Cante i Orquestra


Discos Flamencos
Miguel Poveda, Chicuelo, Joan Albert Amargós
Discmedi (2009)
Pablo San Nicasio Ramos


Lo que nos ocupa ahora no es sino la comercialización de un proyecto musical de larga gestación y desarrollo. Algo creado mucho tiempo atrás.

Fue en el año 2000 cuando, entre el Festival de Barcelona GREC, el Taller de Musics y el Mercat de Música Viva de Vic, se creó un espectáculo titulado “Flamenco con Orquestra”, readaptado posteriormente para orquesta sinfónica (una agrupación de mayor entidad tímbrica) con motivo del Fórum Internacional de las Culturas que Barcelona acogió en 2004.

Montaje rodado en diferentes escenarios y con distintas formaciones orquestales. Cuyo resultado final, que es lo que contiene este disco, corresponde a lo que salió del directo ofrecido por los artistas que encabezan los créditos durante el festival de Peralada 2007.

Hablamos del guitarrista Chicuelo, el cantaor Miguel Poveda y el pianista, arreglista y director Joan Albert Amargós, al frente de la Sinfonietta Porta Ferrada y la Tangencial del Taller de Música.
Es este último y polifacético artista el que, quizá, podría señalarse como el verdadero cabeza de cartel, puesto que gran parte de lo que se escucha, por no decir todo, ha sido cribado por su destreza con el pentagrama. Con un resultado del todo positivo si lo miramos como aficionados a la música orquestal.

Desde el punto de vista flamenco hay algunas lagunas, no tanto en la calidad del material que se escucha, como en la abundancia de elementos netamente flamencos, que sí aflamencados.

No obstante no creo que se trate de algo que deba considerarse erróneo tratándose de los músicos que nos ocupan. Parece claro que todo está aquí deliberadamente dosificado.

Ocho cortes de duración larga, como si fueran movimientos sinfónicos, con diferentes elementos predominantes. A veces el cante, otras la orquesta, otras, las menos, la guitarra…

El cante, el eco de Miguel Poveda aparece poderoso siempre, ya sea por bulerías, alegrías, sonet, en la copla que marca la sexta pista, los tientos o la peculiar canço que, con aire de bulerías en catalán, cierra el disco. Pero sobre todo en la siguiriya que, titulada “Canela y Clavo” se sitúa en segunda posición. Ahí sabemos quién es el que manda en el cante actual. Un corte que puede que pase desapercibido en favor de otros más “audibles”, como las primeras bulerías, pero que sin duda llegará a los paladares más exigentes.
Poveda apuntala aquí de nuevo su tendencia hacia la interpretación libre, saliéndose del esquema flamenco cerrado y optando por la libertad de estilos, timbres y compañeros de fatigas. Desde el principio, a este cantaor el flamenco se le quedó muy pequeño, no porque lo sea, sino porque en su cabeza caben aún más cosas.

Voz secundada por un Chicuelo que, quizá, no sale todo lo realzado que debiera tratándose de la guitarra que es. Apenas destaca en toda la partitura, porque así se ha querido. Lo que oyen, no ha lugar aquí, un escudero como él y sin sitio. Y es una pena porque es de los que marcará una época junto a su paisano.
Voz también coloreada por el notabilísimo piano de Amargós en la citada cançó final o en la copla. Duetos memorables, sin duda. Nada para recordar en el archivo flamenco… o sí… tratándose de quién se trata.

Y la orquesta.

Joan Albert Amargós tenía un encargo, se sabía, de gran repercusión, y lo dio todo.

Estética postrromántica con aires de banda sonora y momentos impresionistas. También amagos jazzeros al piano y muchísima calidad orquestadora. Reivindicándose aquí como uno de los grandes en este lenguaje de toda su generación.

Hasta tiene su solo con la batuta, la pista quinta: “Danza de Equus”, apellidada como “instrumental”, por decir algo. Todo para hacer notar que Poveda descansa.

Disco difícil de oír para el aficionado al flamenco de toda la vida, pero deliciosamente valioso para el ecléctico.