El Cante en Movimiento


Discos Flamencos
Rafael Jiménez Falo
RJF (2011)
Pablo San Nicasio Ramos


Pasa por ser, sin ningún género de dudas, uno de los cantaores más cultivados del panorama actual.

Cantaor oriundo de tierras astures, Rafael Jiménez “Falo” se puede considerar también un artista polifacético, estudioso y pedagogo, visceral y a la vez racional, curtido en el mundo de las compañías y los tablaos de toda la geografía planetaria. Y es que allá donde ha actuado, Rafael siempre ha conseguido el máximo respeto de propios y extraños.

Llamado y convocado desde la juventud por insignes representantes del arte jondo, Rafael Jiménez además ejerce actualmente la docencia en diversas instituciones de Madrid, públicas y privadas, por lo que su legión de seguidores, discípulos y admiradores, no para de crecer.

De su producción discográfica carecíamos de noticias desde hace muchísimo tiempo. Su único disco en el mercado, “Cante Gitano”, del año 1996, supuso un aldabonazo en el panorama del cante ortodoxo, reconocimiento incluido. Disco que es casi un clásico ya, pero que se nos hacía demasiado lejano y solitario para aquellos que conocemos sus modos y formas, casi científicas, de abordar el flamenco.

Es ahora, con “El Cante en Movimiento” cuando Rafael reaparece en el mercado flamenco para ofrecernos el disco que tenía en mente desde entonces.

Obra milimétricamente diseñada, escrupulosamente financiada e insuperablemente acabada, se trata de nueve cantes de variado metraje y compás, siempre mirando al flamenco más radical, en el sentido de raíz, y teniendo por bandera un concepto donde prima el respeto por los grandes maestros del pasado y sus aportaciones vigentes.

Todo, en un marco de recreación personal de estilos y letras que hacen de este, uno de los trabajos más interesantes del 2011.

Nueve movimientos que se abren con “La Nieve y la Rosa”, montañesa que marca un antes y un después, en el estilo flamenco que nos ocupa, en su tratamiento y en este álbum. Tema central del disco por la aportación estilística, desenjaule de un cante casi olvidado con sus constantes metáforas y por las interpretaciones y arreglos de todos y cada uno de los que aparecen en él. Interesante uso de las percusiones (hay panderos antiquísimos sonando aquí y hoy en desuso), monumentales intervenciones de Fernando de la Rúa y Cano, y sublime Rafael Jiménez, quien cierra el círculo sobre un estilo que hará replantearse a más de uno el abanico de cantes flamencos.

Los “Tangos de la Llave” poseen algunos elementos del fado y signos de la interpretación jonda extremeña, fortín inexpugnable de flamenquería. Aquí vemos a Rafael haciendo un personal uso del vibrato en la voz, mientras que Fernando de la Rúa moviliza su talento en desgranar armonías de nuevo vanguardistas y novedosas para acompañar por tangos. Un cante mucho más habitual que el anterior pero al que de nuevo se le vuelve a lavar la cara.

Las palmas de Manuel Liñán y Marco Flores, junto a los tacones de Rafael Estévez, dan vida rítmica al exquisito cante por bulerías que es “Pregón del Mercado”, tercer movimiento que rinde homenaje a la figura injustamente ninguneada de Manuel Vallejo. Dará que hablar también, ya que el mero hecho de recordar al poseedor de la segunda llave del cante hace suponer, y aquí Rafael lo muestra sin problema, unas facultades vocales más que notables.

Falo se acompaña en la soleá “Loco sin Conocerte”, del piano de Pablo Suárez, revelación instrumental de última hora, con la que da actualidad musical a cantes de añeja textura y honda personalidad, como eran las de Tio Juaniquí o Tío Chozas. Lirismo y vanguardia de la mano en un ejercicio de difícil pero logrado acabado.

El cante de Rafael Jiménez se abraza al violonchelo de José Luis López en el Romance “A tío José de los Reyes, el Negro”. Pieza de abrumadora hondura y estremecimiento único, todo un libreto sobre la historia de la persecución.

La guajira “Terrón de azúcar” supone otro de los puntales de un disco visceral y más necesario que nunca. Un grito reivindicativo y abierto a todas las ideas flamencas. Rematado con una trilla de Huelva, el tema cuenta con las colaboraciones de Cuchus Pimentel e Ildemaro Díaz.

La recreación de la malagueña de Enrique “El Mellizo” que hace séptimo lugar deberá estudiarse detenidamente con el tiempo. Con recursos de Aurelio y el Flecha, este directo es digno de figurar en la discografía obligada de todo el que empieza. Con, además, el acompañamiento de Arcadio Marín, que se adapta con su guitarra al exigente tipo de guitarra que requiere la voz de “Falo”.

Los tientos “El Pensamiento”, tratan de reivindicar un estilo siempre vigente y a algunos de sus más insignes estructuradores: El Marrurro, Frijones, Manuel Torre, Pastora… el cante acabará por zambra. Sin duda estamos ante otra cumbre del disco. Tema que abraza las texturas de instrumentaciones folclóricas con esencias netamente flamencas, en el contexto de una dificultad nada despreciable para todos los intervinientes en él. El trabajo a estas alturas tiene toda la categoría de los que se recordarán de la cosecha de 2011.

Y la soleá final, de varios autores, con que cierra el disco es, de nuevo, una reivindicación total al arte que, como Rafael escribe en el libreto, “Alimenta a miles de personas en todo el mundo gracias a artistas como aquellos” a los que este álbum homenajea.

Soleá donde Rafael hace uso de nuevo de un potente efecto “vibrato” en su garganta, y donde David Serva acompaña de la manera más sobria posible.

Recapitulamos: un disco variado, de excelente acabado, con información fresca sobre cómo abordar cantes habituales y los no tanto. Lección de cante de un maestro que se quiere acordar de los autores y creadores de eso, el cante. Lo que permanece mientras las generaciones y los cantaores se suceden. El cante, impasible pero a la vez en continuo movimiento.