Caballero


Discos Flamencos
Daniel Casares
Universal. 2007
Pablo San Nicasio Ramos


No es fácil sacar discos de guitarra a la edad que tiene ahora Daniel Casares. Este malagueño, sin embargo, ya viene curtido de experiencias de todo tipo y en él los años no cuentan. Vivencias sin duda buenas, como acompañar frecuentemente al desaparecido Valderrama, ganar un buen puñado de premios como solista o tener por ahí algunas intervenciones discográficas entre ellas ¡¡otros tres discos en solitario!!
Universal ha apostado fuerte por Daniel Casares y ahora nos trae un disco con diez temas que se guían por directrices claras. Compás, sobrada técnica (hay que ver lo difícil que se hace ya impresionar técnicamente, y eso que este tocaor es de los que se “come” la guitarra), mucho cante y claras, muy claras influencias de Vicente Amigo y Paco de Lucía.

“Jugueteando”, con los armónicos de la guitarra, empieza por rumbas Daniel. El grupo es uno de los puntos fuertes del disco. Por el resultado y porque hablamos de una “tropa” de músicos. Aquí se consigue una rumba con cuerpo, con muchos matices y timbres, muy sensorial, muy fresca. Los coros, además de pegadizos, añaden color. Serán un recurso constante en el disco. Tema logrado, puntero, de los que le identificarán en el futuro.

Las bulerías “Romero” son una buena muestra del toque del malagueño que, como aludíamos, vemos en claro débito con la estética de un Vicente Amigo en sus bulerías “El Mandaíto”. Acuérdense. Pitingo da sus giros de cante moderno y de nuevo los coros alternan con su voz. Hay potencia, claridad, exquisitez en el decir.

“New York Feelings” vuelve a traer la rumba, pero ahora con un aire más cosmopolita. En tierras americanas es donde Daniel Casares dio su gran toque de atención al ser nombrado artista revelación del año 2004. Tiene pinta de ser algo autobiográfico este tema. Toques jazzeros con su grupo, con el que se nota que tiene un feeling especial. La introducción lleva a un motivo flamenco muy usual y que, quizá recuerda en el espíritu a “De Mi Corazón al Aire” de Vicente. La letra que entona “Chaleco” tiene eco asegurado en los tiempos venideros. Por poner un “pero”, quizá aplicable a todo el disco, que Daniel muchas veces apenas se oye. Con tanto músico y tanto cante cuesta reconocer quién lleva el peso en temas como este.

Uno de los momentos de mayor interés del disco llega con la guajira “Carrusel”, toque no muy explotado que va bien con las características de este guitarrista. Por ejemplo en cuanto a sus exigencias virtuosísticas, muy notorias. Sus armonías son parecidas a aquello que hizo en su día José Antonio Rodríguez evocando a Manhattan, con lo cual aquí Daniel ha logrado un aire de nuevo muy americano. Siendo además bulerías muy originales, porque las influencias no tienen por qué ser plagios. Ojo. El tres cubano es un buen invento, una gran añadidura a la guitarra, como en su día lo fue la mandola o la acústica. Bien por el criterio en cuanto a la elección de los instrumentos del grupo. Daniel no es orquestador pero lo parece.

Los “Fandangos del Mundo” llevan a José Cruz y a Lin Cortés a compartir escena con Daniel. Muy sugerentes y originales los acordes de la introducción. Armonías muy caribeñas y un trémolo con sonido cubano total. El disco vemos que mantiene una sonoridad muy cosmopolita, muy “de ida y vuelta”. Es un tema de los grandes, donde el motivo principal son siete acordes, los cinco primeros muy extraños al flamenco pero que acaban cadenciando como sabemos y que, con el grupo bien empastado, vuelven a caer de pie.

Otro buen toque, de lo mejor del disco, resulta la malagueña “El Limonar”. Al igual que antes, cuando oímos el trémolo vemos lo bueno que es juntar solvencia técnica y ganas de hacer algo sin par. Junto con la taranta del final, será el único momento de soledad para Daniel. Aún así no decae su capacidad de llenar el espacio sonoro. Tiene unos giros rockeros que, intuimos, nos hacen verle como un guitarrista bastante cultivado en cuanto a otros estilos. De los que no se conforman con escuchar siempre lo mismo.

A alguien especial está dedicada la alegría “La niña de la calle Ángel”, con José Cruz. De nuevo entra el cante, muy abundante como se ha dicho. Es un toque que tiene momentos muy modernos pero algunos giros y falsetas que suenan a mitad del siglo veinte. Por tanto un toque híbrido de estéticas.

Toni Romero aparece en los tangos “Sureño”. De nuevo con todo el grupo haciendo piña. Tema que recuerda en gran medida a lo que hace cuarto de siglo ideó Paco de Lucía y bautizó como “Sólo Quiero Caminar”. El alzapúa que hay resulta tremenda, incontestable; y los giros a “Las Grecas” un guiño muy sentido. La música es de “El Chino”, Felipe Campuzano y el propio Casares.

“Mi Canastera” resulta más flamenca que el resto de temas. Esta soleá por bulerías de nuevo cuenta con José Cruz al cante. Artista que lleva el peso mayoritario de los melismas en “Caballero”. El violonchelo y la mandola de nuevo son aportaciones coloristas interesantes.

Cierra Daniel con la taranta “Caballero”, toque original. Junto con la malagueña de lo más personal del disco. Con lo cual se puede decir que este guitarrista no tiene por qué presumir solo de grupo.

“Caballero” es una apuesta de Daniel por su música, sus letras, su concepción de un grupo, su tributo a América…
La nómina de músicos de los que se rodea es larga. Ahí va:

Coros y voces: Lin Cortés, Pitingo, Chaleco, José Cruz, Güito, Toni Romero.
Guitarra Acústica: José Marín
Bajo eléctrico: Manolo Sáez
Percusiones: Manolo Toro, Juan Heredia, Güito.
Flauta y Saxo: Agustín Carrillo
Mandola y Tres: Oliver Sierra y el Búho
Violonchelo: Nicasio Moreno
Contrabajo: Francis Posé
Pies: Eva Montiel

Daniel Casares es un guitarrista aún por hacer. Pero de cara a convertirse en una estrella total, en un referente.

Trabajos como este son de los que denotan la fuerza de la juventud, sus ganas por reivindicar sus posibilidades de ser alguien en esto.

Técnicamente, musicalmente y por nombre, Daniel ya está asentado de sobra en el toque flamenco. Tiene asimilado todo, llegando a poder codearse con todos y en los escenarios más difíciles. Este disco incluso se adivina que se ha hecho con una soltura enorme, muy sobrado.

Su persona me recuerda a otros casos de guitarristas, me viene a la mente Niño Josele en sus inicios, su currículo, sus influencias…es decir que estamos ante un guitarrista que apunta muy alto y del que tendremos que estar muy atentos para cuando abra su brecha, la que lleve al cien por cien su nombre propio.