Almanjayar


Discos Flamencos
Pablo Rubén Maldonado
Luna Flamenca, 2003
Carlos Ledermann


Grabado entre Octubre de 2001 y Enero de 2002, en la bella Granada, el pianista Pablo Rubén Maldonado nos muestra en este disco un sonido muy bello, que además del tamiz de su técnica pasa, sin duda, por el del piano Bössendorffer con el que fue grabado el álbum.

El recital se abre con la bulería “Cautivo de mi Destino”, que muestra a un músico que al parecer quiere arriesgar un poco más en materia de tesituras, es decir, quiere utilizar más regiones del teclado que lo que solemos escuchar en esta nueva dimensión musical del flamenco. El tema presenta diversas variantes temáticas atractivas y si bien el aire de bulería aparece un poco reducido a un simple compás ternario, se afianza cuando aparecen los coros y ese “naino nonaino” que tanto y tan bien utilizaba el recordado “Manzanita”.

“Rambla de las Flores” es el título de la soleá que aparece en el segundo corte. Siempre hemos echado en falta un toque por soleá en los discos de piano flamenco y este tema debiera venir a copar ese espacio. El cante que aparece pronto es bonito, pero nos parece un poco afectado. El fraseo, en general, por momentos se nos va un tanto de aquello a lo que estamos acostumbrados a escuchar por soleá cuando el piano queda solo, pero se vuelve intensamente tradicional cuando acompaña al cante en la segunda copla, generando una atmósfera llena de energía.

Por alegrías llega “Anhelo de tus Besos”. Una percusión algo tímida marca el compás en una introducción que tiene aire marino y sigue luego en lo que podríamos denominar la “primera falseta”, que da entrada a un cante agradable y con letra de balada de amor. Las palmas dan correcto marco a unos motivos melódicos que, para salir de un piano, parecen algo simples: a esta altura del desarrollo de la música flamenca en lo armónico y en lo rítmico, parece que podríamos esperar algo más audaz cuando se trata del rey de los instrumentos y las infinitas posibilidades que brinda, especialmente en manos de tan buenos ejecutantes. Por el contrario, ha sido en la guitarra, con todas sus limitantes –si la comparamos con el piano- donde se han alcanzado las cotas más altas de desarrollo melódico, armónico y motívico cuando de caminar por la orilla del mar –y por alegrías- se ha tratado.

La segunda bulería lleva el título de “Ojos Negros” y comienza con un breve solo de cajón que recuerda un poco a alguna pista de Manuel Salado. La entrada del piano, vigorosa y adornada por diversas percusiones que la dotan de color y sabor, desarrolla luego modulaciones y cortes atractivos. Aquí nuevamente se oye un fraseo movedizo, pero Maldonado juega inteligentemente con los planos sonoros y las atmósferas inesperadas, en un lenguaje por momentos casi concertante con respecto al resto de los músicos que intervienen en el tema, que es de los mejores de todo el disco.

Una “bulesalsa” asoma en el quinto corte, con el título de “Me Quedo en Graná”. La voz de María Romero, jugando con fonemas bastante jazzeros da la entrada a un toque algo frenético, arropado con abundantes percusiones que logra momentos excelentes llenos del “tumbao” que caracteriza a la salsa, aunque un poco rápidos para ser exactamente eso. “Que mira que yo me quedo aquí, que mira que no me voy pa’ Madrid” canta el coro en este ambiente caribeño que de salsa lo tiene casi todo. Lo que no vemos muy claro es lo de “bule”.

“Tanguillos Chano” se abre con percusiones latinas y cortes acordales del piano que dan paso a un ambiente gratamente conseguido, incluso algo reposado por momentos. La visión armónica de Pablo Rubén Maldonado se plasma aquí a través de modulaciones y cambios tímbricos muy seductores. Algún estribillo pegajoso pone la cuota lúdica en estos tanguillos que cuentan, además, con un arreglo instrumental excelente.

El tango “No te Quiero ver Más” viene con una letrita simpática en voz solista y reafirmada luego por un coro que suena familiar, tan familiar como el azafrán en la paella. Tema agradable, sí, pero tal vez el menos brillante del disco.

Jaleos. “Mirándote” es el título y el sugerente violín de Zunny White, el encargado de empezar. Un coro que canta nuevamente una letra que podría haber sido de cualquier cantautor de variedades, contrasta con el piano de Maldonado, que desde atrás se asoma a regiones graves del teclado con mucho acierto. Los solos del piano en este tema, son realmente eso: solos. Por momentos sin más acompañamiento que el de unas palmas que más que por jaleos van por bulerías, desarrolla ideas bien estructuradas y gratas de escuchar.

“Perdido en el Tiempo” es el último tema del disco. Rotulado como improvisación, muestra a un músico explayándose a sus anchas, jugando con ideas y armonías, sin necesidad de adquirir la forma de ningún envase, libre, expresivo y atemporal. Interesante.

Pablo Rubén Maldonado pone a la vista, y a plena luz del día, una amplia gama de virtudes como instrumentista y arreglador. Que tiene afición, es evidente y la refleja a su manera, lo que ya es digno de valorar, sobre todo cuando en los últimos años están apareciendo pianistas flamencos en buen número y de altísimo nivel. Como letrista, nos merece algún reparo, ya que son versos bastante tópicos, los mismos que escuchamos –queramos o no- en cuanta balada de amor suene por aquí y por allá y parece que eso hace que también algunos títulos del disco aparezcan un poco edulcorados. Está bien, si su norte es el amor, correspondido o no, por ahí transita a gusto y en todo su derecho. Lo que llama un tanto la atención es el contraste entre su nivel como instrumentista, arriesgando un poco más que muchos a ampliar el teclado, a ir más arriba y más abajo, todo basado en la contundencia de su técnica, por un lado, y la propuesta literaria que ofrece, por el otro.

Puede que sea un detalle insignificante para muchos. Incluso puede que estemos diciendo esto desde el terreno del prejuicio y el gusto personal, pero también tenemos derecho a pedirle a tan buen músico algo más uniforme: uno como Maldonado, no necesita vender penas de amor para validar un trabajo musicalmente tan bueno como “Almanjayar”.