Antonio de Canillas


Libros
Gonzalo Rojo
Caleta y el Limoná(2006)
Marcos Escánez Carrillo


Antonio Jimenez Gonzalez, Antonio de Canillas


Desde la profesión como arte, o desde el arte hacia la profesión. Lo de Antonio de Canillas es una especie de enclave desde el que parten infinidad de direcciones. Un ejemplo perfecto de un perfil flamenco para una época ya pasada y extraordinariamente dura, además de distinta a lo que hoy se vive.

Una secuencia de hitos ejemplares, tantas veces repetidos en este arte y en esta forma de vida. Una estela de cosas entrañables, contadas con cariño y sin recelos, vividas desde la humildad. Una biografía de un hombre bueno, que lejos del pelotazo mediático, ha ejercido de profesional como el mejor de los profesionales, de cantaor como el mejor de los cantaores, de albacea del flamenco como el mejor de los albaceas…

Un hombre bueno que ahora cuenta con 78 años y que tiene ganada por méritos propios la categoría de “MAESTRO”.

Gonzalo Rojo lo ha pintado bien. Medido y respetuoso, estructurado y sencillo, minucioso y ameno. Ha sabido aplicar el tono adecuado, la forma correcta y la textura precisa. Seguramente por su relación personal con el biografiado, ha sido más sencillo y más natural. Seguramente porque sabe y disfruta de la amistad y de la bondad del de Canillas de Aceituno.

Antonio Jiménez se dedicó a las labores del campo hasta los 21 años, que debió someterse a una operación en la mano por un mal cayo que le salió. Escapa hacia el cante como el que se libera de una cárcel, y sus primeras experiencias profesionales tienen lugar en el circo. Las etapas posteriores son de obligada y ascendente evolución. Del circo al pueblo, del pueblo a la capital (Málaga), de la capital a la región, de la región al país, y del país al mundo; siempre sin hacer ruido, sin impacto mediático, pero construyendo.

Entre sus logros fundamentales contamos con el hecho de que es el cantaor que más malagueñas distintas ha cantado, que según el autor mantiene fiel la petenera de la Rubia de Málaga, fue ganador del Festival Internacional del Cante de las Minas que se celebra en La Unión en la edición del año 1964, creó la misa flamenca con cantes malagueños junto al sacerdote Padre Miguel Rojo, Gonzalo Rojo y el guitarrista Manuel Cómitre.

Pero desde mi humilde punto de vista, sin desmerecer los innumerables premios y extraordinarias experiencias, Antonio de Canillas tiene en su haber dos valores extraordinariamente importantes para el flamenco : En primer lugar porque presenta una forma de vida afincada en el flamenco, ejemplar para la profesionalidad del sector, con una actitud tolerante y humana extraordinaria, marcada por experiencias íntimamente relacionadas con la fatiga y con la afición; y en segundo lugar, y sobre todo, por ser la persona que ha rescatado del olvido las malagueñas de Pitana, del Maestro Ohana, de Fosforito el Viejo y del Perote.

Por méritos parecidos, la flamencología tradicional reconoce en Aurelio Sellés una joya de la maestría y de la conservación del flamenco.

Antonio de Canillas, en cambio, siendo tan importante, sigue sin hacer ruido….