Cobre viejo


Discos Flamencos
Chocolate
Flamenco Vivo, 2006
Marcos Escánez Carrillo


Se nos van cayendo los mayores, y quedamos obligados a hacer digna su memoria y su existencia. Ricardo Pachón lo sabe. Ha vivido lo suficiente como para ver caer a muchos grandes y lo ha sufrido. Así que decidió recoger el cante de Antonio Núñez “Chocolate”, un cantaor con muchos años y más kilómetros. Quería honrar su existencia con su propia existencia, pero lo inexorable les pilló desprevenidos, y Chocolate no ha podido brindar con Pachón la salida de este disco a la calle.

Ni uno ni otro sabían que sería su última grabación. Ni uno ni otro podían imaginarse que esta grabación se convertiría en un legado legítimo para el universo flamenco. La herencia de un hombre sincero hasta lo visceral, de un personaje entrañable para el Arte. De un gitano viejo, de cobre, de 50 años de cante, de una historia cantada aún por contar.

Disfrutar este disco es encontrarse con la dicotomía que produce la edad. Juventud es brío, intuición, rabia, soberbia. Con la madurez, el brío es sustituido por la medida, la rabia por la fatiga, la intuición por el conocimiento y la soberbia por la experiencia. Y la verdad es que la comparación de las distintas etapas por las que pasó es inevitable.

Yo prefería al Chocolate joven porque el maduro que siempre veía en directo me parecía un mal reclamo de mi recuerdo. Aquellos discos que presentaban al Sr. Núñez exultante, serio en su arte y hasta metido en compás, con toda la rabia disponible, no tenían nada que ver con el “sota, caballo y rey” de sus últimos festivales.

Pero este disco es otra cosa. Vuelvo a encontrarme con Chocolate de verdad 30 años después, y puedo adivinar en su voz la misma rabia disponible, pero contenida por la experiencia, cantes que engalana con el conocimiento para hacerlos más profundos y más de arte, vuelve a arañar por seguiriyas y a emocionar por fandangos, vuelve a convertir la soleá en un monumento a la música, y nos pasea con sus comentarios por la calle peatonal del barrio más flamenco de todas las ciudades del mundo.

Escuchar a Chocolate en esta tesitura, con un vómito de adrenalina en su primer comentario, y con la desmedida resignación de su cercanía al final del último, es la mejor herencia que este artista podía dejarle al arte. Ese contar y cantar tan necesario en artistas que tienen tanta vida andada.

Con la guitarra de un joven Diego Amaya, éste es uno de los más interesantes discos del malogrado Maestro. ¡Ah! Y ese quejío de la seguiriya del “Apregonao”, es, simplemente, de lo más serio que he escuchado en mi vida…