Ayaya


Discos Flamencos
Jaco Abel
GCproducciones (2011)
Pablo San Nicasio Ramos


Es una de las novedades que anunciábamos para el flamenco. Avanzar más en lo musical, en lo melódico, armónico…queremos decir, es difícil. Se mire por donde se mire se hace casi inviable aportar más por esos caminos sin salirse de las mínimas acotaciones que el propio flamenco exige. Aún así, todavía hay quienes lo intentan y alguno que otro tiene éxito. Lo resaltamos, además.

Sin embargo, por la vía de la tímbrica quedaban resquicios más solaces para que no siempre fuera contra un muro con lo que nos diéramos si pretendíamos encontrar algún “mesías”. Así que de lo que se trate, quizá, sea de hacer que otros instrumentos, cuantos más mejor, suenen “flamencos”. Puede que por ahí venga la vía de la evolución.

Jaco Abel es un guitarrista catalán, eléctrico, de tradición flamenca pero de inclinaciones algo más hardcore, de nuevo, en lo tímbrico.
“Ayaya” es su tercer disco en solitario, novedoso por lo de la distribución (solo por la vía digital) y novedoso también por la flamencura, aún más, que destila esta guitarra con respecto a su anterior apuesta: “Flamenco Eléctrico”.

“Ayaya” es la palabra que el niño Abel utilizaba para designar la guitarra. Para aludir a lo que ahora le da de comer. Así que el homenaje al “palabro” estaba justificado.

Y ha tirado la casa por la ventana, porque por aquí aparece una buena legión de flamencos “calós” para redondear aún más un concepto que, a poco de empezar el disco, queda preclaro.

Luis Amador, Jorge Pardo, Bernardo Parrilla, Moy Natenzón, Enrique “El Piculabe”, Benji Habichuela, Fali Amador y Juaqui Barbate son, entre otros, lo que añaden quejío a un disco esencialmente tradicional en el concepto y revolucionario en los medios.

Recorrido por toques y falsetas de algunos de los grandes como Ramón Montoya o Sabicas, y ecos en las cuerdas metálicas de algún otro metal preciado, como Pastora Pavón.

Tocar falsetones con púa ya se antoja una apuesta, pero si la musicalidad llega a cotas como las de los tangos “Al Perro Canelo” o las bulerías “Pozo del Tío Raimundo”, podemos sentir que quizá en el futuro haya una vía flamenca viable no sólo con el bajo eléctrico, mucho más asentado, sino también con la “sonanta de amplificador y distorsión”.

De todo esto hay que extraer también las potencialidades a nivel técnico y pedagógico que se abren. Imagínense hacer un picado, alzapúa, trémolo (aquí se hacen increíblemente bien) no sólo tocando las notas flamencas, sino además “sonando flamenco”, como se logra en “Ayaya”. Desde luego eso debe enseñarse y difundirse, porque estamos ante descubrimientos en toda regla que no se conocen por estos pagos. Y ahí el Jaco Abel ya tendría muchas “habichuelas” ganadas. Vamos, que ¡hace falta un método de guitarra flamenca eléctrica ya! Y su autor sabemos quién debiera ser.

Todo en “Ayaya” es conocido a nivel armónico y melódico incluso, queda dicho, parafrasea a muchos de los grandes del toque y el cante. Pero las puertas que se abren son otras, muy interesantes y todavía de desconocido alcance.