Autorretrato


Discos Flamencos
Estrella Morente
Emi, 2012
Marcos Escánez


De la ausencia, la esencia. Lo racional no es siempre lo único posible. Eso es lo que ha demostrado Enrique Morente a lo largo de toda su trayectoria artística. Este primer corte del disco de referencia es un sueño dentro de un sueño. Con la base musical d Michael Nyman, Estrella canta un antiguo pregón que ya grabó el Nió de las Moras en el año 1962.


A la ingeniería musical de Nyman se sobrepone la ingeniería musical de Enrique para engranar las ruedas sin que nada chirríe. Es la esencia del Maestro a modo de legado, no de la obra en sí, sino del camino que estaba desarrollando, y ninguno podremos saber nunca cual hubiera sido el punto de destino. Le sigue una seguiriya acompañada por otro grande de la historia del flamenco. Paco de Lucía, cuyo sello último también queda patente, rítmico, acompañamiento fijado en los detalles, resolutivo y sutil. Remata la seguiriya con una guajira del maestro con la que Estrella despidió a su padre.

Una de las grandes incógnitas de todos los aficionados ha sido por qué, siendo Enrique Morente un gran amante de la guitarra no llegó a grabar con Paco de Lucía. Seguramente, debemos entender esta grabación como una cuenta saldada por parte de los dos, Paco y Enrique, que siempre han sido conscientes de su responsabilidad para con el arte como pioneros y líderes del flamenco más actual, como en definitiva, los dos grandes patriarcas que han defendido las dos estéticas históricas del flamenco. Algún día hablaremos de esto con más calma.

Sigue un poema escrito por Enrique Morente y musitado por Pat Metheny. Aquí, el esfuerzo para hacerlo entrar en música debe haber sido parecido al que tuvo que hacer Enrique con los versos de Pablo Picasso, sobre todo, si Metheny se planteó moverse en las mismas claves musicales que en su colaboración en “Morente sueña la Alhambra”.

En la bulería que sigue en el disco, Estrella se estrena como autora de letra y música. Es un directo con la guitarra de Isidro Muñoz, y con ayuda al final de su hermano Enrique.

La Estrella, del disco Despegando con la orquestación de la legendaria familia Carmona (Ketama) se queda verdaderamente flojita en la natural comparación con la versión original de 1978. La dulcificación del cante ayuda a la mejora estética en detrimento de la profundidad imprimida por Morente padre.

Una vez más orquestada por Michael Nyman, encontramos con música de Estrella un poema de San Juan de la Cruz, siguiendo la estela del patriarca que tanto se ocupó de este imprescindible de la literatura española. Una joya del buen gusto que denota los buenos mimbres de esta Estrella que hace ya, brilla con luz propia.

En forma de sevillana, Estrella rinde homenaje a la familia Flores. La incombustible Lola y su descendencia son objeto de admiración de nuestra artista, y en esta sevillana juega con fragmentos de éxitos de los Flores hilvanando magistralmente músicas distintas.

El siguiente corte son unos tangos que por momentos es canción y por otros una especie de salsa en la que Estrella reivindica y proclama la necesidad de hermanamiento con aquellos que más lo necesitan, que habitan otros países con verdaderos problemas de hambruna. La cantaora nos alerta sobre la necesidad de compartir y de acoger a quien no tiene opciones de sobrevivir con cierta dignidad.

Con acompañamiento de tanguillos con la guitarra de Vicente Amigo, acomete otro cante con música de su padre: En un sueño viniste, letra de Al-Mutamid. Y otra vez, la inevitable comparación le hace flaco favor. En las bulerías siguientes elige la guitarra de Tomatito para acompañar una música creada por ella para mecer otro poema de San Juan de la Cruz. Sigue una rumba salsera que Enrique puso sobre las tablas en un espectáculo que conectaba tres continentes a través de la música, quizás algo inconexa con el resto del trabajo.

La bulería que sigue es una habanera de Carlos Cano dedicada a Granada, que con la guitarra de Vicente Amigo y en la voz de Estrella debiera ser el himno a esta ciudad, melancólico y dulce.

Siguen unos tangos dedicados a su marido ubicada en Málaga, donde reside con él. Incluye una sevillana flamenca, porque Estrella si que sabe cómo debe ser una sevillana flamenca. Para esta aventura cuenta con la guitarra de Alfredo Lagos.
Otra joya para la antología de los cantes flamencos imprescindibles es el Adagio entrelazando las voces de Enrique y Estrella.

Otra obra de ingeniería (seguiriya, petenera, soleá) con David Cerreduela a la guitarra y el acompañamiento de sus segundas voces y unas palmitas en compás de soleá… ¡Ay, soleá, que eres la madre de todas las soledades; petenera, madre de las madres del dolor; seguiriya, fatiga en el lienzo de la pena… troncos, las tres, de las mil raíces del flamenco!

El último legado de Enrique.