Chanta la mui


Opinión
Angel Lacalle


Chanta la mui

Teatro Pradillo, Madrid 30 de agosto 2006
Ciclo: La otra mirada del flamenco
Baile y coreografía: Marco Flores, Olga Pericet y Daniel Doña
Foto de Carlos Belén




“Chanta la mui” es una invitación al silencio, algo imprescindible en una sociedad como la nuestra devorada por el ruido. Mientras veía anoche a estos jóvenes bailaores en escena, los imaginaba haciendo su danza encima del Puente de Toledo, un lugar bien flamenco por cierto, puesto que por allí entraron en Madrid los pioneros del cante y de la danza. Me refiero al El Puente de Toledo de hoy, repleto de hormigoneras, del rumor estridente de las maquinas tuneladoras y de las moledoras restregándose contra los muros de hierro y hormigón.

Pero de pronto, se hizo el silencio y todo cambió, solo se oía el reloj, ese tic, tac, tic, tac, que marca las horas, los minutos y el compás de la vida. A partir de este momento, todo es libertad. El ritmo el baile y la danza y la música lo envuelven todo, no existen límites, se baila hasta las últimas consecuencias desde lo más dulce y apasionado de Lhasa de Sela, hasta lo más trágica y brutal de Manuel Agujetas.

Aunque hubo bastante de contemporáneo, el flamenco cercó su hilo conductor liderado por Marco Flores, mientras que una Olga conciliadora, resaltaba especialmente junto a Daniel Doña.

Lastima que la música no fuera en directo, sin embargo hacía tiempo que no me divertía y angustiaba tanto a la vez, porque en este pequeño teatro Pradillo, es imposible ser un mero espectador, aquí, se respira, se suda y se sueña junto a los actores.