Diferente


Discos Flamencos
Niño Miguel
Universal (2008)
Antonio Nieto Viso



La guitarra flamenca está en continua evolución, especialmente, desde que Paco de Lucía, recogiendo el sentir de las generaciones anteriores, y merced a su enorme talento musical, ha llevado este sonido a los cinco continentes, caso excepcional hasta ahora por lo efectos conseguidos, ya que el Flamenco se codea con otras músicas con resultados más que satisfactorios.

Dicho esto, acudo al archivo sonoro para refrescar la memoria con la obra de un artista que pudo ser, pero que no lo es, desgraciadamente, el destino le dio la espalda, y solo nos dejó breves pinceladas de su grandeza. Hoy queridos amigos y amigas, quiero compartir con vosotros las emociones que he sentido escuchando el toque único e inigualable de “Niño Miguel”, nombre propio de Miguel Vega de la Cruz, que nació en Huelva en 1952. Estaba llamado a ser un gran guitarrista, tanto de concierto, como para el acompañamiento, pero por razones que no vienen al caso, un misterioso silencio apagó su estrella en la III Bienal de Arte Flamenco Ciudad de Sevilla.

Su genialidad musical nos la dejó para siempre en dos discos de vinilo conocidos como, ”La guitarra de El Niño Miguel” y “Diferente”, grabados en Philips en los años 1975, y 1976, y reeditados en cd, en 1999 por Universal, ambos descatalogados, pero que se pueden encontrar en los archivos sonoros, y en las casa de los buenos aficionados.

El susodicho cd. que contiene diecinueve temas, percibimos toques apabullantes cargados de matices que suenan a gloria en las horas de inspiración del artista, en la que algunos seres humanos ponen de manifiesto, tanto en el estudio de grabación, como lo captados por los micrófonos en las escasas grabaciones que nos quedan del directo, un patrimonio corto pero sobrecogedor.

Según mis noticias, entre sus más importantes conciertos, recordamos la del año 1973, en el que consiguió el premio de honor del II Certamen Nacional de guitarra flamenca de la Peña Los Cernicalos de Jerez de la Frontera, le recordamos asimismo en la III Bienal de Flamenco de Sevilla, y en el Concurso Nacional de Arte flamenco de Córdoba. Al mismo tiempo nos emociona escucharlo acompañando al gran Enrique Morente junto con “Tomatito” en “Sacromonte”, una interesante obra de 1982.

En los diecinueve cortes que la casa discográfica Universal puso a disposición del público, nos encontramos nada más comenzar con “Vals Flamenco”, eso es un vals, para irnos preparando un continente y un contenido, que a mi juicio hay que dedicarle un estudio exhaustivo, sobre todo por expectación que levantó en su momento, y aún hoy lo sigue consiguiendo a pesar del tiempo transcurrido.

Las distintas circunstancias para el toque, nos introducen en apreciaciones personales de pasión y entrega de un bordoneo señorial de un sonido sobrio, pero que viene de siglos. Lo encontramos jerezanísimo por bulerías junto al señorío que le caracteriza, haciéndonos creer que nació en Jerez rodeado de vinos y caballos; pero no nos engañemos “Niño Miguel” es choquero, porque así lo quiso Dios.

Rociero hasta las cachas, lo demuestra en el corte cuatro en “Recuerdos a la Virgen del Rocío”, unas sevillanas revolucionarias que pocos lo pueden igualar. Tema a tema, vamos disfrutando de la variedad, ahora, “Entre Mazagón y Sanlúcar”, toque clásico que asombra por expresar musicalmente como es la desembocadura del Guadalquivir por alegrías en las que la diacronía del tiempo lo hace imperecedero. Sintiendo los aires onubenses como inspiración, nos llevan a una soleá y a el frenesí de una rumba de vanguardia de aquellos años.

En la grabación de 1976, “Diferente”, la abre con una rumba novedosa. Bulearero con el pensamiento busca la fuerza en la tierra que lo vio nacer, acordándose de lo hecho por otros guitarristas. Aporta la novedad flamenca diferente, que lamentablemente no ha tenido continuadores en bulerías por rondeña con un dominio absoluto de la técnica. La media granaína está llena de embrujo y melismas musicales que cuadra con “Minas de Riotinto” metiéndolo por tarantos, en los que pienso que tiene que ver con los orígenes almerienses de su familia.

La variedad y la cantidad, nos va llevando al final con actos de generosidad en el zapateado y el repiqueteo sobrecogedor pasando por un zambra y una farruca para nuestro deleite de todo lo percibido, que es de mucha importancia, para terminar como empezó, por rumbas, un broche de oro a estas dos obras.

En la grandeza de ser aficionado queda encerrada toda una efímera gran obra, interesante, comprometida, de una época en que la lucidez momentánea acompañó y condicionó al gran guitarrista “Niño Miguel”.