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Ediciones en el año 2005 un trabajo de gran calidad
en torno a la figura del Sordera, tristemente desaparecido
hace poco tiempo.
El Sordera, Manuel Soto, aunque ha gozado
siempre de respeto y cariño de toda la afición,
y de justicia es de aclarar que porque se lo ha ganado a
pulso, necesitaba un trabajo como este para que el aficionado
llegara a entender y conocer el carácter, la sobriedad,
la rectitud, la honradez y como Castaño bien utiliza
en el título del libro, la elegancia de este gran
hombre.
Con Manuel Soto siempre surgirá la
duda, por otro lado vana, de valorar si era mejor artista
que persona o mejor persona que artista, seguramente, porque
en ambas facetas fue importante.
De conversación afable y amable,
sencillo y sincero, generoso y responsable, de lo que sabía,
sabía mucho. Todo esto es lo que Castaño ha
recogido en su libro, en el que es fácil observar
que la intención de dibujar a la persona por encima
del artista está llena de ambición y de alma.
Como primer plato se presenta un estudio
minucioso y sorprendente sobre el árbol genealógico
del Sordera. Un seguimiento a sus ancestros, cantaores o
no, que se remonta a 1700 y que no termina en nuestro protagonista
ya que también analiza a las siguientes generaciones.
Posteriormente nos presenta un estudio histórico
y antropológico sobre la importancia de Jerez en
la configuración del flamenco y las circunstancias
naturales que hicieron que Manuel Soto naciera y creciera
en un ambiente cantaor. Para ello nos habla de los distintos
asentamientos gitanos en Jerez.
Y así es como se recrea su nacimiento,
su infancia, su trayectoria, de la que es fiel y silenciosa
testigo la Iglesia de Santiago. Recuerdos de niñez,
siempre inmersos en el ambiente flamenco. Tabancos, cantaores
viejos no profesionales, costumbres, matices, olores, palabras,
ecos...
La pluma de Castaño incurre en la memoria de Manuel
Soto para enunciar y describir los estilos más genuinos
y las letras más aceptadas. Dibuja de una forma rigurosa
cual es el verdadero caldo de cultivo que ha propiciado
la extensa nómina artística de Jerez, analizando
la naturaleza de los trabajos que se desarrollaban y los
hábitos sociales y culturales del entorno donde creció.
Su infancia, su juventud, sus primeros escarceos
sobre el escenario, el servicio militar, el casamiento,
los hijos y las claves que hicieron que el Sordera se dedicara
definitivamente al cante. Todo parece indicar que nuestro
protagonista fue cubriendo todas las etapas de acuerdo al
canon establecido en la época, hasta que se encontró
con la posibilidad de vivir del cante.
La época del Madrid flamenco, del
movimiento flamenco de los 50 y 60 en la capital se desvcriben
perfectamente en la obra, haciendo un completo recorrido
por los tablaos y las ventas que frecuentó, así
como de los amigosque hizo gracias a su afable personalidad.
Expone al final el ocaso de la carrera artística
con una sensibilidad exquisita. Esto no se podría
hacer si no es con la sensibilidad que aporta la admiración
y el respeto hacia el personaje.
El autor, José María Castaño,
cierra la biografía del Sordera con un epílogo
aplastante, ensangrentado y resolutorio. Un verdadero homenaje,
quizás el más sobresaliente de todos los brillantes
momentos narrativos de la obra, tal vez por lo intimista,
tal vez por la ternura, tal vez por la propia vivencia que
comparte con el lector.
Se completa la obra con un minucioso estudio
de la obra discográfica del Maestro y sus distintas
apariciones televisivas.
En definitiva, un Homenaje merecido
y oportuno, por el que felicitamos desde aquí al
autor, alabamos el gusto de la Editorial por su apuesta,
y aprendemos a valorar más y mejor la importancia
y la figura artística y personal de Manuel Soto,
el patriarca de los Sordera.