Cantaores cordobeses 1920-50


Discos Flamencos
VVAA
Dienc 2003
Antonio Nieto Viso


El flamenco acumula una importante selección de documentos que son referencia obligada para todos los aficionados y aficionadas que quieran conocerlo en profundidad. Creo, por otra parte, que el pasado hay que escucharlo porque en ello está la base para desentrañarlo. El presente es necesario para situarnos en paralelo con lo que vivimos a diario sin que nos demos cuenta, el futuro es lo que está por llegar, y que es donde en principio se inicia la vanguardia que le abre la puerta a los nuevos valores que buscan darle vida a la evolución del cante, luego el tiempo será el encargado de poner a cada uno en su sitio.


Por lo expuesto en esta introducción, quiero compartir con todos ustedes los sentimientos que he percibido mientras he escuchado el Cd. Cantaores Cordobeses, un trabajo recopilatorio con 22 cantes con las figuras más destacadas de Córdoba y su provincia que estuvieron en su apogeo hace bastantes años, sin que por ello hayan perdido interés, todo lo contrario, se van acrecentando con el tiempo; la mayoría, artistas irrepetibles por su peculiaridades.

La apertura a la historia del Cd. se inicia escuchando la soleá de Córdoba en la guitarra del maestro Juan Serrano, que aunque lleva muchos años viviendo en Estados Unidos, su toque está inmortalizado en cada hora del día en el reloj de la Plaza de las Tendillas situada en el corazón de la capital que lo vio nacer.

Otro gran guitarrista de la tierra de los califas, como es Rafael de Córdoba pone su acompañamiento a unas clásicas bulerías del terruño que no están todavía definidas, en aquél tiempo todavía no estaba bien definido este palo básico, es lo que pone de manifiesto el Niño de San Lorenzo, cantaor poco conocido, pero que gozó de cierta fama entre sus paisanos por participar en el Concurso de Arte Flamenco de Córdoba.

También tenemos el privilegio de escuchar al mejor cantaor de los Fandangos de Lucena y del flamenco en general, Cayetano Muriel conocido artísticamente por el Niño de Cabra, que llevó a cabo sus grabaciones a principios del pasado siglo XX. Cayetano es una figura a la que no se le ha hecho justicia, pero que está por derecho propio entre los grandes de todos los tiempos. Acompañado por el gran Ramón Montoya está maravilloso en la malagueña grande de don Antonio Chacón en el corte cinco, al que preceden la maestría inigualable de los Fandangos de Lucena.

Si Cayetano Muriel nos deja este buen sabor, bueno será decir lo mismo de las bulerías del Niño del Museo, un cantaor que murió joven, y que no le dio tiempo a ampliar su carrera, pero por lo que nos dejó en los discos de pizarra, demuestra su gran valía, tanto en los cantes de compás como en los libres, así queda acreditado en la granaína y por fandangos, nada más y nada menos, con la guitarra de Manolo de Badajoz.

Con todo el respeto, no estoy de acuerdo con la persona que ha catalogado los estilos, creo que el corte ocho, tipificado como fandangos, lo más lógico y lo correcto, sería que figurase como verdial de Lucena; más que nada para que el oyente no se despiste.

Pocos datos tenemos del Niño de la Mezquita, que figura aquí con la guitarra de Rafael López en unas bulerías en una línea no muy clara, y pienso que es más una canción que otra cosa.

Es una gozada percibir auditivamente por verdiales a María la Talegona, acompañada perfectamente por Antonio Dueñas. La Talegona nos da la pauta cabal de fidelidad en las alegrías de Córdoba que recreó Pepe Lora, y que en mi opinión es la línea más pura a seguir de este cante. Todo ello está sonoramente complementado por el gran guitarrista Andrés Batista, maestro al que he tenido la suerte de haberle escuchado conciertos en directo.

Nos produce una enorme satisfacción y orgullo, contar con el maestro Fosforito, un cordobés ilustre que con Juan Serrano como músico, le escuchamos en sus principios como cantaor las alegrías de Córdoba en el tempo gaditano, que sin salirse de su Puente Genil nata sienta cátedra con los fandangos de Lucena y el zángano de Puente Genil, estilos que impulso con su fuerte personalidad. Aquí quiero tener un grato recuerdo para el guitarrista que le acompaña, el gran Alberto Vélez, que tuve la fortuna de entrevistar en su casa de Madrid.

El inconfundible sonido del toque de Vicente el Granaino, aparece acompañando a Juanito Maravillas en la granaína, la taranta de Linares y los fandangos de Huelva. Maravillas, fue muy popular por su pulcritud efectista en los años sesenta del pasado siglo cantando por los pueblos en aquellas recordadas compañías o bolos, y en su abundante discografía.

Solo los viejos aficionados, nos acordamos de Gordito de Fernán Núñez, que nos refresca la memoria con unas bulerías y unos fandangos naturales en los que destaca el toque del genuino Niño Ricardo.

No podía faltar en esta antología de cantaores cordobeses Antonio Ranchal y Álvarez de Sotomayor, uno de los mejores intérpretes de los cantes de Lucena, de la serrana, la carcelera, y de la soleá de Córdoba, que está contenida en el corte 19, con la inconfundible guitarra de Pepe Martínez. En resumen, Ranchal fue un cantaor mayestático muy personal en los estilos cordobeses.

Para ir preparando el cierre, les hablamos del Cojo Luque, que yo creo que si la memoria no me falla, fue sevillano, donde nació a principios del siglo XX, pero sea bienvenido el conocer a más cantaores. El Cojo Luque pone su documento sonoro con unos fandangos naturales de exquisito gusto personal de referencia, con el toque de Ramón Montoya.

Aunque no sea cordobés de nacimiento, Curro de Utrera lleva muchos años viviendo en Córdoba, concretamente en La Guijarrosa, pueblo limítrofe con la provincia de Sevilla. Cierra el cd. a su forma con las alegrías de Córdoba y unos fandangos de Lucena, que aunque en su momento fueron muy populares en su voz, hoy no son precisamente ortodoxos, y se están tomando las referencias originales de la escuela de Cayetano Muriel.

Esto es lo más destacado que he podido deducir del Cd. Cantaores Cordobeses, que nos ha orientado a la hora de analizar el flamenco cordobés de un período importante en que se gestaron estos cantes.