Centenario de su Nacimiento


Discos Flamencos
Pepe Palanca
Calé Records. 2004
Marcos Escánez Carrillo


Centenario de su Nacimiento 1904 - 2004


El aspecto exterior del producto es señorial. Sin duda han querido que el resultado final fuera un homenaje justificado a la importancia que tuvo este cantaor que tanto cantó a Sevilla y para Sevilla.

Aunque hay quien defiende que Pepe Palanca tenía dos fandangos distintos, al escuchar este recopilatorio de algunas de sus grabaciones, cada corte parece una nueva creación. La voz de este cantaor es arrebatadora y espeluznante. Su fraseo es muy flamenco, y su forma de recortar el cante es desgarradora. Quizá por esto último, cantar un fandango de Palanca es como intentar escribir a máquina con guantes de boxeo, o sea, dificilísimo. Se necesita un temible y certero aguijón para acercarse a lo que fue Palanca, y eso sólo lo tienen los cantaores que pasan a los anales de la historia flamenca.

Para el primer fandango, tomaremos la letra “Un clavel se le antojó” como modelo. Empieza casi con falta de interés en el primer y segundo tercio, en el tercero repite el primero y en el cuarto tercio, se arranca el alma, sin más, para entregarlo a quien lo escucha. Un alma que ya es tan inmortal como el papel donde se escriben los bytes que lo han podido recoger en soporte digital. El resto del fandango es recogerse, poquito a poco.

Para el segundo fandango, tomaremos como modelo “Quise probar si era buena”. Si el cante “recortao” tiene una música, sin duda se la puso el cantaor de Marchena que nos ocupa a esta y otras letras que denotan una crudeza estremecedora. Sale con fuerza con la primera palabra (dos sílabas). El resto del primer verso lo liga con el segundo. En el tercero repite el primero pero sin entrega y el cuarto es una caída casi perdiendo la armonía que retoma en el quinto y sexto tercio que normalmente hace ligados.

Es evidente que no se consideran como personales los siguientes fandangos que a continuación relaciono :

- Sin ti, por Dios mándame un retrato tuyo. (Corte 16)
- A mis niños de mi alma no me los abandones. (Corte 15)



Pero fíjense que en el primero (corte 16), aunque podríamos entender que es igual que el segundo modelo descrito anteriormente, el segundo y el tercer tercio no se ligan y la caída es musicalmente distinta, así como la construcción literaria.

Por el contrario, en el corte 15 lo que hace Palanca, seguro que de forma intuitiva, es cambiar el ciclo de la caída armónica, consiguiendo con verdadera delicadeza un efecto dramático al que acompaña la propia letra. Y todo hay que decirlo... Ni siquiera Palanca podría haberlo cantado de no tener esa facultad para recortar el cante...

Yo agradecería que alguien más docto en estos menesteres me aclarara a quién pertenece la autoría de estas obras de arte.

A veces, los versos tienen más de ocho sílabas y Palanca tiene que acelerar el fraseo para que entre en el tercio. La verdad es que lo hace con maestria y gracejo. En el corte 3 podemos encontrar un claro ejemplo en los dos primeros tercios :

Los ojos anegaos por el llanto, llevaba,
y la cara la tenía morena



Seguramente, al hablar de Palanca evoquemos en nuestra imaginación, sobre todo aquellos que no tuvimos la oportunidad de vivir esa época, el flamenquísimo ambiente de la Sevilla más castiza. Aquella Sevilla en la que compartían protagonismo la Niña de los Peines, Vallejo, Palanca, Carbonerillo y Pepe Marchena, entre otros. Todos genios que todo lo sabían y además lo hacían perfecto.

Pero el cuadro debe variar al escuchar a José Lebrón López por soleá o entonando las coplas incluidas en este disco donde se mezclan componentes de soleá, de zambra, de vidalita y de fandango, y que en los créditos se la juegan intentado clasificarlos como Romería, Creación o Canción por soleá.

Yo imagino a Palanca tomando un vinito con amigos en la esquina de un bar cualquiera, disfrutándose y regalándose en cada uno de sus fandangos, con mucho gustito, sin apenas cultura del compás, como denota en el corte 8, donde podemos apreciar que da prioridad a la belleza y al buen gusto frente al marcado ritmo de la guitarra, que a duras penas consigue hacerlo “entrar en verea”.

De verdad… Imagino a Palanca en lo sobresaliente de su desgarradora entrega, en la esquinita de un bar, para que alguien lo descubra y todos lo lloren. Como yo digo, “Flamenquito de barra…”, ¡Gloria bendita!.