Cal


Discos Flamencos
Son de la Frontera
Nuevos Medios, 2006
Miguel Angel Aguilar Avilés


Son de la Frontera es, sin duda, de las mejores noticias flamencas que han tenido lugar en los últimos años (con “a” de años).

Su promotor y cabeza visible es Raúl Rodríguez (Sevilla, 1974), que es un payo con la cabeza muy bien amueblada, como lo suelen ser muchos grandes del flamenco, por mucho que la mitología flamenca denote a los no gitanos para llenarse la boca hablando de pureza, de tronío y de otras parapsicologías por el estilo.

Raúl Rodríguez ha vivido y tocado rodeado de verdaderos artistas: empezando por su madre -Martirio- y siguiendo por Raimundo Amador y Kiko Veneno. Ahí es nada.
Por lo tanto creatividad y fantasía, por lo tanto Morón de la Frontera. Por lo tanto Diego del Gastor.

Ha estado íntimamente ligado a los marginales del flamenco, los locos y los atrevidos: El inestable Kiko Veneno es uno de los mejores letristas flamencos de la Historia (con el mérito añadido de que apenas ha cantado su letras cantaor alguno), la iconoclasta Martirio, todo un ejemplo de valentía y coherencia, más allá de buenas o malas rachas comerciales, y el guitarrista Raimundo Amador, uno de los mejores guitarristas flamencos actuales, pese a que se empeñe en no tocar flamenco y en darse a una vena popera-eléctrica que, supongo, le satisface personalmente y que -no me cabe la menor duda- le da óptimos resultados comerciales y económicos. Entre esta pandilla de admiradores del toque de Diego del Gastor, de Juan el Camas y del “underground” flamenco se ha criado, y curtido profesionalmente escenario en ristre, Raúl Rodríguez. Feliz noticia es que las experiencias vitales y artísticas de este tocador hayan trascendido la experiencia personal y se hayan convertido en una realidad artística tangible: “Son de la Frontera”. El mundo no sólo necesita artistas y descubridores, también necesita que esos artistas y descubridores hagan cosas, que den un paso al frente y digan “aquí estoy yo”. Y que su potencial no se pierda en fiestas con los amigos, o en la cocina de su casa. Aquí está el segundo disco de “Son de Frontera”, titulado “Cal”. Enhorabuena, para empezar.

El quinteto musical “Son de la Frontera” está formado por Raúl Rodríguez (que toca el tres cubano cual guitarra flamenca), Paco de Amparo (guitarra flamenca), Manuel Flores (compás), Pepe Torres (compás y baile) y Moi de Morón (cante) y toma cuerpo, tras acompañar musicalmente a Martirio, a finales de los 90, hasta que hacen su debut discográfico en el año 2004, con su disco también llamado “Son de la Frontera”.
Se caracterizan por retomar la personalidad creadora del guitarrista, afincado en el sevillano pueblo de Morón de la Frontera, Diego del Gastor (1908-1973) que ha dejado una honda huella entre los aficionados al flamenco no españoles y cuya obra y legado ha sido obviada, inexplicablemente, por el flamenco español -por el flamenco, sigh- salvo señaladas excepciones como “Pata Negra” o, ahora, “Son de la Frontera”.

El nombre del disco que nos ocupa, “Cal”, se debe a que este material se ha extraído en grandes cantidades en Morón de la Frontera, en los siglos de la formación del flamenco (digamos a partir del siglo XVII, por decir) viajando por toda Andalucía (cuna geográfica flamenca) de un pueblo a otro -como el flamenco- para revestir, decorar y purificar: como otra bonita metáfora del flamenco.

El disco consta de bulerías, alegrías, tanguillos, malagueñas, granaina, sevillanas, soleá por bulerías y tarantos, todo ello con un eminente carácter instrumental, aderezado por el cante de Moi de Morón.

La merecida disección de este disco me llevaría -además de un natural placer- una extensión que se me antoja desproporcionada para este espacio de crítica informativa (si empezara a escribir, me temo que, desde Morón, llegaría hasta los cerros de Úbeda, y la empresa acabaría en libro; directamente).

Por ello, tan sólo recomendaré su audición a todo aquel interesado en el flamenco, y en la música en general.

Lo mejor: Se trata de una propuesta comprometida con el flamenco y con la exploración de nuevas formas y de la creatividad, no es un disco más -mejor o peor- del flamenco habitual: Eso ya merece una atención. Por otra parte, hay que destacar, al igual que en su anterior disco, las creaciones totalmente propias del grupo, más allá de las melodías del maestro Diego del Gastor: Impagable la soleá del amor (pieza 6 del disco), por ejemplo.

Lo peor: Puestos a señalar mejoras no se me ocurre más que proponerles que, en futuros trabajos discográficos, cuenten con las explosivas personalidades artísticas de dos de los mejores (y más desaprovechados) guitarristas flamencos de todo el siglo XX: Diego de Morón (sobrino y mejor heredero de Diego del Gastor) y Raimundo Amador.

El disco ha sido un placer. No deje de hacerse con él, simplemente -si quiere- por descubrir un estilo diferente, y antiguo, de tocar la guitarra flamenca y por acercarse a los últimos caminos que, afortunadamente, se siguen abriendo en el flamenco.