A mi aire


Discos Flamencos
Tuti Fernández
PDE (2009)
Pablo San Nicasio Ramos


La formación jazzística liderada por el albaceteño Tuti Fernández ha lanzado en 2009 “A mi aire”. Nueva entrega de un quinteto en cuyo libro de estilo destacan dos grandes premisas que acaban combinándose: hacer jazz a compás flamenco.

El cabeza de grupo es un guitarrista eléctrico de total vocación jazzera. Sin embargo, quizá la ya veterana trayectoria de convivencia entre su género natural y el flamenco en nuestro país le hacen repetir fórmula en su repertorio, suena a trillado. Es algo que ya le viene sucediendo a algunos, muchos, más.

Sin ser guitarrista flamenco, hay eléctricos que sí lo son, en el caso de Tuti Fernández y compañía se puede ver un apunte en las intenciones, no tanto en la misma textura de la música, que podría encajar en una estética híbrida, pero estando muy por la labor de encontrar algo de “duende” donde no cabe.

Son nueve temas en los que, además, destaca la colaboración del cantaor “Chaleco” y el etiquetado flamenco de cada corte, pero en los que sólo se atisba nuestro género en letras, compases y “dejes” residuales, no tanto en el resultado sonoro contante y “sonante”.

Por mucho que veamos dos bulerías, unas sevillanas, dos tangos, tanguillos, rumba, alegrías y soleá por bulerías en los créditos, lo cierto es que es un disco que al aficionado al flamenco se le hace muy cargante.

Al flamenco de oídos más abiertos simplemente ni se le pasa por la cabeza situar “A mi aire” dentro del género. El potencial flamenco aquí no logra enganchar al personal “cabal”.

De modo que, dentro de la órbita de lo que es, en esencia, un quinteto de jazz como este (Moisés Sánchez al piano, Valentin Iturat con la batería, los vientos de Inoidel González y el bajo de Albert Anguela) nos encontramos con virtuosismo y melodía en la línea de las creaciones de Pat Metheny, tan desarrollada en nuestro país por músicos de todo tipo. Disco en forma de temas muy largos, de gran contenido y estructura compleja, como la armonía y el género en sí. O sea, que hay buen jazz.

Pero flamenco poco, esa es la verdad.