Cantes y cantaores de Triana


Libros
Pepa Sánchez
Bienal de Sevilla (2004)
Marcos Escánez Carrillo


Un recorrido histórico por el barrio de Triana no es un mal comienzo para un estudio como el que nos convoca en esta ocasión. La autora despega en la construcción del barrio y a modo de crisol, pone ante el lector un escaparate de noticias con la inteligente intención de demostrar una serie de hechos :

Que el asentamiento gitano en Triana fue altísimo.

Que Triana fue enclave y encrucijada de culturas como puerto que era, dedicado al comercio, sólo comparable al movimiento cultural que durante siglos albergó Cádiz.

Que las primeras manifestaciones flamencas no se reducían al entorno de las unidades familiares, y mucho menos permanecían ocultas, sino que existen múltiples referencias en la prensa del siglo XIX del hecho flamenco.



Uno de los pilares de cualquier estudio debiera ser la metodología que se utiliza para desarrollarlo, porque la fiabilidad del mismo depende de ello, Aunque en la literatura de investigación y ensayística flamenca no es habitual dedicarle un capítulo, Pepa Sánchez lo defiende como buen hábito, indicando los parámetros que marcarán las líneas maestras de su trabajo, y exponiendo los obstáculos, las influencias, los temores, y todos aquellos factores que condicionarán el resultado final del estudio.

De esta forma consigue diseccionar, sin renunciar a la pasión por los cantes del bariio de donde es oriunda, las influencias que estos pudieron ejercer en los territorios limítrofes atendiendo a los fenómenos sociales que implican movimientos demográficos, intercambio cultural o evolución de otras manifestaciones artísticas.

Toma como referencias báscias los estudios de Soler sobre Mairena, de Juan Rondón sobre Rafael Pareja y de José Luis Ortiz Nuevo sobre la prensa sevillana, pero también considera numerosos textos que de una u otra forma han abordado el estudio de los cantes trianeros.

Además de censar y catalogar todos los estilos de soleás y seguiriyas trianeras, desarrolla un seguimiento exhaustivo de los estilos catalogados por la flamencología tradicional y que ella considera como derivaciones de los estilos originarios.

Aunque uno de los principales objetivos del trabajo se centra en demostrar el origen trianero de la mayoría de los estilos de soleás, tonás y seguiriyas, no debemos perder de vista lo fácil que debe ser perderse en la búsqueda del origen y la frontera que delimita el estilo derivado de un estilo original e independiente.

En ese aspecto, pudiera existir algún prejuicio aunque, en la mayoría de los casos, los fundamentos de la autora resultan bastante contundentes. Claro está que dichos fundamentos se fortalecerían definitivamente con un estudio musicológico minucioso.

Pasa a tratar los cantaores de Triana aportando datos biográficos y su verdadera relación con los cantes trianeros, y completa la obra con otro capítulo sobre los cantaores que han creado, recreado o interpretado cantes trianeros aunque pertenecían a otras zonas geográficas.

El libro de Pepa Sánchez es riguroso y apuesta por una línea de trabajo que desearíamos hacer más extensa para el flamenco. Mientras tanto, disfrutaremos de esta obra, que además de ser entretenida es útil como herramienta de consulta.