Nos encontramos con un disco
que vio la luz el pasado año (2003), y al que seguramente
no se le ha dado la importancia que tiene. Paco del Pozo
no goza de una prodigiosa voz que convenza y apabulle, que
envuelva y meza a quien lo escucha, pero va rápido
en conocimiento y fino en gusto, tiene una tesitura de voz
interesante y flamenca, y el disco, en líneas generales
está muy por encima del aprobado.
Son varias las cosas dignas de significar sobre este trabajo,
aunque seguramente la más importante está
relacionada con la novedad de que todas las letras versan
sobre la fiesta de los toros y no se habían cantado
anteriormente. Recopila letras de un buen número
de poetas en el intento de hacer un homenaje a la familia
Ordóñez, y para ello afronta el reto de introducir
nuevas letras para las que consigue buscar un fraseo apropiado
en todos los cortes.
Vestido de luces es un concepto de trabajo discográfico
inteligente y sobrio. Con madurez y elegancia va compartiendo
protagonismo con el saxo de Jorge Pardo, las guitarras de
Jerónimo y Felipe Maya, o el piano de Pablo Suárez,
entre otros músicos.
La tónica del disco es buena, y alcanza la cota más
alta en la cabal con la que cierra la seguiriya, porque
durante el desarrollo del cante sabe mantener la tensión
precisa y darle su espacio en el tiempo. No hay otra forma
más digna de demostrar la afición y la entrega.
La bulería “Plaza de Ronda” es muy difícil
de cantar. A veces confundimos lo difícil con lo
bien hecho, con lo flamenco o con lo bonito. Bonito es el
corte por sevillanas y flamenco es el primero de los fandangos
del décimo corte en el que se acuerda del maestro
Caracol. Y como en un disco actual no pueden faltar los
estribillos pegadizos, me quedo con la originalidad y sencillez
del que utiliza en la soleá por bulerías,
que no consigo que se me vaya de la cabeza.
Habrá que seguir de cerca de este joven cantaor,
que promete tener cosas que decir…
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