El duende taciturno


Discos Flamencos
LUIS DE LA PICA
El flamenco vive (2007)
Paco Vargas


Conocí a Luís de la Pica una noche de primavera adelantada en Marbella, en un tablao ya desparecido que se llamaba “Albero y Arte” por el que pasaron muchos artistas en su escenario de madrugada. Era aquél un lugar hermoso y libre en la noche ensimismada de la “ciudad de la sal”. Me lo presentó otro genio, El Chino, que junto a otros amigos lo acompañaban ya de vuelta de la noche eterna. Y yo estaba allí, como otras noches, esperando el momento, ese momentito de gloria, de goce absoluto, que los flamencos siempre estamos esperando y que tan pocas veces aparece. Fue por los primeros años noventa, quizá cuatro años antes de que se despidiera en silencio, que es como había vivido sus años de bohemia, de fatigas, de soledad y de tragedia interior. Me pareció un hombre atormentado, pero feliz, como el que nada espera de la vida, si acaso el afecto sincero de quienes lo admiramos hasta su muerte. Todos los que allí estábamos esperábamos con emoción contenida que nos dijera algo. Y ya lo creo que lo dijo: Luís de la Pica decía siempre, pero cuando lo decía envuelto en aquella tragedia permanente la noche enmudecía y los corazones se encogían en una flor de sangre que siempre olía a borbotones hasta embriagar el alma. Luego hubo alguna ocasión más, pero no siempre fue igual. Era otro de sus tesoros escondidos: de él se podía esperar todo menos la indiferencia de la emoción.

De nombre Luís Cortés Barca, el alias artístico lo heredó de su madre María la Pica. Nacido en Jerez de la Frontera en 1951 y fallecido en 1999, su trayectoria la desarrolló principalmente en su tierra natal, en festivales y peñas flamencas. Cantaor ortodoxamente distinto, encontraba su norte en los estilos de su tierra, sobre todo las bulerías y soleares, aunque no hubo cante que no imprimiera con su personalidad de artista grande y único.

Si el flamenco está siempre necesitado de operaciones de rescate histórico –la nostalgia así nunca es un error-, en el caso Luís de la Pica, que apenas publicó su obra en vida, resulta aún más gozoso y acertado, por cuanto sin esta obra, “El duende taciturno”, no hubiéramos tenido la oportunidad de acercarnos a su personalidad artística, aquí sólo intuida. El periodista e investigador Alfredo Grimaldos ha reunido en un libro y un CD parte de la vida de aquel genio del cante y de la poesía flamenca. Una decena de cantes –soleares, bulerías, tangos, alegrías, bulerías por soleá, fandangos, alegrías, soleares y bulerías- grabados en directo entre los años 1989 y 1999, recogidos en distintas actuaciones. En este caso, muy acertadamente, se ha sacrificado la calidad del sonido en aras del valor de su testimonio artístico ya definitivo por irrepetible. Y claro, de ese instante de gloria que supone y deja un regusto de recuerdo inolvidable. Porque todos los que tuvimos la suerte de compartir momentos y fiestas con él, de verlo actuar, recordamos su temple de torero grande –a los que tanto admiraba-, de artista exclusivo; su personalidad gitana su compás propio –todo fue propio en él-, su poesía de amor y muerte, de noches blancas, de espumosas olas, de tardes de corinto, del barrio que lo vivió, de jardines blancos y de nubes negras y flores de terciopelo. Merece la pena seguir en ellas para escuchar a Luís de la Pica.