Alcázar de Cristal


Discos Flamencos
Rafael Riqueni
RGB arte Visual. 2006
Pablo San Nicasio Ramos


Once años después de su aparición se vuelve a reeditar “Alcázar de Cristal”, de Rafael Riqueni. Homenaje a la guitarra de culto. El flamenco, la sonanta, no se podían permitir dejar en el olvido semejante maravilla. Nuestro Riqueni aparcaba su carrera solística en el año 1996 con este trabajo que, dicho sea de paso, llegaba con una trayectoria y un nombre hechos.

Son diez toques variados, de una personalidad rompedora y un estilo ecléctico. Por sus notas y orquestaciones clásicas, sus guiños “New Age” y jazzísticos, su toque flamenquísimo y una técnica maleable a los sentimientos como pocas.

Los tangos “Vivencias” son pausados. Evocan al pasado desde la mayor de las amarguras. La letra del cante es significativamente transparente y la guitarra duele en un toque que consigue acabar con la idea de tangos exclusivamente de jarana y palmas. El inicio y el final se abrazan en un motivo reconocible y bello. Se nota que Riqueni no pone una nota o escribe una letra sin sentirlo desde dentro. Su final es una firma de técnica contundente al servicio de los sentimientos propios, no de los ajenos.

“Calle Fabie” es una soleá académica. De las que se ponen en los atriles para que los chavales empiecen a comprender cómo meter a compás de tres los avatares de la vida. El toque de Rafael aquí añade a la aparente sencillez grandes dosis de expresividad. El bellísimo trémolo irá a más para culminar en una emocionante secuencia orquestal donde llega a su cenit una obra maestra de casi diez minutos.

La taranta que da nombre al disco es corta e intensa. Tiene melodía y ritmo, cuando no suele ser así en toques como este. Hay técnica y contundencia en el decir. Es de los momentos más flamencos de un disco que abraza otros estilos.

Si los carros de caballos tuvieran tocadiscos yo le pediría al cochero que me pusiera la rumba “Piel de Toro” antes de ir a la Maestranza. Puro albero. El sonido es de un flamenco de hace veinte años. Cosas de los maestros. Capaces de hacer que la guitarra suene añeja y luego ofrecer sonidos de lo más vanguardista.
A Cádiz dedica las alegrías “Tacita de Plata”. Como la soleá, muy académicas, de falsetas tan apetitosas que invitan a coger la partitura, porque Riqueni sabe de qué va esto, y marcharse a estudiarlas con ahínco. Sencillas en la apariencia y muy difíciles en la exposición. Recuerdan a aquellos trabajos del primer Paco de Lucía donde el flamenco empezaba a ser materia de cátedra.

Desde “Esa Noche” hasta la fantasía “Benamargosa” estamos en la parte más experimental del disco. Se incluye aquí un tema de amor, el primero de los dos anteriores. Aquí hay giros claramente clásicos, propios de quien conoce a fondo al sevillano de tronío, como él, que fue Turina. El arreglo final para pequeña orquesta es un caramelo. Otro.

“Reflexión” es una vuelta al interior. Espirales de sentimientos contradictorios y música que inspira huída. Tema corto que bien podría ser, sin duda, un espejo de la sensibilidad de este simpar artista. La técnica empleada por el sevillano, plagada de progresiones sobre una misma posición en el mástil, recuerda a otro autor vital para la guitarra del siglo XX, Heitor Villalobos.

Las sevillanas “Puente, Río, Macarena, Triana” incluyen una “falseta” de jazz con voz de mujer de lo más interesante. Auténtico “heavy metal” para quien sólo espere utilizar este toque para arrasar en una caseta. Interesantísimo resultado.

Siguiendo en una onda clásica es la fantasía “Benamargosa”. Cualquier persona que conozca el repertorio de guitarra de concierto podría imaginarse a un intérprete de esta pieza con el banquito bajo el pie izquierdo y con la guitarra en vertical. Es asombrosa la capacidad de Riqueni para cambiar de registro con acierto. Este trabajo es un indicio de luz para los que creían que sería imposible crear piezas de un eclecticismo perfecto entre clasicismo y flamenco.

Rafael se despide por bulerías. “Rebelde” es puro compás con ecos de su maestro de Sanlúcar.


No podía tener mejor título un trabajo hecho a base de sacrificio para superar los condicionantes de la vida. En este disco hay dureza, transparencia y grandiosidad.

Rafael Riqueni es el guitarrista que mejor ha congeniado con los clásicos. La cabeza visible de aquella nueva generación de guitarristas abiertos a los conocimientos académicos que nació al calor de Manolo Sanlúcar.

Riqueni está presente en la guitarra porque trabajos como este hacen de él una figura esencial para comprender lo que hacen otros a día de hoy.