Abantos


Discos Flamencos
Oscar Herrero
Acordes Concert (2005)
Carlos Ledermann


“ABANTOS” es el título de este nuevo trabajo de Oscar Herrero, publicado bajo los auspicios de su propio sello Acordes Concert y cuyo nombre alude al monte que ha visto por años desde su estudio, allí en San Lorenzo del Escorial. Doble mérito, entonces: un nuevo disco y grabado en el propio estudio.

El disco se abre con el tema precisamente así titulado. La guitarra siempre clara y profunda de Oscar hace un preludio de carácter meditativo en el que pronto aparece el violoncello de Clara de Terán, el violín de Abel Urzanqui y el piano de Fran Villarrubia, otorgándole al tema un aire aún más nostálgico que se prolonga casi hasta la mitad del tema, cuando es interrumpido por las percusiones y las palmas en aire de bulería. La guitarra de Herrero reaparece en forma de arpegios, junto con la batería de Jorge Palomo y poco a poco va haciéndose cargo del compás aunque siempre dialogando con los restantes instrumentos de la formación, para dar paso, finalmente a la voz de Enrique Morente, que irrumpe misteriosa, en registro más bien bajo, con una letra de Carmen Monreal cantada con una intención que inevitablemente nos recuerda a “Omega”, en especial cuando cambia el carácter y se abre hacia ya al final de esta pieza muy atractiva y rica en instrumentación.

La alegría “Bailaor”, dedicada a Javier Barón, tiene, más que cante, un coro que hacen Sonia Cortés y Salva del Real, con letra de Carmen Monreal, que nos recuerda el carácter de aquél de “Ámbar de Primavera” en el CD “Hechizo”, previo a éste “Abantos”. El toque medido y rítmicamente correcto de Herrero, da marco a estas letras y sigue luego desarrollando las ideas de manera coherente, quebrando intempestivamente el aire de los puertos con compás de bulería y dando paso a un silencio de alegrías muy poco visto hoy en día en las grabaciones por este estilo, que deja entrar nuevamente el compás más vivo y se despide por bulerías.

“Carnaval”, el tanguillo dedicado a Víctor Monge “Serranito” que ejecuta con el acompañamiento de la batería de Valentín Iturat y el bajo de José Ramón Abella, muestra una faceta de Oscar Herrero que cabe destacar: su cuidado en el tratamiento de las líneas melódicas, detalle que se le escapa a buen número de grandes guitarristas de ayer y de hoy, que tocan todas las notas con la misma intención y si las melodías sobresalen es por una razón tan simple como que no forman parte del arpegio o la cama armónica, pero no porque haya un cuidado atento en el arte de resaltarlas de un modo técnicamente correcto. Tal vez por hacer esto, entre otras cosas, a Oscar Herrero se le ha tildado de “clásico”, pero cuidado : la guitarra flamenca no tiene por qué estar en guerra a muerte con ciertas cosas que contribuyen a mejorar un lenguaje musical como éste, que no va a perder absolutamente nada de su esencia solo porque se atienda a un detalle que es importante en la guitarra y en cualquier instrumento armónico, sea el que fuere el tipo de música que se toque en ella, porque este tipo de preocupaciones son las que hacen la diferencia entre un músico flamenco y alguien que solo se deja guiar en su manera de tocar por ciertos moldes que la tradición parece exigirle para ser un flamenco. Para entender esto, sugerimos escuchar con detención a los guitarristas cordobeses.

La minera “Mercurio” comienza con el saxo soprano de Pedro Esparza que parece acompañar de un modo casi guitarrístico el cante de Basilio Villalta. Interesante, aunque en algún pasaje el saxo parezca entablar con la voz una velada contienda de competencia, incluso haciendo peligrar el equilibrio de roles. Muy modestamente, si la idea era proponer un acompañamiento que no fuera el de la guitarra, habríamos preferido otro, tal vez el piano o incluso el violoncello. Además de la sutil belleza de este tema y sin afán de llegar a la majadería, aquí queda nuevamente en evidencia la musicalidad de Oscar Herrero al destacar las líneas melódicas. Este tema, el más largo de disco, está dedicado a Juan González “Triguito”, guitarrista sevillano que fue el segundo maestro de Oscar después de su padre.

La rumba-bulería “Rumbulé”, con dedicatoria a Enrique de Melchor, parece llevar esta híbrida denominación debido a que el tema comienza por un estilo y se desarrolla por el otro, pero no debido a algún desconocido y súbitamente descubierto modo de hacerlos convivir, aproximadamente como hacía el Niño Miguel en sus notables vals-bulerías. La instrumentación es cálida, movediza y bien entramada. Un muy buen tema.

“Esencia” es el título de la soleá dedicada al guitarrista francés Claude Worms, primer tema que aparece en el disco tocado completamente en solitario. Muy sentimental e íntima, en el trémolo cantan a dos voces la línea de los bajos y el tremolo propiamente tal. Una pieza de gran carácter y enorme musicalidad, completamente diferente a lo que hemos escuchado a Oscar Herrero en su trabajos anteriores en este estilo.

El fandango “Momentos”, dedicado a los tíos Andrés y Noni, nos llega con el acompañamiento de la flauta y saxo alto de Pedro Esparza y el ritmo de tablas, zarb y pandero de Sergei Sapricheff. El “cante” del saxo es bellamente ornamentado por dibujos y las pinceladas de flauta, que recuerdan un tanto los colores de Manolo Sanlúcar a comienzos de los ’80, además de la frescura de las falsetas de Oscar, hacen de éste tema, lleno de intención y colores, uno de los mejores del álbum.

A todas las madres está dedicado el tema “Del Alma” rotulado como taranta-petenera debido a la tonalidad y carácter del acompañamiento, con cejilla al dos, cuenta con el muy buen cante de Sonia Cortés, que suena sin alardes de tecnología y por lo tanto cercanamente natural e íntimo, logrando una simbiosis estilística entre dos cantes particularmente sombríos que se complementan de gran forma en este tema, otro de los grandes aciertos del disco.

Para cerrar el trabajo, nos llega una versión de un vals peruano sumamente conocido, que recibimos como un saludo a la música latinoamericana, de la que también alguna vez se ha nutrido el repertorio flamenco. Si bien no sabemos por qué esta pieza está aquí, celebramos su inclusión, que entre otros cuenta con la quena de Bruno Duque y un acertado aire porteño que nos lleva de Lima a Callao con aroma a cebiche y tradición.

Pero hay algo más : “Abantos” es un disco doble y en el segundo CD Oscar Herrero nos propone escuchar los mismos temas pero completamente en solitario, delicia para los amantes de la guitarra, especialmente para aquellos que no gustan del ropaje que otorga la presencia y el concurso de otros instrumentos. Escuchar esta variante es como tener a Oscar tocando en el living de la casa y constituye una dimensión más que atractiva, llamada si no a abrir, al menos a mantener vigente el debate siempre interesante acerca de los experimentos y los aciertos y errores que se puede cometer en ellos al rodear a la guitarra flamenca de instrumentos y sonoridades hasta hace pocos años completamente impensables en el mundo del flamenco. Se agradece, sin lugar a dudas, esta oferta de sinceridad que nos hace Herrero al exponer la médula espinal de su nuevo trabajo de estas dos maneras, pero se asume que ninguna de las dos excluye a la otra y mucho menos compiten entre sí.

Al cabo de estos nueve temas, una vez más, Oscar Herrero se muestra como un artista que antes que nada es músico y luego un muy buen guitarrista de flamenco, melódico en sus ideas, exacto en su manera de exponerlas y transparente en el suyo, un mensaje que quiere que no se nos olvide que el flamenco es música.

Terminaremos con una reflexión : Oscar Herrero es de Tomelloso, es decir manchego, es decir un guitarrista flamenco no andaluz, por muy española que sea su partida de nacimiento. Sabemos, porque él nos lo ha contado, que esta situación le ha valido no pocos inconvenientes a la hora de desarrollar su carrera, seguramente originados en el marcado y frecuentemente fanático localismo de algunos círculos que parecen regir los caminos del flamenco en todas sus variables. Si leemos con detención los créditos del disco “Abantos”, nos encontraremos con algo que no debe pasar desapercibido y es la presencia, entre sus numerosos colaboradores, de músicos cuyos apellidos nos hablan de procedencias no exactamente andaluzas. Es habitual encontrar que en los discos de muchos guitarristas o cantaores colaboran otros nombres muy conocidos y que en general se prestan ayuda y los unos aparecen en los discos de los otros y eso está muy bien, pero excepto el de Salva del Real, los demás nombres de los colaboradores de este gran trabajo no son muy conocidos en el ambiente flamenco. Eso, algo nos está diciendo claramente, pero para entenderlo es preciso un mínimo ejercicio de eso que llaman “leer entrelíneas” y por lo tanto lo dejaremos allí, como está, para que usted que ha leído esta reseña y suele hacer ese ejercicio, saque sus propias conclusiones.