Confesiones de Rafael Pareja


Libros
Juan Rondón Rodríguez
Edics La Posada (2001)
Marcos Escánez Carrillo


Recuerdos y Confesiones del Cantaor Rafael Pareja


"Arte y Artistas Flamencos" de Fernando el de Triana es una obra clave para la investigación sobre el flamenco. Con este libro se desterraron determinados mitos que nuestra consciencia histórica y nuestro conocimiento sobre épocas pasadas, había alimentado. La falta de documentación no perdona…

Ahora contamos con bastantes trabajos recopilatorios de datos y críticas, que resultan ser vaciados de recorridos por hemerotecas. Trabajos tan imprescindibles como impagables, pero contamos con muy pocos testimonios de artistas que nos den opinión, mojándose, de sus antecesores y de sus coetáneos, y que de una u otra forma, nos ayuden a tener una visión general de su época. Pareja lo hizo de la mano de Juan Biondi como escribiente allá por 1951, aunque ese libro, anunciado en varios medios de comunicación de la época, no llegó a publicarse nunca.

Es Juan Rondón y su infatigable búsqueda de la verdad quien consigue ponerlo en nuestras manos por medio del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba.

Y es curioso que un libro como éste se haya publicado con una edición tan cortita en ejemplares, que al día de hoy sea prácticamente imposible conseguir un original del mismo. Y lo digo con mucha pena, porque este trabajo se suma por derecho propio a los libros claves e imprescindibles para el estudio de nuestra historia del flamenco.

Después de leerlo, sólo queda la sensación de que en la investigaciónqueda mucho camino por recorrer. Es más, que hay mucho camino recorrido que hay que “desandar”…

La estructura es sencilla y muy amena. Primero, el testimonio de Pareja, ¡que a los maestros hay que dejarlos hablar sin interrumpirlos!. Luego, interviene Rondón con esa máxima de … “Vamos a ver si es verdad lo que dice el Maestro”, aportando un trabajo de investigación encomiable, que sobrepasa muy sobradamente el notable del rigor y la generosidad informativa.

“La puntilla”, “el remate”, “la deducción” o “la apreciación del matiz” viene de la pluma de Romualdo Molina, que además de aportar su granito de arena en cada una de las anotaciones de Rondón, completa el libro con un interesante apéndice en el que trata varios temas de especial interés y que se desprenden del testimonio de Pareja sin tratarse de forma explícita. Cuestión de matices, si se quiere pensar…pero que vienen a poner cosas en el sitio que le corresponden. Por ejemplo, trata con especial sensibilidad la enseñanza y el aprendizaje, algo que siempre se ha obviado en el mundo del flamenco, o mejor dicho, se ha maquillado e incluso camuflado con la expresión “transmisión oral”.

Pareja pone de manifiesto, queriendo o sin quererlo, yo diría que de forma natural, la importancia del maestro y de la relación de éste con el discípulo. Romualdo Molina, agudo de observación, sobrio en su planteamiento e inteligente en su perspectiva, desarrolla todo un tratado en torno a este fenómeno, y aprovecha, además,algunos de los entuertos que el de Triana deshace de un plumazo (y nunca mejor dicho) en su testimonio.

Por su parte, las investigaciones de Juan Rondón se encaminan en todo momento a servirnos de guía de lectura para poder alcanzar y entenderla importancia de las palabras de Pareja.

Entre los muchos hallazgos, descubrimos a guitarristas de los que no habíamos oído hablar con anterioridad, tales como Chico Gil, Chinchorrito o Cristóbal el de Villamanrique, o cantaores como El Bohigas o El Petaca. Este último, de suma importancia por ser el maestro de nuestro protagonista, además de ser considerado por éste de la talla del gran Silverio Franconetti.

Después de que algunos investigadores hayan puesto en duda la existencia del Café El Palenque, en el que Blas Vega y Ríos Ruiz sitúan el debut artístico de Fosforito el Viejo en 1883, viene Pareja a ratificar su existencia para gloria de Jerez y del DEIF (Diccionario Enciclopédico Ilustrado de Flamenco).

Rondón y Molina aportan como dato curioso la relación entre la amistad y simpatía que Chacón tenía con el torero Rafael Molina “Lagartijo” y el nombre con el que el cantaor etiquetó su cante de preparación para la Granaína. Dicho nombre, “Media granaína” se inspira en el pasito atrás que Lagartijo innovó en el momento de estocar al toro, y que la afición a la fiesta bautizó como “Media lagartijera”.

De igual forma, se aporta cierta luz sobre la identidad del seguiriyero Marrurro, con el que se ha especulado mucho sobre su verdadero nombre y apellido, ya que para la memoria de la flamenquería ha quedado que murió muy joven al salir de la plaza de toros de Algeciras, cuando al parecer, el finado era hijo de Antonio Monge “el Marrurro”, el verdadero.

Interesante planteamiento el de Romualdo Molina sobre el mítico Enrique el Mellizo, que realmente no aparece en los papeles hasta que su hijo Enrique Hermosilla los divulga fuera de Cádiz, y cuyos cantes son atribuidos por Breva Chico a Ramón el de Triana, de quien los aprendió el Mellizo.

Rondón, en otro pasaje, pone en tela de juicio que lo que conocemos como Malagueña de la Peñaranda de boca de Pepe el de la Matrona y grabado por Enrique Morente, sea de dicha cantaora, ya que José Luque Navajas considera este cante como una versión ralentizada de la bandolá de los jabegotes recogida por las cantaoras Joaquina Payán y María la Chilanga. De igual modo, puede ser significativo que Pareja, reconociendo al Niño de Tomares como seguidor y alumno de los cantes de la Peñaranda, no le atribuya este cante. Y todo esto viene a confirmar las dudas que Pepe de la Matrona siempre manifestó sobre su autoría. De hecho, el Maestro Enrique Morente me confesó que tras grabar el cante con esta etiqueta, recibió una reprimenda de su Maestro, Pepe de la Matrona, ya que él siempre dijo que creía que era de la Peñaranda, pero que no estaba seguro… Hasta tal punto, nuestros artistas mayores hacían gala de un rigor que hoy brilla por su ausencia entre la mayoría de los artistas en activo.

Otras de las teorías que desmorona Pareja se refieren al Fillo y a su inexistente relación con las Cabales que tantos investigadores le han atribuido; las históricas afirmaciones sobre la maestría que el Fillo desempeñó sobre Silverio, siempre basadas en erróneas interpretaciones de desafortunados comentarios; o el desarrollo cronológico de los cantes de Cádiz (entiéndanse caracoles, cantiñas, romeras y alegrias).

Y no perdamos de vista que si Fernando de Triana era cantaor y guitarrista mediocre, aunque culto, su importancia para el flamenco se deriva de la creación de una malagueña y de su habilidad para escribir lo que ha terminado siendo un legado documental incuestionable. Con Pareja se dan circunstancias similares, aunque su legado escrito nos llega mucho más tarde, y por tanto, se diluye en la numerosa oferta investigadora que vivimos.

Pero el matiz es importante, y es necesario considerar que Pareja fue una institución en el flamenco de la época. No sólo conoció los cantes de Silverio, sino que los escuchó personalmente; no sólo conoció a Chacón, sino que fueron compañeros; no sólo habla de los artistas mayores de su época, sino que también habla de los menores, - muchos de ellos los hemos conocido personalmente -, y aporta un fondo gráfico en el que muchas de las fotografías están dedicadas por los propios artistas y en cuyas dedicatorias reconocen en Pareja a un gran Maestro.

Como creador, parece que fue sobresaliente en lo que hoy conocemos como Tientos-Tangos, y se le atribuyen músicas tan importantes y conocidas como las asociadas a las letras :

- Inmediato, en aquel pocito inmediato…

- Con la banderita…, popularizada por Pepe Pinto.

- Amparo, por Dios, Amparo…



Con sus palabras podemos intuir un excelente y prolífico ambiente de afición a laflamenquería, y a pesar de que en cualquier rincón de Andalucía podía aparecer un aficionado que consiguiera ponérselo difícil al profesional, el flamenco siempre ha estado en manos de los profesionales.

Cerremos este capítulo sobre este libro de Pareja,significando que lejos de requerir una rápida lectura, es necesario buscar un sitio privilegiado en la estantería de nuestra biblioteca, muy cerquita de la mano para consultarlo muchas veces, como si de un diccionario se tratara, y muy presente en nuestra afición, como una manifiesta demostración de que todo no está dicho.