Abolengo


Discos Flamencos
Paco Cepero
Bujío. 2007
Pablo San Nicasio Ramos


Una vez, hace algunos años, estando el que escribe probando guitarras en un conocido taller madrileño, Paco Cepero comentaba que el mundo del toque estaba “muy difícil, pero al final lo bueno siempre acaba teniendo una salida, es una cuestión de trabajo y de lógica”. A los pocos días le daban en el Albéniz el galardón “Calle de Alcalá” por su trayectoria.

Pocos guitarristas pueden presumir de un bagaje tan rico en vivencias como el que posee este hombre. Y todo gracias a su tremenda forma de tocar la guitarra. Sin embargo, hasta bien maduro no vio como se le abrían las puertas de las discográficas para grabar solo. Cuestión de lógica porque el trabajo llevaba haciéndose mucho antes.
Quizá también pudo influir en esta sequía como solista su gran cotización como acompañante y como compositor de temas y canciones para otros autores. Faceta esta última que le hizo despegarse durante algún tiempo del Cepero más flamenco.

Como decíamos, con algunos discos todavía recientes en solitario, quizá demasiado tardíos, y una herencia tocaora incuestionable, llega “Abolengo”. Una especie de resumen vital de este jerezano que, lejos de jubilarse, parece no tenerle miedo a las nuevas generaciones de guitarristas y les hace frente con sus armas de toda la vida: compás, aire, melodía y buen gusto. Once temas que tienen el denominador del compás y del eco jerezano.

Abre con “Plazuela”. Bulería que tiene todo Jerez en sus golpes y dejes. Cepero lo toca pero reconocemos aquí tambien el estilo de los Morao, Parrilla... Recuerda también a los inicios de aquella “Almoraima” de Paco. Hasta los jaleos, muy acertados, tienen sabor. Aquí y en todo el disco. “Plazuela” es la simplificación al máximo de un toque sin perder la esencia, el compás, el aroma al barrio de Santiago.

Una rondeña bastante rápida y tributaria del estilo de los setenta y ochenta “Pueblo Blanco”, es lo que sigue a continuación. Muy rítmica, casi parecen unos verdiales, con originales percusiones para ser una rondeña y un bonito y conseguido trémolo.

El tema, el hit, lo que suena y sonará es “Varadero”. La rumba que lleva todos los ingredientes del Cepero compositor. Tema corto pero pegadizo, escasito de recorrido pero asombroso en el detalle melódico. Es seguro que, como en todos los cortes de este disco, se podría en vez de tocar, cantar, poner letra a la melodía que hace la guitarra. Se nota que Paco le ha compuesto a voces de todo tipo, y eso aquí es evidente. En “Varadero”, por ejemplo, la sustitución por una guitarra que canta por una voz sería muy posible y a buen seguro que sería un “pelotazo” en las emisoras.

“Cruz Vieja” se mete a compás de soleá por bulerías y es, tras el grito de “vamos a acordarnos de Jerez”, un toque lleno de sencillez. Lleno también de falsetas idóneas para ilustrar un cante. Cepero es de los guitarristas que más fácilmente puede servir para enseñar el “aire” de la guitarra flamenca. Aúna claridad, flamencura y expresión en sus toques y la lección así se asimila mejor. Otra cosa es que llegue uno a ser capaz de copiarlo.

Da nombre al disco y es el toque más flamenco del mismo. “Abolengo” además, demuestra que pasados los sesenta también se puede estar en forma. Algo que en el flamenco se lleva de ventaja con respecto a otras músicas. Aquí los intérpretes no suelen renunciar a cierto virtuosismo así pasen los años, y eso se agradece. Hablamos de gente con una extraordinaria vocación y gusto por el estudio. Y eso en Cepero siempre fue incuestionable.

A la esposa de Paco va dedicada “Capricho”. Se trata de una pieza que, junto con los aires jerezanos, la balada o el último corte, conforma una segunda parte del disco. La que se emparenta más con el pasado que más fama y riqueza han dado a Cepero. Composiciones melódicas que resultan, por sus arreglos orquestales y discreta jondura, híbridos con cierto tipo de música clásica. Para bailarla agarrado a su Chari.

“Vendimia”. Aires jerezanos. Seguimos en esa línea de música romántica, de guitarra de sintonía y voz que atrae a gentes con todo tipo de predilecciones musicales. Paco demuestra que no hace falta gran cosa para decir mucho, pero hay que saber construir.

Hace tres décadas que Manolo Sanlúcar compuso un zapateado que lleva el mismo título que el que incluye aquí Cepero. Estos “Caireles” sin embargo van más lentos, pero no desentonan del estilo de aquella época. Guitarra sola la de Cepero. No gusta de mucho grupo en el disco y solventa la falta de alivio al respecto con mucho donaire. No se resiente.

Otro corte del más puro Cepero es la balada “Serenata Andaluza”. De nuevo el de Jerez logra mucha conexión. Es un mago de la melodía y sabe dar en el clavo, busca y encuentra lo que quiere él y piden los oídos de mucha gente. Eso no es fácil.

A la Unión y su “Castillete Minero” va la taranta que Cepero incluye en “Abolengo”. Se trata de un pasaje donde se puede ver un lenguaje flamenco muy esencial. Muy propio de los que tienen cada toque muy claro. Ni se sabe la de tarantas que habrá acompañado este guitarrista a todo tipo de cantaores. Y esa experiencia se hace muy patente en su toque porque no se complica y todo esta espaciado. Las escalas, los descansos, no hay precipitación por ningún lado.

Cierra el de Jerez con “Feria”. En la línea de la rumba y los aires jerezanos. Melodía, pocas complejidades armónicas y mucha orquesta. Los remates resultan flamenquísimos. Alegría y para casa.

Disco creado con la colaboración de las guitarras de José Ignacio Franco y Miguel Salado, el bajo de Ignacio Cintado, violas y violines de Archil. La percusión es asunto de Cepillo y las palmas y jaleos llevan la firma también de Cepillo además de Paco Habano y Juan Diego.
José Amosa será el acertadísimo arreglista que ponga en el atril académico los pasajes orquestales.

“Abolengo” es un disco que tiene guitarra flamenca de otra época. Eso parece evidente. Una sonanta que ya no presume de técnica, aunque podría, sino de compás y de desplante, de kikirikí de Paula y cartucho de pescao de Romero. Que nadie lo abra buscando escalas y alzapúas imposibles porque todo lo que aquí suena se puede tocar…ahora bien, Cepero tiene todavía el aire cogido, y Jerez no se casa con “naide”. O se tiene o no se tiene.