interpretativa soporta la improvisación del buen intérprete. Mientras que esto no se pierda, no se rebajará la importancia y originalidad del flamenco, su valor de música impar, única, lejos de toda semejanza.

TRADICION Y EXPERIMENTALISMO

Y seguidamente, quizás se imponga una divagación, antes de comentar otros aspectos de cara al futuro de la música flamenca, para poder después afrontarlos desde premisas justas. Es cierto que en los últimos años se han revelado e impuesto giros un tanto estrafalarios en el flamenco, experimentalismos de toda índole.

Así, en el baile, la expresión corporal y la mezcolanza de danzas clásicas o pasajes de la escuela bolera, se han acentuado, y hasta se han adaptado los movimientos flamencos a otras músicas, pero tampoco son nuevas estas secuencias, recordemos que Vicente Escudero bailó al son de dos motores, llevado de su fascinación por el surrealismo, debida a su amistad con los pintores de la época.

Lo que es más importante de los ensayos en torno al flamenco, es que al final queda lo que es realmente válido y no estorba al estilo e incluso lo enriquece. Quizás sean más peligrosas las exageraciones, los alardes físicos y los braceos y zapateados estrambóticos que también abundan en nuestros días. Mas en contrapartida surgen artistas jóvenes, como Eva La Yerbabuena o Antonio El Pipa, por citar dos nombres en candelero, que sin olvidar en ningún instante lo que se considera tradicional, le sacan partido grácil y enjundioso a lo evolutivo con formas positivas.

Entiendo, pues, que una vez mirado el panorama, en el que en primer lugar se encuentra un público que crece a diario, pero que es sumamente heterogéneo, existiendo dentro del total una gran parte de aficionados que comparten sus gustos entre lo tradicional y lo experimental, lo que se deduce de cara al futuro son varios aspectos: conforme pase el tiempo todo aficionado flamenco asistirá con mayor asiduidad a espectáculos del género, atenderá con mayor atención a la información que le prestan al respecto los medios informativos y también sucederá lo mismo con la discografía, tanto con la antigua que, repetimos, se está reeditando y finalmente se someterá toda ella a los últimos soportes técnicos, como con la que se vaya produciendo conforme aparezcan nuevos artífices.

UNA AFICION EN CRECIMIENTO

O sea, la afición al flamenco no solamente aumentará en las próximas décadas, sino que se irá constituyendo en una afición mucho más documentada y por ello mucho más exigente, en buena parte de ella, ya sea frente a lo que consideramos tradicional, como ante lo que se nos ofrece como innovación. Y con otra particularidad que ya se aprecia: casi las mismas personas que llenaron el Teatro de La Zarzuela, para escuchar a José Mercé, también acudieron para escuchar a Enrique Morente. Lo cual quiere decir, ni más ni menos, que se está creando una afición con una gustativa más abierta a las distintas tendencias flamencas.

Y si nos detenemos en analizar el porvenir de los estilos en sus formas más clásicas: los cantes por tonás y martinetes, las saetas, las distintas siguiriyas, las soleares varias, puede asegurarse que no desaparecerán ni muchísimo menos. Primeramente porque la discografía los ha fijado para la infinitud, y desde luego, ganarán en valoración por parte de los aficionados y por la crítica, por dos razones: una, porque tanto los aficionados como los intérpretes irán adquiriendo en torno a ellos una conciencia mucho más profunda de cuanto significan como bases primigenias de una música que crece en vertientes, pero que no puede olvidar sus raíces sonoras, y otra, porque aunque esos estilos básicos no se interpreten en los espectáculos con la intensidad que se ha venido haciendo en la etapa de revaloración --etapa en la que se han cantado incluso muchísimo más que en la época de los cafés cantantes--, estos cantes seguirán siendo los que le den importancia a un cantaor, por eso en las grabaciones y en actuaciones de mayor relieve y compromiso, el cantaor que se precie de serlo en toda su dimensión tendrá que demostrar, como antes y ahora, su conocimiento de ellos.

NUEVOS INSTRUMENTOS Y FORMAS DE REPRESENTACION

Otro aspecto del flamenco de cara al futuro, que se presenta con cierta entidad, es el del instrumentalismo. El añadir distintos instrumentos a la guitarra para acompañar el cante y el baile, no es nada nuevo. Para dejar esto bien sentado, sólo basta señalar que grandes bailaores y bailaoras han interpretado desde finales del siglo XIX coreografías flamencas con el acompañamiento de toda una orquesta. O también se puede reconocer que genios del cante, como Caracol o Marchena, han cantado con piano y violines. Lo que pone de manifiesto que también en la música flamenca nada hay nuevo bajo el sol. Y mañana comentaremos, entre otros aspectos, una que requiere atención: las formas de representar el flamenco.

Veamos , pues, lo que pasa es que a partir de los grupos que aparecieron en los años sesenta: se ha creado una nueva forma de representación e interpretación de los estilos flamencos festeros. Y en este punto quiero recordar lo que apuntaba ya hace años en otra serie de artículos teóricos. Es lo siguiente, que como aseguró Bacon, el tiempo, cada tiempo, es determinante y un especial creador, lo mismo que valorador del pasado. Y el tiempo del flamenco que llamamos tradicional o básico, transcurrió entre los siglos XVIII y XIX. En él, con respecto al flamenco, se cumplió la sentencia filosófica que dice: “El tiempo puede tener un parto difícil pero no aborta nunca”. El arte flamenco, ya lo dijimos entonces, hubo de ser un parto difícil de su tiempo, pero desde nuestra perspectiva fue un parto feliz o, al menos, dramáticamente hermoso para un pueblo. Y su concepción y su manifestación se sigue admirando por elementos de una sociedad completamente transformada.

Por lo tanto, que instrumentos de la música culta y de la música popular se sumen ahora a la interpretación del flamenco, está claro que responde a la concepción interpretativa que las nuevas generaciones tienen de la música en general. Y si esta orquestación se aplica con sentido, fidelidad a los estilos y, sobre todo, en la medida justa o necesaria, sin abusar de alardes rítmicos exagerados, especialmente en los instrumentos de percusión, no tienen por qué estorbar, sino todo lo contrario, enriquecer el género. Por ello, posiblemente en los próximos años, estas formas se irán depurando y quedarán establecidas en lo verdaderamente positivo que pueden aportar.

UNIVERSALIDAD Y VALORACION ARTISTICA

Y aunque ya sabemos, porque no los ha dicho el poeta, que el futuro no pertenece a nadie, por lo que en cada día de mañana puede ocurrir lo impensable, no por ello hay que dejar de intuir que cuando un arte como la música flamenca se extiende progresivamente por la tierra, no se puede desconfiar de su permanencia y sí confiar en su afianzamiento. Hay quien piensa que el flamenco se acaba. Y no es así. El flamenco se perpetúa. Lo está haciendo desde distintos prismas y enfoques. Desde la ortodoxia y desde la vanguardia experimentalista. Por eso el cante rancio de El Agujetas triunfa lo mismo en Madrid que en Tokio, y el anarquista Canales es aplaudido con la misma fuerza en Sevilla que en Paris. Y por lo mismo, la flauta de Juan Parrilla arranca un ole tan espontáneo en Barcelona como en Nueva York.

Qué queremos decir con estos ejemplos, pues que por paradójico que resulte, todos los extremos del flamenco, el sonío más primitivo o el detalle musical más depurado, si responden al espíritu estético y sentimental del flamenco, es asumido por los receptores como muestra legítima de una música en la que lo telúrico y ancestral siempre emerge sobre cualquier otro giro.

De hecho, en las fusiones del flamenco con el jazz, el pop o el rock y rap, el flamenco siempre prevalece, como antaño prevaleció al fusionarse con la farruca, el garrotín, el punto cubano, la vidalita, la milonga, la ranchera o la guajira, debido a que sus sones se han configurado desde unas entonaciones muy antiguas, provenientes de una mezcolanza de culturas musicales, que la creatividad de la gente andaluza y la dedicación de los más remotos profesionales ha elevado artísticamente hasta un nivel que ha merecido el reconocimiento universal, nombrándole la UNESCO Patrimonio Intangible de la Humanidad.

Sí, reconocimiento universal. Algo que determinados artistas y periodistas creen que es cosa reciente. No, el reconocimiento universal del flamenco data ya de dos centenares de años. Esta documentado este hecho de sobra. Lo que ocurre que actualmente la expansión del flamenco por el mundo es, como apuntábamos al principio, verdaderamente amplia y cada vez lo será más.

Abbie Hoffman, filósofo alemán coetáneo, cree que el futuro es ahora, que nosotros somos el futuro. Y quizás esté en lo cierto, que ya estemos viviendo en el futuro. Si trasladamos esta sensación al terreno del flamenco, tal vez el futuro del arte de nuestros amores y cuitas lo tengamos delante. Se mantiene la tradición y a la par se revelan los giros evolutivos, lo mismo que ha sucedido desde antaño, cuando Curro Dulce aflamencaba la guajira a finales del siglo XIX, Manuel Lobato, conocido como El Loli, hacía lo mismo con la farruca, o Manuel Torre definía a la saeta flamenca desgajada de las salmodias recitativas de la Semana de Pasión, incluso hacía un cante muy jondo de los campanilleros, y más tarde Marchena creaba la colombiana y Caracol le infería toda la jondura que le caracterizaba a una composición original de músicos cultos, que dio en llamarse zambra.

Ahora los experimentalismos son más audaces y por ello muchos fracasan o se alejan tanto de lo flamenco que no tenemos por qué considerarlos, pero lo que principalmente se acentúa son los tratamientos aligerados de los compases festeros, desde las cantiñas a la rumba, pasando por los tangos y las bulerías. En este campo se ha llegado posiblemente al punto más álgido. E igualmente en el aflamencamiento de baladas y canciones melódicas, que se ha acrecentado últimamente. Ir más allá será empeño muy difícil. Estamos, pues, en una situación estancada. Pudiéndose comprobar que lo moderno no ha desplazado a lo tradicional.

UNA MUSICA ABIERTA AL FUTURO

A la vista de esta realidad, no caben temores de cara al futuro. La tradición del flamenco persistirá como ha persistido la ópera, por señalar un género de élite. La música flamenca se llegará a considerar en esa distinguida dimensión artística. Fuera de su época de configuración y de las circunstancias que la rodearon, solamente una nueva concepción de su contenido, es la razón lógica de contemplarla. La prueba está en que se reclama, de una manera contundente, que se imparta en los conservatorios y de hecho ya es así en algunos, lo mismo que se extienden dentro y fuera de España las academias de baile, algunas de ellas en la Universidad, como en Granada, y se organizan cursos internacionales, de los que fue pionera la Cátedra de Flamencología, y para más abundancia del academicismo en torno a la flamenco, se empieza a hacerse realidad el sueño de Tomás Pavón, que deseaba dar clase de cante. Y en Jerez, siempre en vanguardia pese a ser cuna de la tradición, la Peña Tío José de Paula lo hace efectivo, primero con El Sordera de maestro y ahora con José Vargas El Mono. Una iniciativa que ya veréis como se hace costumbre en el próximo siglo.

Pero por encima de todo hay algo que descuella y que es un síntoma importantísimo para confiar en una continuidad del flamenco tradicional. Se trata de que existe una convicción muy generalizada entre los artistas de todo género, y muy especialmente entre los auténticos creadores de las bellas artes. Y esa certeza profundamente asumida, es que el flamenco es un arte tan fundamentado en sensaciones espirituales y humanas, y tiene tantísimo poder de sugestión, que ante su variedad y grandeza estética, tras sorprender a quien con sensibilidad propicia a su música lo percibe, le cautiva de forma rotunda.

Quien se aficiona al flamenco, sea de cualquier paralelo o meridiano, nunca decae en su entusiasmo, pasando del descubrimiento a la apasionada admiración. Existe a medida universal una sensitiva apreciación del flamenco. Lo cual supone no solamente que su vigencia estará ligada a la evolución o la fusión con otras músicas, sino que siempre perdurará bien latente la necesidad de conocer y analizar sus orígenes y sus estilos básicos.

Consideramos una cuestión clave en el futuro devenir del flamenco en todas sus formas de expresión, el mantenimiento de las bases. Y confiamos en que así sea, porque frente de la teoría que se está gestando acerca de que a la juventud no le interesa el flamenco en sus estilos tradicionales, venimos comprobando cómo jóvenes de todas partes y de todas las razas, acuden a un recital de El Agujeta o de El Güito, aunque también disfruten con las canciones aflamencadas de Navajita Plateá. Es lógico de que así sea, puesto que la juventud de este fin de centuria, es enormemente propensa a conocer todas las músicas y, en gran proporción, no se contenta con ser sentidora de un sólo intérprete o clase de música, sino que se interesa por un ámbito musical amplio y lo más enriquecido posible. No olvidemos la sentencia filosófica que nos advierte de un hecho que a veces no tenemos presente, que la iniciativa de la juventud vale tanto como la experiencia de los viejos. Y si asumimos tamaña reflexión, lo que sí irá aportando próximamente la juventud con relación al flamenco con indudable constancia, serán nuevas formas de expresión. El flamenco se irá integrando en otras artes y puede que aparezca en un acto sacramental o en una película cinematográfica de tema interplanetario. De hecho, ya un director de teatral ha declarado que determinado pasaje de una obra clásica, no podría tener mejor declamación que la del cante flamenco, por lo dramático y telúrico de su contenido. O sea, que el “sonío” flamenco, ya sea trágico o festero, tiene un porvenir incalculable dentro del mundo del espectáculo.

También hay que tener en cuenta que el flamenco está abocado a posibles nuevas formas de representación. Algo que puede ir más allá que la actual fórmula de cantaor y tocaor, o cantaor y grupo instrumental, sino que se fusionen todas estas maneras tradicionales de puestas en escena, con las coreografías de los cuerpos de baile, por ejemplo, a la manera de los grandes espectáculos musicales. Y lo que podríamos considerar un ensayo de esta última forma teatral, es el espectáculo <>, estrenado en el Teatro Madrid por el Nuevo Ballet Español, con música del grupo Cañadú, conjunto de instrumentos y voces que permanece sin sucesión de continuidad en el escenario a la par que los bailaores y bailaoras. En definitiva, el flamenco es un arte abierto al futuro. No puede desaparecer porque sus valores artísticos cada día, repetimos, son más reconocidos. Y aunque de sus esencias se desprendan interpretaciones heterodoxas, experimentalismos musicales de diversa índole, no por ello se perderán sus más tradicionales formas. En una época en la que todas las artes viven una transvanguardia, no puede ser de otra manera. Lo mismo que en las letras, el teatro y la pintura, actualmente conviven todos los ismos, en el flamenco ocurre que pueden convivir la tradición y la modernidad.

Hace setenta y tres años, don Manuel de Falla organizó el Concurso de Granada, porque creía, pese a la existencia de Manuel Torre, don Antonio Chacón, Mojama, Cayetano Muriel, La Niña de los Peines, Ramón Montoya, La Macarrona y El Estampío, entre otras genios del flamenco, que el flamenco fetén se hallaba en peligro de extinción. Y estaba equivocado. No pensemos nosotros hoy igual que el inmortal músico andaluz, porque si miramos a nuestro alrededor, hay ahora mismo una baraja de artífices jóvenes verdaderamente importante, muchos de ellos pertenecientes a dinastías cantaoras legendarias, raleas flamencas que proseguirán dando figuras al arte que llevan en la sangre y en la memoria.

Estamos convencidos, además, de que los estilos tradicionales del flamenco irán adquiriendo cada vez mayor valoración con el paso del tiempo. Lo mismo que hoy evocamos a Chacón, a Manuel Torre o a Sabicas, también los evocarán los cabales del año dos mil noventa. Incluso a lo mejor para entonces, figuran en las enciclopedias universales de la música, junto a los grandes creadores de las más famosas sinfonías, porque ellos, como posiblemente los jazzistas William Billy Arnold o Louis Armstrong, habrán alcanzado el lugar que les corresponde en la historia de la música. Una música autóctona de la entidad del flamenco, no puede perder sus bases. Siempre aparecerá quien las ponga de relieve y quien mantenga su vigencia. Hay realidades que no tienen vuelta de hoja. El flamenco tradicional permanecerá vivo entre una minoría de aficionados e intérpretes, como siempre. Pero, eso sí, cada día más valorado culturalmente. Quizás porque la cultura es una forma de la memoria, y el flamenco ya es memoria de un país. Y tal vez del mundo entero.