De mi corazón al aire


Discos Flamencos
Vicente Amigo
CBS / Sony, 1991
Pablo San Nicasio Ramos


El año 1991 alumbró para la discografía flamenca a un prodigio nuevo. Su nombre, Vicente Amigo. Guitarrista que se unía a la nómina de maestros que, desde años antes, estaban grabando algunos discos que hoy son imprescindibles en la historia del flamenco. Teníamos otro más: “De Mi Corazón al Aire”.

Momento clave este porque amanecía una guitarra que traía justo lo contrario de lo que parecía la moda en el toque. Años de Cañizares despuntando, de Riqueni y el mundo clásico, de los mejores Paco y Manolo, del Tomate de “Barrio Negro”, de un rutilante Gerardo... sonantas que estaban rizando el rizo en la expresión flamenca y marcando cotas de perfección técnica hoy por hoy insuperables.

Vicente, sin embargo, con una técnica envidiable, a la misma altura que los anteriores, llevaba la sencillez (aparente) a la guitarra y hacía que a todos, pero todos todos los que tocaban la sonanta, se les hiciese la boca agua buscando el sonido, los acordes, las melodías y las fórmulas que usaba el joven de Guadalcanal.
Era el primer paso de lo que hoy es una verdadera fiebre entre los que tocan flamenco. La que tiene como principal síntoma querer tocar como él.

El secreto de tal éxito residía en la sencillez. Eso sí, repito, aparente.

Teníamos referencias del cordobés porque le habíamos visto antes componiendo antológicas letras para Camarón, secundando a Manolo Sanlúcar en su grupo y llevando de la mano de su guitarra por las esquinas blandas del flamenco a El Pele. Vicente, además, había arrasado en los concursos de guitarra donde se presentaba, y llegaba al concertismo con argumentos para dejar en ridículo a los que, desde entonces, se meten con una guitarra de la que seguramente beben.

Este disco se plantea en ocho temas cortos, variados en el compás pero con una clara apuesta por la búsqueda de un sonido nuevo, una expresión cercana y una armonía propia. Era una búsqueda en solitario. Todavía estábamos en la hora de las presentaciones.

“De mi corazón al aire” es una rumba que quizá sea de las muestras de mayor complejidad rítmica del disco. Técnicamente maravillosa, melódicamente resultona, esta pieza cuenta con uno de los mayores elencos de percusión de todo el disco. De todos modos, al final este no deja de ser un acompañamiento discreto, para lo que solía usarse y hoy ya es norma. Esas bandas que tapan al guitarrista y son casi un combo cubano.

José Mercé (quizá aquí se empezó a fraguar el disco “Del Amanecer”) aparece en “Reino de Silia”. Lugar lejano, indefinido, que se aludirá también en la farruca de su “Momento en el Sonido”. Soleá por Bulerías que solo se acompaña de las palmas y que deslumbra. De nuevo la técnica al servicio de saber decir algo. Vicente podrá o no gustar pero dice cosas y las dice con su lenguaje. Dos opciones para entender su éxito: o las dice muy bien dichas o su lenguaje lo entiende todo el mundo. Ambas.

Las bulerías “Gitano de Lucía” todavía hoy resuenan en los bises de sus directos. Toque que gusta mucho de las progresiones melódicas. Juego de contratiempos en las llamadas. Ligerísimas percusiones. Empezamos a notar en estos toques festeros el gusto por dos conceptos fundamentales en este guitarrista: el arpegio a toda costa y las armonías jazzeras a la vez que personales. El inicio es quizá un homenaje a las introducciones del de Algeciras en sus toques por bulería. De menos a más y viniendo de la lejanía (¿Quién no recuerda la presentación de las bulerías “El Pañuelo”?)

A Morente dedica una granaína homónima, de bastante novedosa factura. Obra maestra. Amigo se muestra en sus composiciones a la misma altura artística, cuando menos, de los dedicatarios de su guitarra. Esta pieza es original porque no se basa en una armonía tradicional de la granaína. Vicente simplemente coquetea con esa tonalidad, la de Si. Lo que ocurre es que como las armonías que incluyen tienen puntos sonoros en común no nos perdemos. He ahí. Sin salirnos de la esencia flamenca buscamos otro modo de expresarnos, que además gusta y convence.

“Maestro Sanlúcar”. Otro de sus puntos de apoyo para la vida. Genio de la guitarra que le acogió y enseñó todo siendo un niño. A él va un corte que lleva inicios con recuerdos tímbricos árabes y acordes impropios de unas alegrías. Más bien sacados del toque por Levante. Alegrías que serán tomadas como referencia en su disco posterior “Poeta”, también en las alegrías. Quizá aquí se vea al Vicente más técnico. Comienza y finaliza doblándose él mismo en un juego de timbres y armonías logrados.

Con letras de oro hay que aludir a “Callejón de la Luna”. Pieza inicial de sus conciertos en la actualidad. Taranta que le encumbró en el toque libre. Exposición reposada, rotunda. El primer minuto y medio es el lirismo del flamenco, señores. Se va tensando la cuerda y empezamos a ver ya tragedia, guitarra que no es que suene. ¡¡ Es que consigue llorar!! El trémolo y su inmediato desenlace es justamente el clímax del disco. Es la pieza más larga y una de las obras maestras de la reciente historia de la guitarra flamenca.

Otra dedicatoria llevan las bulerías “Morao”. Pero si no las llevasen tampoco pasaría nada porque sigue viéndose a un guitarrista absolutamente nuevo. Nada de influencias conocidas previsibles. El cante en esta pieza a mi juicio no queda bien. En ninguna de sus muestras. Quizá no esté a la altura y sólo el contenido de su letra podría justificarlo. Corta de raíz a la guitarra y además no se acompaña de ella.

Cierra este disco la soleá “Tío Arango”. Este es el primero de los tres o cuatro toques que siempre llevan el mejor surtido de características del cordobés. Junto a las farrucas, los zapateados, las bulerías y las alegrías, la soleá es donde se puede ver la completa autosuficiencia armónica y melódica de este guitarrista, que se abastece de todo el flamenco. Lo tiene en la cabeza. Aquí, sin ir más lejos, vemos fragmentos con armonías de farruca.
Finaliza esta soleá como suele hacerlo Vicente hoy día en sus recitales, acelerándose y concluyendo en los límites agudos del mástil.

Para ser buen guitarrista es imprescindible salir solo de las dificultades. Vicente lo hace en este disco. Hoy día, al escucharle con su cuadrilla de músicos, directamente, el espectador ya deba empezar a describir lo que se siente al ver algo que pasará a la historia del flamenco.

Disco antológico. Guitarra sola, desnuda y mostrando buenas carnes, temas donde agarrarse para los restos. Sin duda es el trabajo de Vicente Amigo donde encontramos mayor cantidad de obras maestras. Pocas colaboraciones, ni falta. “De Mi Corazón al Aire” queda dicho, será un surtidor de temas para “Poeta” y para “Vivencias Imaginadas”. Otros discos relevantes para los que quieran una brújula.
Hay álbumes que pueden redimir a una afición del pecado.