Con el flamenco llegó el escándalo


Libros
José Gerardo Navarro
Azarbe (2006)
Marcos Escánez Carrillo


El prestigioso investigador José Gerardo sigue la línea de investigación que tiempo ha creó sobre el flamenco en la provincia de Murcia; esta vez, recorriendo la prensa de Cartagena y La Unión durante el siglo XIX.

Las conclusiones, tras la lectura de este volumen, son numerosas y sustanciosas, por lo que es de recomendada lectura para los aficionados que no se quieran quedar en la anécdota fácil y manida.

Entre otras cosas, Gerardo nos invita con su texto a reflexionar sobre el nacimiento del flamenco partiendo de otras músicas de carácter nacional; reivindica la importancia del levante peninsular como centro de aglomeración de personas, pudiéndose comparar con Cádiz y Triana, aunque sin las influencias externas y el intercambio cultural que estos tuvieron; acaba con la posible relación del término “taranto” con la palabra “tarantela” al demostrar que ésta última es un baile de aceptación en Italia que tiene claras influencias del fandango y cuya vivacidad elimina la posible relación con el cante levantino…

Los distintos periódicos vienen a corroborar la idea de que el flamenco en su origen no está perfectamente estructurado y que artísticamente cohabita con la cultura musical de la escuela bolera, existiendo bailaores que cultivan ambas disciplinas.

Aunque bien podríamos considerar la posibilidad de que la escuela bolera, concretamente la danza, se tratase de un estilo, de una estética (no tanto de un estilo musical), y que se aplicara en determinadas músicas del momento; el olé, las manchegas boleras, el potpurrí, boleras de la caleta, el jaleo de Jerez y la rondeña. En definitiva, y en base a algunas de las noticias que aporta José Gerardo, me pregunto si podríamos hablar de una forma evolucionada y más refinada de abordar el baile folclórico, que se aplica a diversas canciones populares entre las que se encuentran composiciones flamencas.

El autor demuestra, entre otras muchas cosas, que el orígen del flamenco se gesta entre la clase proletaria y humilde de la sociedad. De igual forma, aporta noticias sobre los primeros pasos del Mochuelo en 1880, la primera noticia sobre grabaciones flamencas, datos concretos sobre el guitarrista Huertas, Juan Breva, el Rojo el Alpargatero, el Nene de las Balsas, Chilares y su hija bailaora, la Gabriela, El Morato, Chacón, María la Murciana, Paco Lucena, Paca Aguilera y Fernando el de Triana, entre otros…

Otra de las conclusiones que se extraen está relacionada con el hecho de que la prensa, prácticamente no cubriera los eventos flamencos y en cambio sí lo hace cuando el flamenco es ejecutado por divas y divos del belcanto. Es un síntoma de que el flamenco era perfectamente conocido por todos los estratos sociales, lo que implica que algo tan extendido no pudo permanecer desarrollándose en la intimidad del seno familiar, tal y como han defendido muchos investigadores. Además, encuentra en los medios alusiones afirmativas indicando que el flamenco estaba de moda.

También podemos corroborar lo que decía Pepe Marchena en su conferencia en el Aula Magna de la Universidad de Sevilla. Afirmaba que antiguamente, los cantaores no eran completos. Es decir, que estaban especializados en uno o dos cantes. Los carteles que se presentaban en los cafés cantantes parecen ser una demostración evidente.

De muy interesante podemos catalogar la información que aporta de Concha la Peñaranda, de la que apenas contábamos con información. Una cantaora que gozó de cierto prestigio y que murió jovencísima a manos de un desalmado en su propio domicilio de un tiro en la cabeza. A esta cantaora se le atribuye el cante por malagueñas “Ni quien se acuerde de mí” que popularizó Enrique Morente, que a su vez aprendió de Pepe de la Matrona, pero que nadie ha podido demostrar que sea de esta cantaora, porque ni el mismo cantaor trianero estaba seguro de su autoría.

Con esta y otras muchas noticias de tragedia y violencia callejera, casi siempre ubicadas en cafés-cantantes, en algunos pasajes, más parece un libro de crónicas y sucesos que un libro de investigación sobre el flamenco, ya que la prensa sólo se hace eco de aquellas noticias relacionadas con el flamenco que lo vonviertene en un nicho de vicio donde afloran las más abominables miserias humanas. Aún en estos casos, el autor extrae de estas noticias macabras algunas conclusiones interesantes que aportan luz al estudio objeto de este trabajo. Afortunadamente, Gerardo demuestra en su recopilación de noticias que la violencia en la época era moneda de cambio corriente, y que la asociación real de la violencia debe hacerse con las clases humildes y no con el flamenco.

Entre los hechos que cubre la prensa encontramos con detalle la rebelión de los mineros o la legislación de finales del XIX que “facilita” el cierre de estos “antros de lujuria” conocidos como cafés-cantante, y para su estudio, el autor se apoya en el Acta que se levanta en el Ayuntamiento de la Unión sobre estas cuestiones.

Con el título “Con el flamenco llegó el escándalo” se amplia la nómina de trabajos de vaciado de prensa de provincias donde el flamenco se ha desarrollado. Esta vez Cartagena y La Unión como añadidos andaluces por la masiva migración de almerienses, y porque suponen en el devenir del tiempo un hábitat de desarrollo de una estética del flamenco, la del cante de Levante.