Arqueología de lo Jondo


Libros
Antonio Manuel
Almuzara. Mayo 2018
Antonio Nieto Viso


Queremos comenzar destacando de este importante libro, la elocuencia que contiene en su interior desde el principio hasta el final. Y es que en el primer párrafo de la contraportada leemos: El origen del Flamenco lo lleva escrito en su nombre. Y el nombre de sus palos. Y en el nombre de las mujeres y los hombres que lo han conservado en su garganta, en sus manos, en sus pies, en el alma. Porque las cosas existen cuando se nombran. Desde la estrella más alejada del firmamento a la partícula más ínfima de la materia. Solo lo ajeno al ser humano carece de nombre.


Con este principio, el autor del texto, el profesor Antonio Manuel, un intelectual andaluz y persona comprometida con su tiempo, nos aporta una visión riquísima de un hombre culto que sabe manejar muy bien la pluma para adentrarse apasionadamente en el tema, y así el lector acaba entregado a la lectura parsimoniosa página a página. Ahora, ya nos queda claro que es el Arte Flamenco y con qué tejidos se ha elaborado a lo largo de siglos en Andalucía.

Parte de los pasajes de Arqueología de lo Jondo, están escritos con un lenguaje figurado y retórico, como una manera o forma de protesta antropológica. Es lo que deducimos cuando nos detenemos a leer en la página trece: El Flamenco es universal porque está hecho de raíces y alas. De raíces que vuelan y de alas que arraigan. Por eso el aire huele a tierra cuando la rasga un quejío. Y la tierra a sangre, y la sangre a mar. Y la mar a muerte. Y la muerte a vida. Como si contuviera todos los gozos y las penas, de todos los hombres y mujeres, desde antes de que existiera el tiempo.

Como erudito que es Antonio Manuel, sabiendo manejar los tiempos de la escritura nos prepara para darnos una visión de lo etnológico que queda perfectamente acreditado ante los ojos de las personas que tengan la fortuna de leer las ciento cincuenta y siete páginas que conforman el libro, que resulta increíble el tener al lector constantemente atento.

Nos explica cómo se originan los motes, en este caso del Flamenco. Para evitar la recitación completa de la cadena del nombre, este se vulgariza con la elección del más llamativo representativo de sus elementos, como por ejemplo (kunya, ism, nasab, inisba o la qab) Esto lo es para muchos lo que se conoce como el mote el apodo, o su nombre más flamenco: Niña de los Peines, Antonio Mairena, La Negra, Camarón de la Isla, Bernarda de Utrera o Paco de Lucía.

Otro concepto más de su sabiduría es cuando nos cuenta que: El manantial del Flamenco no es un lugar físico ni un tiempo determinado: Brota del alma y de la garganta de quien lo siente.

Una prosa muy atractiva, nos lleva a la página veintitrés, donde se ocupa de darnos a conocer ese gesto de que sea una mujer y cantaora la que corte por primera vez las uñas a un recién nacido, y así será también cantaor o cantaora. Pero tiene que ser una mujer.

Llama la atención de que debe ser mujer y cantaora quien realice esta práctica. Porque son ellas las legítimas depositarias de este saber espiritual, y las únicas capaces de transmitirlo.

Resulta ilustrativo leer que, en un sentido coránico, falah, se utiliza en el rezo de la mañana para expresar que la oración hará sentir bien a quien la practique: Hayyo alá salat, hayqu ala alfala, equivale al significado de hasaná pero con un añadido espiritual para deducir que los jornaleros andaluces cantaban salves al amanecer cuando marchaban a la besana. Blas Infante lo escuchó silbar y de ahí extrajo la melodía del himno andaluz.

Cree Antonio Manuel, así nos lo describe en la página cincuenta y tres, que: Todo termina cuando se impone el castellano como la única lengua para los habitantes de los territorios conquistados, y el catolicismo como única forma de rendir culto a Dios. Porque de sendas prohibiciones nace el Flamenco y nace el andaluz. El Flamenco para no perder la memoria del dolor y lo sagrado, y el andaluz para cantarlo.

Con este profesor a nuestro lado, siempre estaríamos aprendiendo cosas nuevas a través de la metáfora como instrumento para definir todos los apartados de nuestro Arte, como por ejemplo cuando expone que: El Flamenco no se canta en morisco, ni en gitano, ni en germanía, ni en ninguna de estas lenguas vernáculas de los negros. Se canta en esta lengua isla, que nació para ser cantada y que va más allá de lengua dicha. El Flamenco se cantan en Flamenco. En la lengua del recuerdo y la supervivencia.

Hermosísimos y claros ejemplos de cómo es el Flamenco los hemos disfrutado leyéndolos; pero hay muchísimos más repartidos hasta llegar a la contraportada, por lo que pienso que es mejor leer el libro varias veces para una perfecta comprensión de todo cuanto en él se dice.

Para terminar, me quedo con lo que leemos en el primer párrafo del capítulo Mudanza: Las ascuas de Al Ándalus prendieron el fuego fatuo del Flamenco. Durante los cien primeros años de soledad que median entre la expulsión de los judíos y moriscos, cuatro fueron los tizones que mantuvieron el brasero encendido: El ay de las duquelas y fatigas de los flamencos; el ole del nombre de Dios al que siguieron rezando; la lengua andaluza que forjaron para sobrevivir y cantar sus heridas, y una memoria rebelde que viaja sobre el tiempo lo mismo que un velero.

Aún queda mucho por aprender de este libro bautizado por su autor Antonio Manuel, con el título de Flamenco Arqueología de lo Jondo. Les invito a su lectura y a recomendarlo como compañero en nuestra biblioteca para tenerlo siempre a mano.