AQUÍ HAY MUCHA GUITARRA


Opinión
José Cenizo Jiménez


Concierto: “21”.

Toque: Dani de Morón.

Cante: Rocío Márquez, Jesús Méndez, Duquende y Arcángel.

Compás: Antonio Montes, Manuel Montes, Carlos Grilo y Diego Montoya.

Invitado especial al baile: Israel Galván.

Real Alcázar de Sevilla,
21 de septiembre de 2016.



A sus treinta y cinco años el guitarrista Dani de Morón ya ha logrado mucho, como el Premio Flamenco Hoy al acompañamiento al cante o estar en la formación de Paco de Lucía. Como solista, cuenta con dos discos y con el espectáculo “12 cuerdas” alcanza el reconocimiento de la crítica.

En el Real Alcázar ha presentado “21”, flamenco del siglo XXI, de hoy, si bien arrancando, como es preceptivo, de la tradición, de los maestros reconocibles en su estilo: Diego del Gastor, Paco de Lucía… Une elegancia e impulsividad con una habilidad que se apoya en su dominio técnico y en su gran afición y entrega al gozo del encuentro musical con lo flamenco. Lo demostró sobre todo en el solo de granaína, una delicia de ejecución y desarrollo, y en las bulerías del inicio, llenas de detalles de los maestros citados y de apasionamiento.

Agradecido al cante y a los cantaores, se hizo acompañar por cuatro puntales del cante actual, muy distintos en sus formas, escuelas y maestros. Así, con Rocío Márquez nos llegó el recuerdo de Pepe Marchena, su ídolo, al que con un popurrí cuando al menos curioso -en un mismo cante enlazó granaína, milonga y caracoles- homenajeó con la dulzura melismática que le caracteriza, resolviendo los caracoles con la fuerza debida.

Con Jesús Méndez tuvimos lo mejor de la noche, a nuestro modo de ver, en cuanto al cante. Este hombre es Jerez en estado de gracia, potencia y tradición, sabor y profundidad. Sus bulerías por soleá y sus bulerías nos dejaron ecos de Manuel Torre y de todos los grandes de su tierra.

Duquende tiene el sello camaronero, que no oculta sino que venera, y en los cantes de Levante y en la seguiriya se mostró entregado e intentando resolver las dificultades.

Arcángel, una vez más en esta Bienal, como le está pasando a José Valencia, fue un invitado ilustre. Resolvió por tientos y soleá con conocimiento, hondura, alargando los tercios, gustándose.

… E Israel Galván con sus “israeladas” o “galvanadas”, su baile flamenco picassiano, heterodoxo, imprevisible, risueño, si bien siempre con los pies en el suelo, nunca mejor dicho. El que sabe sabe…

Una gran noche en un marco magnífico, con cuatro voces de talento, un guitarrista que cada día es más grande y un maestro del baile más contemporáneo que, discusiones y gustos aparte, no deja lugar al aburrimiento.