Colores de fuego


Discos Flamencos
Antonio Rey
Emy (2011)
Pablo San Nicasio Ramos


Es un guitarrista que está llamado a ser uno de los que encabece la difícil generación “posterior a”. En este caso y como nos pasaba en el caso de Diego del Morao, hablamos del grupo de guitarristas nacidos de mitad de los setenta en adelante. Músicos que vienen componiendo a rebufo de las creaciones de los “cracks” nacidos en los sesenta. Tocaores con aún más trabajo que los Vicente, Gerardo, Riqueni y compañía en eso tan repetido de “decir algo nuevo y que no suene a nadie”. Instrumentistas a los que se exige desde el principio una formación global, no sólo flamenca, una ambición sin límite y todas y cada una de las cualidades técnicas y musicales que tienen sus maestros y referentes más directos. Por pedir que no sea…

Antonio Rey era el primero que se lo reconocía a este que escribe en una reciente entrevista: superar en calidad y cantidad los avances de la generación de Paco de Lucía, Serranito y Manolo Sanlúcar es una quimera. Hay muchos que creen que no se logró aún. Y eso sin dudar del nivel y la importancia de los que vinieron después. Pues bien, a los que están empezando ahora se les pide, por lo menos, igualar todo eso.

Y es que a estos noveles no paramos de bombardearles con la exigencia de abarcarlo todo y cuanto antes mejor. En épocas de niños prodigio y soluciones inmediatas no se piensa muy bien, quizá ni ellos mismos tampoco, que quizá el primer error sea poner unas metas tan abstractas e inhumanas. Es casi como nacer sabiendo. Estamos mal acostumbrados. Quizá debiéramos reflexionar todos, crítica y profesionales, sobre los derroteros que debería tomar la guitarra flamenca (el matiz de flamenca es clave) si no queremos pasarnos en las curvas y darnos una buena con tanta velocidad. El gran Carlos Ledermann me lo decía hace poco con total nitidez y acierto: es absurdo achacarle a un joven como Antonio Rey sus referencias en el toque a Vicente Amigo, cuando el mismo Paco de Lucía seguía evocando a Ricardo habiendo grabado ya algunos discos importantes.

Aún así, con estos dilemas tan urgentes, Antonio Rey propone en su segundo trabajo “Colores de Fuego”, algunas claves que puede que iluminen la guitarra que viene.

Sin ser un disco redondo (hace años que no encontramos en ningún guitarrista la pieza maestra de principio a fin, perdón por la avaricia) es este álbum un avance importante en su trayectoria y el primer aldabonazo fuerte en una carrera que no acaba más que comenzar.

De los apuntes compositivos y la atlética técnica de “A Través de ti”, pasamos a una visión algo más personal de la sonanta y mayor voluntad musical. Parece como si la culminación de su currículum de concursos (imparable y sencillamente perfecta) y las críticas por sus acelerones “vicenteros” del pasado hubieran hecho mella, positiva, en un tocaor con todas y cada una de las cualidades necesarias para mandar en esto dentro de no mucho.

Además, “Colores de Fuego” es una muestra de generosidad en la composición de falsetas, tanto de acompañamiento al cante y baile como solistas, de colaboraciones estelares y de metraje en casi todos los temas. El madrileño afincado en Jerez ha buscado “darlo todo” sin regatear en minutos de toque, y eso siempre es de agradecer.
Por si eso fuera poco, creo que el principal pero a este disco no es culpa suya. La inclusión de tanto compás en detrimento del toque libre, y las trabas a un mayor diálogo en el impresionante tema con Vicente Amigo son culpa exclusiva de la discográfica. Absoluta cortapisa, ya histórica, en la libertad creadora de nuestra música flamenca. Género que debiera desatarse de unas multinacionales a las que no debe tanto, más bien al contrario. Son tiempos los actuales en los que flaquean los números de artistas y géneros mucho más livianos que el que nos ocupa, y no las ventas de los flamencos. Músicos cuyas propuestas, siendo exiguas en alcance, acaban por ser más estables que muchos “pelotazos” poperos. El flamenco fue siempre de minorías, y eso hoy por hoy es sinónimo de valor seguro. Aún así, sigue pagándose el peaje del “temita corto y nombre rimbombante”, que la música es lo de menos.

Volviendo a la faena, mi análisis de “Colores de Fuego” se dividirá en dos secciones: por un lado las piezas “normales” y por otro las más destacadas que, con perdón, rozan ya la maestría.

La frivolidad de llamar normales a seis de los nueve temas presentados estriba en que se trata de piezas de gran nivel para cualquier guitarrista puntero, inasumibles para la mayoría de guitarristas “mortales”, pero donde no se ve aún todo el potencial de este tocaor. Pistas donde aún queda margen de mejora, de buscarle más “chicha” para rizar el rizo, y el mismo Antonio lo sabe.

Abre el disco con “Los Tangos de mi compadre”, donde su íntimo “Farru” pone los pies y Josemi Carmona la mandola, como ya hiciera hace más de una década en los tangos del disco “Luzía”. Notas espectaculares y comerciales a la vez, de estética “tomatera”, gitana en definitiva. Pieza que rezuma fiesta por todos los sitios.

Poner “Río de la Miel” a la tercera pieza ya era un riesgo. Si antes atisbábamos recuerdos en los roles de “Luzía”, ahora hasta se evoca el nombre de aquellas históricas bulerías tremoladas. En la misma onda de los tangos, se entreven ciertas armonías “ketameras”.

Las alegrías “Aromas de la Caleta” que hacen quinto lugar se sitúan en una onda técnica insuperable, al nivel de las de los más grandes. Como la rumba “Entré en tu balcón”. Dos piezas que firmaría cualquier guitarrista de cualquier época, pero que aún no suenan en exclusiva a Antonio Rey.

Sí se ven apuntes personales en la soleá “Suena a Pelaíllas” (pieza que el mismo Antonio sitúa dentro del purismo estético flamenco, a modo de contrapeso frente a las críticas más abruptas) con una técnica de arpegio flamenquísima, un compás brutal y un final cumbre. Cualquier guitarrista, de nuevo, firmaría este soniquete, hasta el mismísimo Diego del Morao, capitán del compás actual y gran amigo de Antonio.

En la cortita “A mi hermano Carlos”, pieza dedicada a un amigo desaparecido accidentalmente, se destapa un lirismo que hubiéramos agradecido en mayores dosis a lo largo del disco. En mi opinión es una composición sin suficiente cuerpo.

Son todas ellas obras de gran dificultad, con momentos sublimes en cuanto a la perfección guitarrística y la flamencura, pero donde aún hay “canteos” de otros guitarristas. En las bulerías “Mi Sangre”, por ejemplo. Escuchen más o menos hacia el segundo 40, y verán un reflejo más que evidente de “Cositas Buenas” y “Luzía”.

Es por ello por lo que, si sólo tuviéramos esto, estaríamos ante un buen disco. Con argumentos para el debate y con margen para la mejora, que en casos como el de Antonio Rey, es sinónimo de esperanza. Pero en genios como este no sería suficiente.

Sin embargo hay tres piezas clave, destacadas, en el disco. Las que hacen de “Colores de Fuego” uno de los hitos de 2011. Estas son, a mi entender, las bulerías “Amanecer en Jerez”, la “Nana de mi Mara” y el tema “Amistad”.

La primera, situada en el segundo lugar del álbum, es una bulería de estética “paquera”, en la onda y nivel de “El Chorruelo”, “Patio Custodio” o “Río de la Miel”, por sonido, estructura e ideas. Nada menos. Me vuelvo a remitir a pruebas para los “frikis”. Escuchen con atención hacia los dos minutos y medio. Pero aún así, hay más intención renovadora, un compás estratosférico y un motivo final, sencillo, en el último minuto y tras los pies de Farruquito, de maestro absoluto.

La “Nana de mi Mara” es, en mi opinión, el nuevo concepto de tema para guitarra flamenca. Con los antecedentes de Vicente Amigo en sus temas “Ciudad de las Ideas”, “Campo de la Verdad” y “Azules y Corinto”, las propuestas de Antonio Rey van por esos derroteros, plantando cara sin problema a todo lo anterior y en algunas secciones, superando al amigo.

Esta nueva onda, nacida con el siglo XXI y patentada por el genio de Guadalcanal, pasa por un tema de gran minutaje, con secciones ambiguas en cuanto a su estilo (lo mismo pasa por bulerías, libre, parones, etc) y donde el cante suele estar presente. Aquí Estrella Morente, que grabó a los pocos días de la pérdida de su padre, colorea un magistral tema esta vez a compás de fandangos. Absolutamente todas y cada una de las notas están en su sitio. Como digo, quizá este concepto de tema guitarrístico sea la mayor aportación al toque que podríamos reseñar en los últimos lustros. Y Antonio Rey se erige aquí como uno de los principales exponentes, perfectamente encuadrado en su tiempo.

El tema con Vicente Amigo, finalmente, se basa en un intrincado motivo armónico y melódico que da para tres minutos (oficialmente) de improvisaciones mutuas. Se podría haber extendido, sin duda. Pero la capacidad de diálogo y el resultado es tan bueno, a pesar de la discográfica, que puede que con los años nos acordemos de esta obra, fruto de la creciente amistad entre estos dos genios precoces. A ver si hay más.

Baste un detalle para ver la clase de guitarrista que es Antonio Rey. En la última entrevista que tuve oportunidad de hacerle no paraba quieto con la guitarra. Era capaz de responder con total racionalidad mientras sus manos calentaban la guitarra haciendo escalas a una velocidad imposible. Sólo me había pasado antes con otro: Vicente Amigo. Dios los cría…