Agua encendida


Discos Flamencos
Juan Carlos Romero
Nuba Records (2010)
Pablo San Nicasio Ramos


Los profesionales lo vienen destacando desde hace muchos años. La labor de este guitarrista, que siempre que hace o estrena algo da en el clavo, merecía una atención mayor.

Qué tendrá que los últimos discos de algunos de los más grandes cantaores han pasado por sus manos. Y él mismo ya acapara la atención de todo el panorama flamenco a la hora de hacer pública su obra. Sin duda, eso es lo que más vale en cualquier carrera profesional. La señal que ratifica que las penas y sudores del pasado, que las hubo, fueron por algo que mereció la pena.

Ahora, además, Juan Carlos Romero añade a su zurrón premios de prestigio, como el último Giraldillo del toque. Reconocimiento que le hace trascender del ámbito de la sonanta y aparecer como uno de los nombres propios de esta época flamenca. De esta y seguramente de la venidera.

Romero no es un tocaor de espectacularidades, pero sí espectacular. No es un guitarrista que haya ganado su nombre precisamente a base de premios y explosiones populares. Que, por otra parte, los tiene y sería perfectamente legítimo si así fuera. Pero su manera de concebir la guitarra recuerda más bien a la filosofía estoica que sale de los ahijados de Manolo Sanlúcar. Grandes maestros al servicio de una idea o concepto que nutre cada uno de sus trabajos. Gente que tiene un porqué a veces extramusical a la hora de componer.

Y si esta vez Juan Carlos ha subido a los altares ha sido, nos alegramos más aún, por un trabajo propio. Su tercer disco en solitario: “Agua Encendida”.

Disco elaborado con intermitencias y al calor de sus dos soportes vitales: su mujer y su hijo. Aunque siempre con la evocación de sus orígenes onubenses.

Es por tanto un trabajo hecho con mimo y sin más ambiciones que saborear de nuevo lo mejor que le ha dado la vida a lo largo de los años.

Ocho temas donde hay variedad de estilos, de formas de abordar un mismo palo, grandes momentos de guitarra, importantísimas colaboraciones y, en general, mucha elaboración del producto musical. Con lo cual este será sin problema uno de los álbumes que resista el balance final de 2010 y el paso de los años.

Disco de contrastes. Mientras encontramos una bulería rítmica, tradicional y perfectamente mimetizada con el más puro estilo jerezano, “Sube la Marea”; existe también su antípoda en “El Vino de la Herida”. Obra típica del mejor Juan Carlos Romero. Producto musical por tanto capaz de encumbrar a quien la interprete. Y esta vez le tocaba a él mismo.

Impresionante pieza por complejidad técnica, logro melódico y armónico y estupendo coloreo vocal de una artista relegada a cierta sombra: “La Susi”. Coros que dan en la diana y estilo general que resume el último toque por bulerías.

Es esta bulería sin duda uno de los múltiples vértices de una luminaria que, no me cabe duda, brillará aún más con los años.

Otra es “Portalillo del Zapatero” flamenquísimo tema con un José Valencia y Alexis Lefèvre en plan “estrellas”. De nuevo corte que cualquier cantaor o guitarrista querrían tener en sus grabaciones.

Si en vez de Juan Carlos Romero tuviéramos otro nombre en los créditos esto ya estaba sonando sin parar en las radio-fórmulas.

Temas de gran entrega, del más alto nivel técnico (firmadas a ciegas por cualquiera de los de arriba) son la siguiriya, soleá y rondeña. Sobre todo porque se atisba en ellas mucha carga temática y densidad de formas. Quizá hasta recargadas en algunos casos. Como si no se supiese cuándo va a caer el próximo disco y tengan que aparecer todas las ideas condensadas ahora.

“Agua Encendida” es también un tema a compás de soleá que se encuadra en los que este autor realiza para otros artistas, como los últimos que regaló a José Mercé en “Ruido”. Soleá que no baja el pistón técnico, resulta desbordante de flamencura, pero que se sale de la tónica general porque parece, se intuye, da a entender que el cante de José Mercé fuera de obligada inclusión. Como devolución del favor del cantaor jerezano con el tocaor onubense, de tanta ayuda en sus últimas entregas. Y Romero está en un momento tan bueno que no harían falta jugadas de este tipo. Opino.

Espectacular juego melódico en los registros graves y medios de la guitarra, recordando al estilo de uno de los mentores de Romero: Manolo Sanlúcar.

Resquicio estilístico que también podemos atisbar en la siguiriya antes aludida. Es decir, piezas que ganan por la guitarra y por quien la toca.

La nana “Mi Madre a mí me cantaba” resulta sobre todo entrañable por la inclusión de su madre, no cantaora, en una secuencia de unos pocos segundos. Rematados por una breve fantasía de Romero.

Guitarrista que huele a honestidad y deseos creadores sin alharacas. Con cinco o seis como Juan Carlos Romero los guitarristas y aficionados no tendrían la ansiedad de hoy día, esperando constantemente discos nuevos de los de siempre.