Cantes de las Minas. Cantes por Tarantas


Libros
José F. Ortega Castejón
Signatura Ediciones (2011)
Guillermo Castro Buendía


El día que conocí al investigador flamenco José Francisco Ortega Castejón, actuaba Victoria Cava en el Archivo Regional de Murcia. Mi amigo Pedro F. Riquelme me lo presentó tras la actuación y conversamos sobre flamenco. Entre las cosas que hablamos, recuerdo una frase dicha por él que me impactó y que incluí posteriormente en mi libro sobre el cante en tiempos de Silverio: “La verdadera historia musical del flamenco está aún por escribir”.

Sirva de nuevo esta frase que José Francisco inserta en el preámbulo de su libro para dar norte a su publicación Cantes de las Minas. Cantes por Tarantas. ¡Por fin alguien le hinca el diente a los estilos de cante mineros desde una perspectiva musical! Y lo hace sin ningún tipo de mixtificación ni subjetividad a la hora de clasificar los diferentes modelos que desde principios del siglo XX se vienen cantando hasta hoy. Todo un reto en la investigación flamenca, tan dada a veces a lo fantasioso, y que el profesor José F. Ortega ha abordado con éxito; vaya nuestra enhorabuena por delante.

Bajo un profuso análisis musical de todas las variantes que configuran los estilos mineros, va encontrando lugares comunes que ayudan a comprender la cercanía musical de muchos de ellos, y también diferencias que alejan unas variantes de otras, lo que supone poder clasificar las mismas, atisbando a su vez posibles orígenes e influencias de modelos anteriores folklóricos, relacionados con los cantes de malagueñas y fandangos locales, cantes de madrugá y cantos de labor que en la Región de Murcia se cantaban en el siglo XIX.

Las mayores bondades del libro están en la clarificación de lo que distingue a los estilos mineros desde el punto de vista musical, particularmente la llamada por él “taranta clásica”, modelo de cante y eje vertebrador de todos los demás, caracterizada por el uso de una especial cadencia sobre el V grado rebajado en la voz y ciertos cromatismos –medios tonos– que dificultan la entonación e interpretación de estos cantes. Ello, unido al acompañamiento guitarrístico conocido por “toque por tarantas” sentará las bases de la sonoridad de los estilos mineros, como bien explica José Francisco.

A partir de ahí el autor clasifica y relaciona los demás estilos en función de su cercanía con la llamada “taranta clásica”, desgranando los elementos definitorios de las diferentes modalidades de cartageneras, mineras, levanticas, murcianas, tarantos y fandangos mineros. Para ello utiliza registros sonoros de fácil localización en colecciones reeditadas de intérpretes clásicos, como Don Antonio Chacón, El Cojo de Málaga o Manuel Escacena; y otros modernos como Camarón de la Isla o Enrique Morente, indicando numerosas grabaciones de un mismo estilo por diferentes artistas.

Como carencias que encontramos en este buen libro, están la falta de posicionamiento a favor o en contra de muchas de las discrepancias que rodean estos cantes, como las teorías sobre la etimología de algunos nombres, entre ellos el de taranta, problemática no resuelta, y ahí echamos de menos un término importante que Antonio Sevillano Miralles descubrió hace tiempo: las almerienses, cantes de finales del XIX que inexplicablemente desaparecen y que seguro que algo tuvieron que ver en el posterior tarantas. El autor expone al principio de cada capítulo las diversas teorías que circulan por el orbe flamenco al respecto de los estilos a estudiar, no pronunciándose en ocasiones en un sentido u otro.

También el formato de presentación de los cantes, transcritos en tercios aislados, dificulta la comprensión global de los estilos y la comparación de las diferentes variantes, algo que sería muy sencillo si tuviéramos acceso a la partitura completa, con todos los tercios al alcance. Igualmente la armonización de la guitarra se echa en falta en ellas, siendo un instrumento tan importante e influyente en esta familia flamenca, que practicó desde el toque de “malagueña” por arriba (Mi), hasta “por medio” (La), y por “granaína” o “murciana” (Si) antes de consolidarse el de “taranta” (Fa#), aspecto no tratado en el libro. Precisamente gran parte de la confusión terminológica que ha caracterizado a estos cantes –unas veces llamados cartagenera, otras taranta, otras murciana, otras malagueña, siendo el mismo cante interpretado– ha podido ser originada en algunos casos precisamente por el toque elegido para su acompañamiento. José F. Ortega opta por transportar todos los cantes al modo de Mi, para facilitar su comparación, eludiendo en ocasiones un interesante análisis sobre la evolución de los estilos y sus posteriores cambios de denominación en función del acompañamiento guitarrístico.

Los elementos musicales previos a la formación de los estilos mineros son tratados por el autor: cantes de madrugá, malagueñas, cantos de trabajo, etc. aparecidos en cancioneros murcianos del último cuarto del siglo XIX, modalidades que poseen giros melódicos que podemos encontrar en las variantes posteriores mineras. Sin embargo falta una mayor profundización sobre ello y también la explicación musical de la posible –o más bien evidente– transformación flamenca de estos modelos por los artistas flamencos, como tuvieron que realizar un José María Celdrán “Nene de las Balsas”, Ginés Martínez “El Osuna” (cantaores no tratados), Antonio Grau “Rojo el Alpargatero”, y otros muchos destacados intérpretes antes de la llegada del siglo XX y de Don Antonio Chacón, su principal definidor.

El libro analiza, explica, aclara y ordena las diferentes variantes de los estilos llamados “Cantes de las minas” desde una perspectiva musical, científica y objetiva, por ello creemos que es una obra importante, necesaria para el flamenco y de obligada consulta para toda persona que quiera acercarse a esta importante familia flamenca y comprender su naturaleza musical. Aunque falta un mayor posicionamiento del autor sobre los orígenes, etimología y desarrollo de los estilos, todo ello unido al instrumento que le dio soporte, la guitarra, lo que podría haber convertido a este libro en una obra prácticamente definitiva.