Compadres en la Bienal


Opinión
Niño de Pura y Manolo Franco

José Cenizo Jiménez


Espectáculo: Compadres. Guitarra: Niño de Pura, Manolo Franco. Cante: Churumbaque, Pura de Pura. Percusión: Agustín Henke. Palmas: David Gavira, Manuel Cantarote. Producción: Luis M. Rodríguez. Teatro Lope de Vega, Bienal de Sevilla, 17 de septiembre de 2018.

FLAMENCO CIEN POR CIEN: UN PRODIGIO DE BELLEZA ELEMENTAL Y PROFUNDA



Siempre que se habla de Manolo Franco y Niño de Pura, dos flamencos colosales, se hace referencia a sus similitudes, sobre todo la de haber logrado, el primero en 1984 y el segundo en 1990, el prestigioso galardón Giraldillo al Toque de la Bienal de Flamenco de Sevilla. En este mismo lugar, tantos años después, se han dado cita una vez más, al alimón, hermanados como pocos por el alma de la amistad y el alma de la guitarra, para ofrecer un concierto que, aunque no es estreno, ni mucho menos, suena siempre original e inmenso por su carga de emoción, técnica precisa, compenetración endiabladamente gozosa, arquitectura musical flamenca de primer orden.



Ambos son maestros del acompañamiento, también desde hace unos años profesores en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba y en la Fundación Cristina Heeren. Ambos han publicado discos en solitario: varios Niño de Pura, un solo trabajo Manolo Franco, el popular “Aljibe”. Entre los dos reúnen, como señala la crítica y cualquier aficionado puede percibir, dos cualidades que ambos poseen, sólo que en uno se inclina más hacia el lado del virtuosismo técnico y la velocidad de ejecución (Niño de Pura), todo un milagro, y en otro hacia el punto más intimista, pausado (Manolo Franco). Pero, repetimos, ni en Niño de Pura falta la elegancia (basta verlo cómo se mantiene sentado) y el tempo lento penetrante, ni en Manolo Franco la capacidad de repentización y aceleración casi imposible. Es cuestión de matices, aquí complementados perfectamente, en simbiosis musical y personal. Un dúo para la historia, un trabajo, Compadres, para repetir por todos los escenarios del mundo una y otra vez.

En cualquiera de los estilos interpretados surge la calidad: en los trémolos de la taranta, los ahondamientos de las seguiriyas, la vivacidad de las alegrías, el aire juguetón de las guajiras, la magia festiva de las bulerías, la sonoridad ancestral de los fandangos… Solos y sobre todo juntos, acompañados con dignidad por su grupo, nos ofrecieron flamenco clásico de hoy, seguramente de siempre, la verdadera vanguardia, y más con los tiempos deconstructivos que corren. Dos colosos, dos ejemplos de lo mejor que nos ofrece el flamenco contemporáneo.