De Cádiz y sus cantes


Libros
Fernando Quiñones 
Fund.José Manuel Lara, 2005
Marcos Escánez Carrillo


Olvidando romanticismos y otras hierbas propias de la época, Quiñones defiende las Jarchas como antecesor natural del flamenco. El tratamiento del estudio podemos sintetizarlo al decir que utiliza sutiles devaneos que van desde el aspecto histórico al aspecto musical y viceversa, desde el ámbito del folclore hasta el del flamenco. Todo esto, condimentado con un excepcional estilo literario y una sagaz exposición de acontecimientos con la que demuestra una extensa y documentada cultura, hacen que este libro sea imprescindible para el aficionado al flamenco.

La teoría de que el origen tiene lugar y se desarrolla entre el siglo XVI y el XVIII, haciendo recaer toda la responsabilidad de la creatividad en la etnia gitana, se contradice con el planteamiento en el que encuadra la ciudad de Cádiz como enclave de encuentro de muy diversas manifestaciones folclóricas de toda la península y sobre todo, de América.

Y “Amanece el Flamenco” con Tío Luis de la Juliana, Fillo, Planeta… en un Cádiz festivo y reivindicador…

El valor narrativo de la obra es incuestionable, y cada uno de sus repasos a las distintas épocas es como estar asomado a la ventana de un tren de la memoria, en el que las secuencias suceden en un solo instante.

El cante de Cádiz es verdaderamente característico por ser recortaíto, y en su recorte es hiriente, y cuando está bien hecho, te deja “pillao”, “asomao” al precipicio con “tó” el cuerpo fuera. Quiñones tiene la lección bien “aprendía” y deja aparecer sus ideas a borbotones, pero con la brevedad de la flamencura gaditana.

Para una plena comprensión, se debe tener en cuenta que Quiñones considera el flamenco como el Folclore del pueblo andaluz. Consideración que al día de hoy, no sólo está en desuso, sino que además está absolutamente descartada.

Y tras el justo tratamiento de diversos eventos que han resultado históricos, tales como “El pájaro azul” o “Alcances”, termina la primera parte del libro haciendo una especie de balance de la situación del flamenco en el Cádiz de los años 70, que fue cuando se concibió la segunda edición de este libro, un momento algo carente de cantera gaditana, y algunas reflexiones sobre cómo encarar el futuro.

En la segunda parte, titulada “Memoria de los cantes de Cádiz” entra de lleno en el análisis de las formas gaditanas. Conduce al lector con bastante habilidad, ayudándole o enseñándole a valorar aquellos aspectos que definen y configuran la estética gaditana. Acierta, sin duda, cuando fija sus claves en las que se relacionan a continuación :

- Una clara tendencia a economizar en la duración de los tercios.
- Una marcada abundancia de accidentes rítmicos.
- Una llamativa escasez de lamentos largos y desgarrados.




Y es que Quiñones prefiere hablar de la estética del cante de Cádiz más que de los estilos que allí han visto la luz. Atribuye cierto aire jocoso a los cantes de atrás, y por ende a los cantes de ritmo, y localiza el desarrollo de algunos palos en Cádiz, si bien no le atribuye su nacimiento. Tal es el caso de la Caña, el Polo, la Seguiriya, el Martinete o la Soleá…

Durante toda la exposición, pone de manifiesto aquellos puntos en los que no está de acuerdo con “Mundo y Forma del Cante Flamenco” de Ricardo Molina y Antonio Mairena; y si bien trata este libro con sumo respecto, no entiende su doctrina como sentencia, que era lo que en ese momento se respiraba.

La enumeración de artistas gaditanos y la aportación de datos biográficos sobre éstos complementan de forma amena el trabajo. Pero no se equivoquen, “De Cádiz y sus cantes” es un libro que acaba manoseado y viejo antes de terminar su lectura. Un libro que se sufre al disfrutarlo. Yo, particularmente, y teniendo en cuenta el momento en que se escribió esta gran obra, recomiendo complementar el acercamiento al flamenco de Cádiz con la lectura del libro de Javier Osuna titulado “Cádiz, cuna de dos cantes”.