Chiclanita en la génesis de la bulería


Investigación
Javier Osuna


Chiclanita en la génesis de la bulería
Su partida de nacimiento (Cádiz, 1908).


Publicado en Diario de Cádiz el 5 de julio de 2010
Foto propiedad de José Blas Vega: Pericón de Cádiz y Chiclanita
En el arte flamenco, como en cualquier otra disciplina, hay que ser muy cauteloso. Las verdades absolutas escasean y no abundan las certezas. Sin embargo hay muchas prisas por las respuestas, acaso porque la historiografía del género no ha sido capaz todavía en muchos aspectos de proporcionarla de forma satisfactoria y convincente, y porque también –no se olvide– nos encanta la celebración de un Centenario. Correcto o no, pero Centenario (ya SGAE celebró precipitadamente el suyo en 1899-1999, pese a que los archivos gaditanos conservan facturas de cobro de la Sociedad de Autores del teatro Principal, correspondiente al baile de febrero de 1898).

Con admirables y científicas excepciones, la investigación sobre flamenco es particularmente proclive al dato no contrastado; a la afirmación categórica de bache o tabanco, a la arqueología de salón y a los árboles “ginecológicos” (dixit Luci Vera) de discutible rigurosidad. De ahí la gran cantidad de títulos ampulosos que la literatura sobre el género arroja, tipo: “La verdad y nada más que la verdad sobre... el cante”, donde se repiten hipótesis aún por demostrar.


Los investigadores tenaces, los serios, los científicos y los modélicos llevan tiempo usando las fuentes archivísticas, el método y la bata blanca; los libros de padrones, las actas capitulares, la hemerografía... o sea, las manos llenas de polvo y la inversión de miles de horas que nunca volverán. Pero El Mellizo con gusto no pica.

Por ejemplo José Blas Vega con biografías de referencias; por ejemplo Ortiz Nuevo, quien irónicamente se preguntaba si de esto ¿Se sabe algo? Precisamente, el poeta de Archidona está ahora coordinando un trabajo colectivo: “Cofradía científico lúdica “el jaleo” para el esclarecimiento del enigma de la bulería en el centenario (provisional) de su nacimiento como reconocido estilo flamenco”.

Un periodista de El Liberal, periódico de Madrid, entrevistaba a La Niña de los Peines, el 3 de noviembre de 1911 y aparecía –¿por primera vez?– la palabra bulería:

“(...) -¿Tiene usted estilos suyos?
-Si, señor, las peteneras y la bulería.”



No. Diez meses antes, DIARIO DE CÁDIZ de 28 de febrero de 1911 decía:

“Tienen marcado aire andaluz, sin perder su compás, genuinamente gaditano, de tango; algo, sin embargo, recuerdan al indispensable garrotín, con mezcla de burlerías y marianas.”

Doña Pastora, con todos los respetos que merece su mayestática figura, la bulería no es un estilo suyo. En el XIX se le llamó jaleo, y fueron particularmente renombrados los Jaleos de Cádiz y los Jaleos de Jerez. Las ciudades que le imprimen su impronta, ora en modos mayores de chuflas luminosas, ora en cadencia andaluza. No se burle usted que burlería en su época significaba mentira y usted –no me sea más bulera– las escuchó cantar en Cádiz dos años antes de grabarla, por primera vez en 1910, en disco de pizarra. Por eso, Doña Pastora, el corpus buleaero que usted graba en acordes mayores (por arriba) es de Cádiz... ¡Ay con el caray, caray!

Al primer periódico que –por el momento– le cabe el honor en España de ser el pionero en escribir sobre la bulería, es al decano DIARIO DE CÁDIZ en su edición correspondiente al 20 de junio de 1908. Salvo prueba contraria, naturalmente.

Hacía pocos días que el sin par Diego Antúnez, tras larga estancia artística en Sevilla, había instalado un salón de cante en las inmediaciones del Balneario Victoria, llamado (como su homónimo de La Campana) Salón de Novedades. El cantaor-empresario, antepasado de El Bojiga y gran cultivador de bulerías, se trajo a Cádiz lo más granado para el debut: una niña de dieciocho primaveras, Pastora Pavón (1890), que a pesar de su juventud dominaba la escena con una superioridad casi insultante. Como segundo gran pilar escénico, Antúnez contrató a José María Sarlio Gómez, Chiclanita (1874), cantaor larguísimo que a la sazón doblaba en edad a Pastora y en conocimientos, depositario de romances y corridos, así visto luego por Aurelio, Pericón y Rafael Lafuente:

AURELIO: "Si viviera Chiclanita, le diría a Mairena: "Mira, esto no es así, eso es así, y esto es así y esto de la otra manera, y esto de la otra, y esta letra es así y se pone así."...


PERICÓN: "Mira, Pericón: si alguna vez yo falto, verás tú cómo vas a escuchar estos cantes y te van a gustar. -Pero José de mi corazón -le decía yo-, si yo t´escucho a ti cantar y sé que esos cantes no los hace nadie más que tú... Y efectivamente, cuando vine a Madrid y los grabé, Pepe el de la Matrona me lo dijo: -Esos cantes no los ha cantao nadie más que Chiclanita...”

RAFAEL LAFUENTE: “Nuestro descubrimiento más importante fue el octogenario Chiclanita, de Cádiz. Chiclanita era el decano de los supervivientes de los cuadros flamencos del Café Cantante. Era un anciano menudo, pulcro, extremadamente cortés. Chiclanita recordaba cantares tan antiguos que ni los más viejos profesionales de nuestro tiempo sospechan que hayan existido”.


Vayamos con la partida de nacimiento de la bulería, “certificada literalmente” por DIARIO DE CÁDIZ. Repárese cómo el cronista de la gacetilla evidencia un cierto grado de especialidad, toda vez que distingue los estilos con precisión y a ellos se refiere cuando enfatiza sobre las especializaciones y cualidades del cantaor que, in situ, acaba de escuchar; aspecto que no abundaba en las crónicas de la época, a menudo más difusas y diluidas bajo el impreciso y genérico: “canto andaluz”.

“Salón de Novedades.
Sigue favorecido por el público el café cantante de Puerta de Tierra instalado en la parada del tranvía donde estuvo ‘La Jardinera’.
La ‘Niña de los peines’ que se distingue en tangos, malagueñas, seguidillas y soleares, es la gran atracción como lo prueba las ovaciones y aplausos unánimes de que es objeto al final de todos los números que tiene que bisar.
No menos éxito alcanza la Inés Ortega, cantadora y bailadora de San Fernando, en su popular canción del columpio, tangos y alegrías.
La célebre bailadora de Sevilla, Encarnación, conocida por la ‘Niña del Recreo’ que es notabilílima (sic) en sus danzas andaluzas, verdadera creación de estas regiones.
Sigue figurando con mucho suceso en el elenco la preciosa Carmela, ‘La Bendaño’, que baila el tango con sumo donaire.
Del maestro de guitarra Manuel Pérez ‘El Pollo’, no necesitamos hacer elogios porque siempre es artista.

El popular Chiclanita canta muy bien para completar el cartel y se hace aplaudir a más y mejor en sus levantinas y burlerías.
El conjunto es muy notable y el público así lo aprecia concurriendo todas las noches.
Está en tratos el celebrado cantador El Niño Torres, y el dueño del establecimiento D. Diego Antúnez procurará corresponder a los favores del público contratando a los más afamados artistas del género andaluz.”

El periodista lo escribió bien clarito: “se hace aplaudir a más y mejor en...”; es decir, se está refiriendo de forma inequívoca al cante por bulerías. Las credenciales gaditanas apuntan diáfanas. Falta un estudio de mayor calado que aborde cómo en Cádiz y Los Puertos conviven en 3x4 y en 3x8, no sólo los modos mayores, herederos de las cantiñas, también la cadencia andaluza, desde las más primitivas formas de bulerías de Tomás El Nitri, a la que exhibe La Perla, la que exhibía su madre y su tía, la del propio Antúnez, la de Antonio El Herrero, la de Luisa Butrón y Juana Cruz, los Chaquetas, los Espeletas, Alfonso del Gaspar, Camarón y Chano Lobato...

Por el momento la Piedra de Rosetta se llama DIARIO DE CÁDIZ, primorosamente custodiada por Chotín & Curro & Diego, que contiene la escritura del primer canto buleaero; un “celacanto” rítmico que se le creía extinto antes de 1910 y mire usted por donde en 1908 coleaba vivo, como el atún de derecho.